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Entrevista a I Ya Toyah

por François Zappa

Foto de portada: Pavla Hartmanová

En su nativa lengua polaca I Ya Toyah significa “solo soy yo”. Una definición perfecta de esta “one-army woman” que compone, produce e interpreta todo ella sola. Desde el 2018, ha publicado un par de álbumes sobresalientes, varios singles, ha girado con algunos de los más importantes artistas de la escena industrial e incluso creado merch tan diverso como pintalabios o salsas picantes. Pero Ania Tarnowska no ha destacado solamente en lo musical, en lo social ha luchado por darle una mayor visibilidad al problema del suicidio y ha colaborado en una versión de los Beatles para recaudar fondos para Ucrania. Podremos verla, por fin, en España el próximo sábado 30 de mayo como parte del sorprendente cartel del festival levantino Dark City.

Foto: Pavla Hartmanová

—Naciste en la polaca ciudad de Łódź, una localidad bastante industrial, y más tarde te mudaste a Chicago—hogar del famoso sello Wax Trax! Parece que estuvieras destinada a crear música influida por el industrial. ¿Cuándo empezaste a escuchar este género?

—Honestamente, creo que ambas ciudades me marcaron más de lo que me daba cuenta en ese momento. Łódź tiene esta atmósfera cruda, postindustrial, hermosa pero pesada. Creces rodeada de fábricas antiguas, cemento, historia, lucha. Luego mudarme a Chicago y descubrir el legado de Wax Trax! me pareció casi simbólico, como si hubiera aterrizado en otra versión de un paisaje visceral similar.

Empecé a escuchar música industrial muy joven. Nine Inch Nails, Front Line Assembly, Skinny Puppy, Ministry, Depeche Mode, Stabbing Westward: esos artistas abrieron algo en mí. Lo que me atrajo no fue solo la agresividad o el diseño sonoro. Fue la honestidad. La música industrial permite que exista la fealdad, la vulnerabilidad, la rabia, el miedo, el deseo, todas esas cosas humanas incómodas que la mayoría de los géneros intenta pulir y esconder.

—Has tocado en bandas de hardcore, punk rock, jazz y metal. ¿Cómo moldearon esas experiencias a I Ya Toyah? Definitivamente noto algo de de jazz y de rock en tu manera de cantar.

—Cada género ha dejado huellas en este proyecto. El hardcore y el punk rock me enseñaron urgencia emocional y sinceridad. El metal me dio dinámica y potencia. El jazz me dio libertad a nivel vocal, me hizo perderle el miedo a la tensión, al espacio, a la improvisación y a fraseos poco habituales.

Nunca quise que mi voz sonara demasiado “perfecta”. Me interesa más la emoción que la minuciosidad técnica. A veces quiero que la voz parezca frágil, a veces confrontativa, a veces casi teatral. Todos esos proyectos anteriores me dieron la capacidad de experimentar en lugar de quedarme dentro de un solo carril. Lo mismo con la producción: cada sonido de mi pasado se une para crear una experiencia que mezcla géneros.

—Eres una auténtica mujer orquesta. ¿Crear y presentarte principalmente por tu cuenta afecta el tipo de música que haces? Es decir, cuando compones, ¿alguna vez piensas: “¿Cómo voy a tocar esto en directo?”

—Por supuesto. Ser un proyecto de una sola mujer me obliga a pensar de forma creativa. En el estudio puedo construir mundos sonoros enormes, pero en vivo tengo que traducir esa energía en algo físico y real para el público. En realidad disfruto ese desafío. A veces las limitaciones crean un arte más fuerte. Sí, pienso en el show en directo mientras compongo, pero no de una manera restrictiva. Nunca quiero que la funcionalidad mate la imaginación. Normalmente me pregunto: “¿Cuál es el núcleo emocional de esta canción en vivo?” Si puedo transmitir esa sensación, el público conectará con ella.

Funeral for Love fue tu primer single. Mirando hacia atrás, ¿cómo lo ves ahora?

—Es algo muy personal para mí porque fue el principio de todo. Ahora descubro mucha inocencia en ella. Todavía estaba descubriendo mi identidad artística y aprendiendo a combinar todas mis influencias en un solo lenguaje. Aprender sobre la producción.

Al mismo tiempo, todavía me conecto con su significado, con su atmósfera. Hay soledad y anhelo en esa canción que sigue sintiéndose verdadera. Me recuerda a un momento en el que dejé de pensar demasiado y, por fin, me permití crear el proyecto que realmente quería. Un proyecto que parecía imposible, y aun así cobró vida.

—Vienes de un entorno de rock y metal. ¿Fue difícil empezar a hacer música electrónica? Estudiaste producción musical antes de iniciar el proyecto, ¿cierto?

—Sí, estudié producción musical y, honestamente, eso me dio confianza para comprometerme al 100% con el proyecto. Pasar a la música electrónica fue un reto al principio porque tuve que replantearme por completo la forma en que abordaba la música: ritmo, textura, capas y diseño de sonido.

Con la música rock, la energía a menudo nace de forma natural de los instrumentos en una sala. La producción electrónica requiere construir una atmósfera desde cero. Pero me obsesioné con ese proceso. Me encantó descubrir cómo un sintetizador distorsionado o una muestra manipulada podía crear el mismo impacto emocional que un riff de guitarra pesada.

Foto: Pavla Hartmanová

—Hablando de esas muestras manipuladas, has usado un amplio abanico de sonidos: desde crujir hojas de otoño hasta esparcir mantequilla sobre pan tostado. ¿Cómo encuentras y eliges los sonidos para tus samples?

—Estoy grabando sonidos todo el tiempo. Mi teléfono está lleno de pequeños momentos de audio raros capturados en la naturaleza, en la vida de la ciudad, o incluso mis propios sonidos, chiridos, carraspeos, rarezas con tonos agudos. Me encanta la idea de que objetos cotidianos puedan convertirse en instrumentos.

A veces un sonido tiene una textura que resulta más efectiva que un instrumento tradicional. El crujir de las hojas puede sonar frágil o nostálgico. Un sonido de cocina puede volverse inquietante si se procesa bien. Creo que la música industrial me enseñó que la música existe en todas partes si escuchas lo suficientemente de cerca.

—¿Cómo ha evolucionado la faceta electrónica de I Ya Toyah a lo largo de los lanzamientos? Antes mencionaste que te interesaba el synthwave y el witch house. ¿Tu enfoque ha cambiado hacia otra dirección últimamente?

—Creo que el proyecto se ha vuelto más oscuro, más pesado y más confrontacional a nivel emocional con el paso del tiempo. Los lanzamientos anteriores exploraban más influencias de synthwave y atmósfera, pero últimamente me atrae algo más agresivo e intenso, aunque vulnerable, un choque entre industrial, EDM, metal, diseño sonoro cinematográfico y texturas experimentales.

Ahora me interesa menos encajar dentro de un género. Me importa más crear impacto emocional y tensión. Quiero que las canciones se sientan hermosas y peligrosas al mismo tiempo.

—En tus canciones hablas de bienestar mental y de suicidio. También has donado parte de las ganancias de tu música a la American Foundation for Suicide Prevention. ¿Sientes que la gente es suficientemente consciente de este tema? Cuando busqué en Wikipedia, me sorprendió ver que varios países africanos están muy arriba en tasas de suicidio. ¿Cuál es tu perspectiva sobre esto?

—No creo que la sociedad sea consciente todavía, aunque las conversaciones sobre salud mental han mejorado. Todavía hay mucha vergüenza, aislamiento y malentendidos alrededor de estas luchas. Seguimos estando todos solos e invisibles en medio de la multitud. Y, por supuesto, la enfermedad mental no se ve igual en todas partes. Diferentes países y culturas viven presiones distintas—inestabilidad económica, trauma, violencia, falta de atención sanitaria, estigma social. Pero el sufrimiento emocional es universal.

Para mí, hablar abiertamente de estos temas a través de la música es importante porque el arte puede llegar a personas de formas que las estadísticas a veces no logran. Si alguien escucha una canción y se siente menos solo, aunque sea por un momento, eso para mí significa muchísimo. Lo significa todo.

—Describiste Code Blue, como una especie de testimonio de bienestar mental y enfermedad, y como la culminación de un viaje personal doloroso pero terapéutico. ¿Cómo te ayudó escribir sobre ello?

—Escribir ese material fue increíblemente terapéutico, pero también emocionalmente agotador. Algunas canciones eran como volver a abrir heridas que había intentado ignorar. Pero convertir experiencias dolorosas en arte les dio propósito. En lugar de dejar que la oscuridad me consumiera por dentro, la transformé en algo externo, algo que pudiera conectar con otras personas. Creo que ese proceso me ayudó a conocerme mejor y también a dejar de tener miedo de las emociones difíciles.

—¿Cómo elegiste a los productores para el álbum de remixes Code Blue Reloaded?

—Quería artistas que aportaran cada uno una perspectiva emocional distinta a las canciones. No me interesaban los remixes que solo cambiaban el ritmo, quería reinterpretaciones.

Una remezcla puede revelar el ADN oculto dentro de un tema. Algunos productores hicieron que las canciones fueran más orientadas al baile; otros las volvieron más oscuras, frías, pesadas o más cinematográficas. Elegí personas cuyas identidades artísticas respetaba y en las que confiaba de verdad.

Foto: Pavla Hartmanová

—En el EP Out of Order publicaste un vídeo para cada tema. ¿Había algo más que querías expresar además de la música?

—Sin duda. La narración visual es casi tan importante para mí como la música. A veces una imagen puede comunicar emociones que las palabras no logran.

Out of Order explora la fragmentación, la identidad, la inestabilidad emocional y el caos interno. Los visuales me permitieron construir todo un universo alrededor de esas sensaciones. Quería que la gente viviera las canciones, no solo que las escuchara.

—Canciones como “Vast Spaces” presentan guitarras de una forma mucho más prominente. Lo mismo ocurrió en tu siguiente EP, I Am the Fire, y también en Drama. ¿Qué te llevó en esa dirección?

—Creo que las guitarras volvieron de forma natural porque forman parte de mi lenguaje emocional. Incluso cuando estoy muy dentro de la producción electrónica, todavía hay una parte de mí que está enraizada en la energía del rock y el metal.

Supongo que en algún momento dejé de ver la música electrónica y la basada en guitarras como mundos separados. Mezclarlas me pareció ser honesta con quién soy. Una guitarra pesada puede crear tensión física que complementa perfectamente a la electrónica industrial.

—Has estado usando una guitarra Strandberg. ¿Qué es lo que más te interesa de su sonido?

—Me encanta lo receptiva y moderna que suena. Las guitarras Strandberg tienen una claridad increíble, especialmente para texturas más experimentales. Me permiten moverme entre sonidos agresivos y capas más atmosféricas de manera muy natural. Además, a nivel ergonómico son increíbles para giras y para el directo. Cuando te acostumbras, cuesta volver atrás.

—En Drama volviste a trabajar con Walter Flakus, de Stabbing Westward. ¿Qué te gusta de él como productor?

—Lo que más valoro de Walter es que respeta la identidad artística. No intentó convertirme en una copia de él, ni influir en la visión final, más bien la apoyó y se centró en ayudar a encontrar los medios para llegar allí. Trabajar con él fue colaborativo y honesto. Además, tiene un profundo entendimiento del espacio musical y la atmósfera, que es muy importante para mí.

—Tu segundo álbum es bastante variado en estilos. ¿Tardaste mucho tiempo en escribir esas canciones?

—Sí, tardé, porque nunca quise que el álbum sonara repetitivo o emocionalmente plano. Algunas canciones las escribí rápido, en momentos emocionales, mientras que otras evolucionaron durante largos periodos de experimentación y reescritura.

En realidad me gusta cuando los álbumes suenan multidimensionales. Las emociones humanas no son un solo género. Quería que el disco se moviera de forma natural entre vulnerabilidad, rabia, intimidad, caos, belleza y destrucción. Es el DRAMA de la vida. Que tenga una importante mezcla de géneros es intencional.

—Eres miembro activo de The Joy Thieves, un supergrupo con más de 50 miembros, entre ellos muchos artistas de la escena industrial. ¿Cómo funciona un proyecto así? ¿Conociste gente del mundo del industrial a través de él?

The Joy Thieves es una comunidad creativa muy singular. Es caótica en el mejor de los sentidos, porque tantos artistas aportan influencias y personalidades completamente distintas al proceso.

Definitivamente me ayudó a conectar con muchísima gente de la escena industrial y a construir amistades y colaboraciones. Creo que una cosa hermosa sobre la música industrial es que la propia comunidad puede ser increíblemente solidaria y apasionada.

—Hace poco lanzaste tu propio sello, Femme Fatale Records. ¿Planeas publicar también música de otros artistas, o está enfocado principalmente en tus propios lanzamientos?

—Ahora mismo el foco principal es apoyar y expandir la visión de I Ya Toyah de forma creativa e independiente. Tener el sello me permite tomar decisiones artísticas con libertad y avanzar sin compromisos. Pero estoy abierta a hacerlo crecer en el futuro y, potencialmente, apoyar a otros artistas cuya visión encaje con ese espíritu de arte valiente y emocionalmente honesto.

Foto: Pavla Hartmanová

—”Feelings”, tu último tema publicado, es bastante diferente de lo que hiciste antes. ¿Puedes contarnos más sobre este single y qué te inspiró?

—”Feelings” nació de resistir la presión de sentir menos en un mundo que muchas veces premia la desconexión. Probablemente sea una de mis canciones más directas emocionalmente hasta ahora. A nivel sonoro quería que se sintiera explosiva—industrial, EDM, metal, cinematográfica—pero vulnerable al mismo tiempo. La canción habla de proteger tu corazón en entornos que constantemente intentan endurecer a las personas. Incluso el videoclip refleja esa idea con imágenes muy extremas que implican sacrificio, dolor y supervivencia. Quería que toda la experiencia se sintiera abrumadoramente emocional, pero de una forma muy humana.

—Colaboraste con Mach Fox en el tema Smile That Killed a Country, después de girar con Zwaremachine. ¿Cómo recuerdas esa gira y cómo fue trabajar con él?

—¡Oh, guau! ¡Eso fue hace muchísimo tiempo! En los inicios, justo antes de la pandemia. Esa gira fue intensa, caótica, agotadora y, además, increíblemente divertida, todo lo que una buena gira debería ser. Girar crea un universo temporal extraño en el que la gente se vuelve muy cercana muy rápido.

Trabajar con Mach Fox me pareció algo muy natural porque había un respeto mutuo a nivel creativo.

—Una de tus piezas de merch más curiosas es la salsa picante I Am the Fire. ¿Cómo se te ocurrió la idea y cómo la desarrollaste?

—Siempre imagino merchandising que parezca memorable y un poco inesperado. La música debe involucrar los sentidos y las emociones, así que me encantó la idea de crear algo que la gente pudiera literalmente experimentar físicamente.

El concepto de la salsa picante encajaba perfecto con la energía de la canción “I Am the Fire” y del EP—intensa, adictiva, dolorosa, divertida. Desarrollarla fue, de hecho, un proceso creativo muy grande, porque quería que el sabor y la marca reflejaran genuinamente el espíritu del lanzamiento.

—¿Cómo está tu perro? ¿Lo echas de menos mucho durante las giras?

—Benek está genial—y sí, lo echo terriblemente de menos durante las giras. Es parte de mi familia, ¡es todo para mí!

Girar es emocionante, pero también hay soledad en ir de un lado a otro todo el tiempo. Cuando vuelvo a casa, Benek me devuelve a la realidad muy rápidamente. Tiene una capacidad increíble para mantenerme emocionalmente en tierra. Cuando me voy de gira, siempre llevo un peluche que se parece a él, Benek el Falso. Abrazar ese peluche ayuda un poco. Pero aun así, siempre tengo muchas ganas de tener al real entre mis brazos.

—¿Qué nos tiene preparado para el futuro I Ya Toyah? ¿Cómo será la próxima etapa?

—¡La próxima etapa ya está aquí! Y es más valiente, más confrontacional, más emocional y visualmente más inmersiva. Me interesa empujar todos los aspectos más lejos—música, visuales, directo, moda, narración. Mi enfoque es que sea como entrar en un colapso hermoso. Algo hipnótico pero letal. Muy humano, pero al mismo tiempo casi irreal.

—Y por último, ¿qué podemos esperar de tu concierto en el festival Dark City?

—Intensidad. Emoción. Conexión. Material todavía sin publicar. No me gustan las actuaciones que parecen lejanas o demasiado calculadas. Quiero que la gente se sienta arrastrada a otro mundo por un momento, juntos. Habrá mucha energía, vulnerabilidad, atmósfera, agresividad y, ojalá, esa sensación al final del set de que todos sobrevivimos algo juntos.

Foto: Pavla Hartmanová

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