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Crónica del Le Guess Who? 2018

Aunque este el año el cartel no nos apasionaba (demasiadas cosas que no conocíamos), salimos de nuevo muy contentos del festival holandés y con el abono para el año que viene. Hemos disfrutado de treinta conciertos, vistos, la mayoría, en muy buenas condiciones. Solo una nota negativa: demasiada gente el viernes y el sábado que nos impidieron a nosotros ver dos conciertos el sábado y a unos amigos unos cuantos el viernes. Necesitan o meter menos gente o crear más solapes. Además, este año no avisaban de que las salas estaban llenas con lo que te podías comer una buena pateada para nada. Y el público, normalmente respetuoso, se va acercando, cada vez más, a lo que yo llamo público de menú degustación: muchos se iban de los conciertos tras tres míseros temas. Entiendo que un concierto no sea lo que esperabas, y te vayas, pero, por ejemplo, con Roger Eno, ¿qué esperaba la gente? ¿Por qué un gran número de asistentes abandonaron las primeras filas tras sus tres primeros temas? 

Jueves
Iba con el tiempo un poco justo para ver a Art Ensemble of Chicago, pero gracias a unas carreras y a la puntualidad de los trenes holandeses, aun habiendo aterrizado en Ámsterdam a las ocho y cuarto, justo una hora después, ya había cambiado la pulsera y estaba sentado en el Tivoli listo para ver a la formación de free-jazz. Abrió fuego Roscoe Mitchell, mítico líder de la banda, y poco a poco, se le fue uniendo el resto de la formación. Al final del primer tema, Dudu Kouate, el percusionista, echó unos polvos por el escenario, como ahuyentando a los malos espíritus del jazz-rock. A mitad del concierto hubo un solo de batería, que fue seguido de uno del percusionista donde el batería se sumó. Siguieron solos de las dos contrabajistas, y algunos más como es normal en un concierto de jazz. Muy contentos de haber podido empezar el festival con estas leyendas de la música.

Subimos unas escaleras mecánicas y esperamos unos minutos para ver el post-rock de Seefeel. Ya los habíamos visto en el pasado, en un Electrónica en abril en el que parecía que lo estaban pasando verdaderamente mal por problemas técnicos. En esta ocasión todo salió bien y tocaron entero su disco más famoso, Quique, empezando con la hipnótica “Climatic Phase 3”, la industrial (valga la redundancia) “Industrious” y su no hit “Plain Song”. Bastante llena la sala y muy disfrutable. Esta vez fue un sí.

Nos fuimos a Hertz, que es un pequeño auditorio con asientos. Cuando llegamos ya estaba Delia Gonzalez, acompañada de un guitarra, tocando los temas de su último disco, el impresionante Horse Follows Darkness, uno de nuestros discos favoritos del año pasado. Hubiéramos bailado si no hubiéramos tenido que estar sentado. Nos gustó, pero tocó veinte minutos menos de los esperado.

Lo que nos permitió ver a Ammar 808, uno de los conciertos más divertidos del festival. Mezclando electrónica con música tradicional árabe, consiguieron que todos bailásemos sin parar. Gracias al cantante que es un increíble frontman y al ritmo de un par de flautas tradicionales hicieron que un público en su mayoría blanco se moviese con sus ritmos turcos. Y esa es una de las paradojas del festival, que, aunque intenta ser multicultural en su propuesta y dar cabida a artistas tradicionales, acaba teniendo el típico público blanco.

Fuimos un rato a ver al miembro de Death in Vegas, Richar Fearless, que pinchó bastante cañero. Por una vez, dejamos el Shazam en el bolsillo y nos dedicamos a bailar.

El final de fiesta fue con Black Midi, que nos sorprendieron gratamente con directo que mejoraba muchísimo lo escuchado en disco (bueno, solo tienen un single). Una loca puesta al día del legado de Pere Ubu para terminar una larga jornada.

Viernes 

El viernes empezamos comprando unos cds (Utrecht está llena de tiendas de discos) y tras una necesaria siesta empezamos el día con Rodrigo Amarante. Un poco más famoso gracias al tema de Narcos, estuvo sonriente todo el concierto, cosa que no esperaba del autor de una música, la mayoría de las veces melancólica. Tras tres canciones vimos que a nuestra izquierda estaba Devendra Banhart, curador del festival, que estuvo atento viendo el concierto. Rodrigo Amarante empezó cantando en su nativo portugués, “Nada em vão”, para continuar en francés con “Mon Nom” y acto seguido pasar al inglés con “I’m Ready”. Siguieron los aires bossa de “O cometa”, la preciosa “Irene” y maravilló a un público en su mayoría mayorcerte.

A Shintaro Sakamoto, antiguo miembro de los Yura Yura Teikoku, le tocó un público curioso y parlanchín que parecía que estaba haciendo tiempo para ver a The Breeders. Tocó temas de su último disco Love is Posible: pop japonés con algún tema casi funk. Para no conocer nada de su obra, nos gustó bastante. Al final de concierto muchísima gente se había ido.

Corrimos a Janskerk, una iglesia en la que también hacen conciertos, para ver a uno de los artistas que más ganas teníamos de ver, la gran Vashti Bunyan. Empezó con “Here Before”, que nos contó que iba sobre sus tres hijos, para seguir con “Just Another Diamond Day”, donde también contó cómo escribió el tema hace cincuenta años y que trataba de cómo apreciar las cosas simples de la vida. En medio de “Across The Water” apareció Devendra de nuevo que, detrás de un pilar de la iglesia atendió con atención el concierto. Del recopilatorio Some Things Just Stick In Your Mind sonó “Wishwanderer” que fue seguida por “If I were”, la primera canción que escribió después de treinta años sin componer nada. Su tema más famoso “Train Song” fue precedido por unas bromas sobre lo poco que había sonado cuando fue publicado. Se tomó un pequeño descanso mientras el guitarrista que la acompañaba, Gareth Dickson tocaba uno de sus temas “Two Trains”. Fue un concierto fabuloso, con Vashti en muy buena forma vocal y muy comunicativa con el público.

Fuimos a ver al moderno hombre orquesta que es Paddy Steer que, justo después de terminar su prueba de sonido, se puso a tocar, aunque todavía faltaban cinco minutos para el comienzo de su concierto. Lo que en un momento puede parecer una frikada, es la obra de un músico que aparte de sus discos como Homelife, ha tocado con 808 State, Lionrock o Biting Tongues. Una diversión muy sería. En un momento del concierto, vimos entre el público gente disfrazada, como de despedida de soltero, que nos asustó por lo que esto puede ser de negativo para el futuro del festival.

Nos fuimos enseguida a ver a Roger Eno, que salió con dos latas de cervezas y nos sorprendió con su buen humor. Presentó los vídeos que acompañaban diciendo que tocaba con imágenes porque su música no contaba nada, aunque a nosotros no nos pareció eso. Entre otras tocó “DeeDee Alone” tema que escribió cuando su hija se fue de casa. Muy bonito todo.

Llevábamos años queriendo volver a ver a Bo Ningen en directo y por fin llegó el momento. La primera mitad del concierto fue un cañón, la segunda bajó un poco, con temas menos rockeros. Sorprendentes, como siempre, los caretos que ponía el cantante y bajista. Volvieron a la caña al final y salimos bien contentos.

Nos fuimos en taxi a la sala De Helling, donde normalmente programan los conciertos de rock más potente para ver a Pigs Pigs Pigs Pigs Pigs Pigs Pigs que tocaron sus riffs blacksabbathianos a un volumen atronador. Sonaron varios temas de su King of Cowards, disco publicado este año. Corto pero intenso. Eran más de las tres de la mañana cuando terminaron y nos fuimos andando al hotel.

Sábado

Al día siguiente volvimos a De Helling. Por suerte llegamos media hora antes porque había una cola gigantesca y el sitio acabó llenísimo. Era el turno de la colaboración entre Ryley Walker y Kikagaku Moyo que sumaron hasta nueve músicos sobre el escenario. Se embarcaron en una larga pieza donde las diferentes guitarras y el sitar se entrecruzaban perfectamente. El segundo tema ya fue más psicodélico, con un final muy cañero. Por un momento me sentí como si estuviera en los sesenta, viendo por primera vez a unos Grateful Dead o Allman Brothers en medio de una infinita jam.

Teníamos miedo de perdernos a Oliver Coates, pero no, conseguimos un sitio en Janskerk, un poco alejado al comienzo, pero, gracias a los pesados que se fueron tras veinte minutos fuimos adelantado posiciones. Empezó muy clásico y para nuestra sorpresa, fue acabando con unos temas más electrónicos, entre ellos uno casi drum and bass.

Volvimos al Tivoli para descubrir para nuestra tristeza que Hertz, donde tocaba Midori Takada, estaba lleno y con una larga cola, así que nos fuimos a ver a Alabaster DePlume: pop experimental, con cantante/saxofonista/guitarrista, violín, dos percusionistas y teclado. Alternando partes de spoken world y partes cantadas, nos recordó, otra vez, el espírity de Pere Ubu. El momento del concierto fue un largo poema sobre el facismo perfectamente recitado que acabó en una gran ovación.

Seguimos con el músico turco Cüneyt Sepetçi, que con bases bailables y su pinta de Aznar de la Anatolia, nos puso a bailar a todos. Sudó la gota gorda, tanto él como el numeroso público al que remató con su versión final del “Porompompero”.

Nos quedamos de nuevo sin poder entrar a ver a Islam Chipsy & EEK a los que ya habíamos visto en otra ocasión, así que nos fuimos a pillar sitio a Pandora, donde estaba DJ Noss. Nos trasladó a una fiesta con sabor a Martinica, donde alternó los platos con el tambor. Nos ganó al mezclar el “Jaguar” de DJ Rolando con algo de reggae y cosas de su isla.

Siguió la tremenda descarga de los Sons of Kemet, para una sala a reventar. Fue un torbellino de jazz funk con cuatro baterías, saxo y tuba que acabó con sentido discurso. Liderados por Shabaka Hutchings que también toca con The Heliocentrics y The Comet is Coming, que también estaban en el cartel, fue uno de los mejores conciertos del festival.

Nos fuimos a la sala/discoteca Was donde había una fiesta con los de Dekmantel. El sitio era la típica discoteca de mierda, eso sí, con los puertas más amables que hayamos visto en nuestras vidas. El público, la mayoría ajeno al festival, era el típico público de estos sitios poco interesados en la música. Al poco de llegar, salió Soichi Terada y pinchó house japonés como el “Do it Again” de Shinichiro Yokota, junto a cosas como el “A Sort of Homecoming” de Paul Keelye, la versión instrumental del “Sunshower” de Nami Shimada y el “Feedback” de S-Factor, aparte de una remezcla de Kiss. Un par de veces, para sorpresa del público, se subió encima de la mesa de mezclas para tocar un diminuto sintetizador. No nos gustaba el ambiente y la sala no sonaba demasiado bien así que tras el comienzo de Dekmantel nos piramos.

Domingo

Siguiendo un extraño paralelismo con el sábado, el domingo empezamos en Was, donde habíamos terminado el día anterior. Empezamos con un gran concierto de los checos Please The Trees que han teloneado a Mudhoney en su última gira. Nos enamoraron con su rock con gusto krautrock y con su batería que era un metrónomo humano. El último tema me recordó a Simple Minds. Lo que no siempre es malo.

Nos fuimos a una sala más pequeña, y llena hasta arriba, para ver el post punk un poco genérico de los belgas Fornet.

Hot Snake fueron una apisonadora. Nos avisaron de que uno de los temas iba a ser publicado en un disco en directo. Jocosos, apuntaron que era “un orgullo tocar en el sotano de un almacén en medio de la nada”. Vibramos con “I need a doctor” y muchos más temas que tocaron en la hora que tenían.

En la sala pequeña vimos a LICE, bastante jóvenes y con influencias de The Fall y que no estuvo nada mal. Nos fuimos a comer algo, que eran ya las cuatro de la tarde.

Volvimos al Tivoli para ver otro de los conciertos más esperados, el de Circuit des Yeux con miembros de la Netherland Chamber Orquestra. La Scott Walker femenina tocó entero su Searching for Indigo, una obra maestra muy personal. Su voz grave nos hizo dudar a veces de su sexo, y fue sin duda uno de los conciertos más emotivos del festival.

Subimos corriendo las escaleras para ver a Beverly Glenn-Copeland, que comenzó presentando la banda, entre ellos su hijo al piano. Arrancó con “Color of Anyhow” de su disco de 1970, seguida de “Let Us Dance”, “Ever New” y “Sunset Village” de …Keyboard Fantasies… Siguió una escalofriante versión de “Deep River”. Entre temas habló mucho, contándonos anécdotas de su vida. Gracias al festival por habernos descubierto su música.

Como el anterior concierto se había alargado un poco y no queríamos entrar a ninguno empezado, optamos por ver a Eartheater, electrónica del sello PAN que curiosamente volví a ver a los pocos días en Milán. Acaba de publicar su tercer disco, IRISIRI donde cómo dice Pitchfork “explora las formas en las que las voces de las mujeres pueden desafiar las normas del gusto y del decoro”. Ciertamente si actuación desafió las normas del decoro, al bajársele el diminuto top que llevaba y pasarse un par de temas con los pechos al aire. En Milán, su concierto fue acompañado por una arpista.

Tuvimos más electrónica de la mano de la colombiana Lucrecia Dalt, que presentó los temas de su nuevo disco Anticlines y que nos gustó mucho. Nos recordó, en ocasiones, a la gran Laurie Anderson, y fue una de las revelaciones del festival. A seguir.

Había mucha expectación para el concierto de Irreversible Entanglements feat. Pat Thomas, o lo que es lo mismo, el grupo de free jazz en el que Moor Mother recita, acompañado por el pianista Pat Thomas. Y fue mejor de lo que esperábamos: una increíble muestra de free jazz, con grandes músicos, muy compenetrados que durante una hora nos tuvieron encandilados. Detrás de nosotros flipaba también Eartheater.

El broche de oro del festival le correspondió a Swamp Dogg, mítico cantante de soul, todavía con buena voz y vestido con un traje clásico. Entre otras tocó “The World Beyond”, “Total destruction of your mind” y la final “I’ve Gotta get a Message to you” que alargó durante unos quince minutos mientras, a gatas, estrechaba las manos de su público. Un momento muy especial.

Subimos unos pisos para el ver el final de RP Boo, pero como Swamp Dogg se había alargado más de lo esperado (ninguna queja por nuestra parte) solo pudimos ver los últimos cinco minutos. Después había una “after party” pero estábamos demasiado cansados y llenos de música.

François Zappa.

 

 

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