Estado de Bienestar es el nombre del nuevo y ecléctico proyecto de Nico Cabañas, conocido por ser parte de Synths Versus Me y Almax Und Forte, reputado Dj, capo de Oráculo Records y co-fundandor del Ombra Festival. Lo podríamos considerar un hombre del renacimiento, pero sin duda, lo suyo es el gótico. Con su sello, ha sido un auténtico oráculo de los sonidos del futuro, dando a conocer a bandas y artistas como Blind Delon, Ultra Sunn o Sad Madonna. Y no ha perdido ojo a lo largo de las más de 190 referencias del sello catalán, como podemos comprobar escuchando las óperas primas de Damage Code o Elektrokohle. Con su nuevo proyecto musical, Estado de Bienestar, ya ha publicado cuatro espectaculares capítulos de los que os habla en esta detallada entrevista.
—Nico, si te parece bien, vamos a empezar con tu último proyecto y, a partir de él, repasaremos otras partes de tu carrera, ¿qué te impulsa a crear Estado de Bienestar?
—Estado de Bienestar es la continuación de mi carrera como músico, que empezó con Synths Versus Me, un proyecto de synthwave, EBM y technopop que tenía con mi mujer. Cuando falleció, intenté darle continuidad para terminar un LP que teníamos a medias, y que finalicé con otra persona. Pero en aquel momento sentía realmente que el proyecto estaba agotado, que ya no tenía recorrido. Por otra parte, mi evolución como oyente, a partir de todo lo que he escuchado a lo largo de mi vida, me ha llevado a ampliar mi espectro musical hacia el experimental, que es lo que más consumo ahora.
Esa inquietud se tenía que ver reflejada también en mi manera de producir. Hacer un cambio de estilo dentro de un proyecto que ya tiene un nombre y unas expectativas por parte de la audiencia resultaba muy complejo. Lo primero que hice fue crear, con esa misma chica que terminé el álbum de Synths Versus Me, un proyecto llamado Almax Und Forte, en la misma línea pero con su participación. Y cuando ella dejó el proyecto y me vi ante la disyuntiva de darle continuidad yo solo o de crear algo nuevo en la misma dirección, creé Estado de Bienestar, que es la misma idea pero en solitario y con colaboraciones puntuales con otros artistas que admiro.
—Dices que has ampliado tu especto musical hacia el experimental. Siendo este un término tan amplio, ¿qué entiendes por experimental?
—La música experimental la defino como anticliché. Hoy en día todo, y no solo es en la música, está extremadamente etiquetado, extremadamente encasillado. Y eso me aburre soberanamente, tanto a nivel intelectual como musical. Como oyente, concibo perfectamente un disco donde haya desde EBM hasta flamenco, pasando por el prototechno, el minimal wave, hip hop… Para mí, experimental no es solo lo que se concibe dentro de las etiquetas habituales de lo experimental, que sería el noise, el ambient… Experimental significa, para mí, que alguien que tiene un bagaje musical, el que sea, fusiona todo eso sin ningún tipo de limitaciones, sin ningún tipo de vergüenza, sin ningún condicionamiento de lo que se espera de ti. Hacer realmente música con total libertinaje intelectual: eso, para mí, sería la música experimental.
— Ya que comentas que Almax Und Forte fue una especie de antecedente de Estado de Bienestar, ¿puedes hablarnos un poco de este proyecto que solo publicó un disco?
—Quería terminar el quinto álbum de Synths Versus Me, que como te decía, empecé con mi mujer: tenía las bases y algunas tomas de voz que no se podían utilizar, así que necesitaba una cantante. Y ahí apareció India Nardone. Durante el proceso de creación de ese disco y de terminarlo, ella también estaba muy en la onda y con los mismos intereses en este rollo experimental. Fueron surgiendo ideas y esbozos que guardábamos en otras carpetas, cosas que nos iban saliendo y de las que nos decíamos: “hostia, ¡cómo mola esto! No lo podemos utilizar aquí, pero lo guardamos”. De ahí surgió Almax Und Forte, que es coetáneo al quinto disco de Synths Versus Me, pero en el que nos salimos del ambiente que se espera de Synths Versus Me. Hay post-punk de notas hawaianas, ópera de gritos, proto-EBM con ritmos rotos. Y al decir ritmos rotos no me refiero a simplemente desencajados, no. Me refiero a ritmos que están fuera de beat o de grid.
Este EP lo presentamos primero sin ningún tipo de promoción, sin decir que éramos nosotros, y pasaron cosas muy raras. Por ejemplo, que tras escucharlo, Ancient Methods me llamó y me dijo que era el mejor techno que había escuchado ese año y que quería hacer un remix. -“¿Quién es este tío, o esta gente? ¿Quiénes son?”, me preguntó. -“Somos nosotros”. ” -¡Ostia!”. Y por eso hay un remix de Ancient Methods: porque me lo pidió él.
—Una de las cosas que quiero comentar del proyecto es la fuerte crítica al “mencionado pero nunca alcanzado estado del bienestar”. ¿Qué te hace,
principalmente, darte cuenta de que nunca hemos llegado a ese estado y que posiblemente nunca llegaremos?
—Considero que este es una de los mayores retos que tiene hoy en día la sociedad. Ante todo, desde el punto de vista marca, es muy chulo el concepto bienestar porque es una frase que todo el mundo conoce y que nos repiten cada día, pero que nadie sabe bien qué es. Y desde el punto de vista humorístico está muy bien la conexión que hace con el bienestar que te puede producir la música.
Pero si vamos al trasfondo de denuncia política, es evidente lo que intenta poner de manifiesto: que hay dos clases sociales, los políticos y el resto. Estos políticos te llevan todo el día con un palito y una zanahoria, te dicen ven por aquí, ven por acá, que aquí está el estado de bienestar. Tú les votas, les sigues, pasan ocho años y estamos igual, exactamente igual, no ha cambiado nada. Si hacemos un análisis de España en los últimos ocho años, estoy seguro de que todos los que votaron a Pedro Sánchez están igual o peor. Y aun así, vuelven a salir a votarle. Esa hipnosis colectiva me parece un tema muy interesante, que además encaja muy bien en cualquier proyecto musical que, sin ser necesariamente de protesta, sí sea disruptivo.
También desde el punto de vista del desarrollo artístico, a la hora de crear canciones, puedes inspirarte en temas vinculados a lo que se supone que es el estado de bienestar, y eso da mucho juego: la inteligencia artificial, la transición humana hacia las máquinas, la explotación del tercer mundo, las guerras… ahí tienes un universo creativo bestial. Me pareció que era un nombre muy acertado.
—Hablando de nombres acertados, “La Patera Interestelar” y “La Asquerosa Naturaleza Humana” me parecen dos títulos perfectos para describir estos días y la crisis migratoria. ¿Crees en el poder de la música para hacer pensar a una sociedad que parece hacerlo cada día menos?
—Por supuesto. Como dije antes, creo que las personas vivimos en una especie de hipnosis continua. Hoy en día basta con abrir las redes sociales para verlo, es alucinante. Y para mí esto funciona como con los hipnotistas, aquello de “un, dos, tres, despierta”. Muchas veces puedes despertar a partir de situaciones que te pasan en la vida, de cosas que ves o que escuchas. Para mí, la música puede ser ese “un, dos, tres, despierta”. Por supuesto que sí.
—En varios temas de Estado de Bienestar hay música árabe, y una reivindicación de esta cultura que supongo que es la misma que la de Edu, compañero tuyo y capo de MUSA, ¿de dónde surge todo esto?
—Desde el punto de vista musical, la escala árabe me parece una de las mejores que hay, ya que tiene esa parte folk de conexión con el tribalismo y, como sabes, todos venimos de tribus. Pienso que la música folk europea se ha desarrollado hacia otras líneas musicales que a mí no me interesan tanto como la árabe. La escala árabe, en determinadas maneras de construir conecta muchísimo con el tribalismo, algo que me gusta mucho para la música electrónica.
Desde el punto de vista político es uno de los temas candentes en la sociedad: el encaje de una cultura que en una parte es muy agresiva y muy cerrada,, y que por otro lado tiene otras caras más abiertas. Se trata de ver cómo encajas eso, de decir: esto de aquí no me gusta nada, pero esta gente es buena, es inocente, no podemos castigar a toda esta peña. Y basta con ver lo que va pasando en el mundo para comprobarlo. Es uno de los grandes desafíos de la sociedad moderna, el encaje de esta cultura. Y por tanto conecta mucho con el tema político de lo que es Estado de Bienestar.
—Ed Warner también colabora en el primer disco como Eddy Gotelé, ¿verdad?
—Tengo que confesar que en realidad es un “robo”. Somos amigos y recibí un mensaje suyo por WhatsApp que me pareció muy gracioso para samplear: lo ralenticé y lo puse encima de una canción de protojazz que había hecho.
Esa canción, en realidad, nace de una entrevista que encontré en internet cuando se liberó el proyecto Blue Book de la CIA, que no sé lo si sabes, es el proyecto de entrevistas a los grises, que teóricamente son humanos que han viajado 20.000 años al pasado para entender nuestra civilización y que parecen aliens, aunque no lo son. La CIA ha desclasificado estos documentos, que no sé si son ciertos o no, y los puedes descargar, de hecho, la entrevista me la descargué desde una web oficial del gobierno de Estados Unidos. Es una entrevista de 40 minutos que hace un agente de la CIA en 1964 o 1966 a un humanoide de color gris que hace el esfuerzo para hablar en inglés, porque teóricamente, como ellos se comunican por telequinesis, no utilizan la boca. Pero en la grabación habla y esa es la voz de la canción, que es el protojazz para los grises del futuro. Ese tema empieza con el “robo” que le hice a Edu de su WhatsApp.

Con la Komandanta.
—¿Y cómo encuentras esos samples para tus temas?
—Me paso todo el día buscando esta clase de material raro: grabo todo lo que encuentro, ya sea en la televisión, en las redes sociales, en mi vida cotidiana con mis amigos o en X. Siempre estoy con el teléfono preparado, grabo y después lo proceso. Como trabajo mayormente en low-fi, no necesito un equipo muy complejo para hacer estas grabaciones.
Cuando veo algo que creo que se puede musicalizar lo grabo y me lo guardo. Tengo una carpeta que llamo “a las voladas” y cuando tengo que crear música, tiro de ella; muchas veces saco samples y materiales muy usables, que a mi modo de ver quedan muy bien como parte de un concepto musical.
—Me hace gracia la referencia a las tortugas ninja en “Reptilian Bakalas Mutant Komando”. Empezaste como DJ en el 92 ¿Cómo son esos inicios en la época del bakalao? ¿Cómo te ha influido la música de la época?
—En realidad ese título viene de una broma con mi alma gemela, María Blanco de León, a quien la gente de la escena conoce como La Komandanta, de hecho es la co-vocalista de las 2 versiones que hay del track, esta y RBMK II del capítulo IV. En cuanto a mis inicios como DJ, empecé a pinchar en el año 89, antes había sido skater, y de hecho, lo fui durante muchísimos años mientras pinchaba. En el verano del 89, abrieron un after en Lloret de Mar al que venía la gente de Barcelona cuando cerraba un sitio llamado el 666, de música gótica y electrónica. Y un día estaba patinando allí con mis colegas y vi salir de una especie de garaje a todo un grupo de gente que me llamó mucho la atención. En aquel momento ya escuchaba punk, hard rock, y alguna cosa como Sigue Sigue Sputnik, pero no conocía la música electrónica, ni conocía el EBM, porque era algo muy desconocido a nivel de masas. Aquella gente me llamó mucho la atención: imagínate un domingo por la mañana, a las 10 o a las 11 de la mañana ver salir todo un grupo de tíos de negro con tules. Desde pequeño he tenido buena espalda, así que me puse la gorra, me tapé la cara, fui hacia allí, pagué mil pesetas o algo así, y conseguí entrar. Conseguí entrar siendo un niño: tenía 13 años.
Y nada más llegar a la pista, todo oscura, estaba sonando “Let Your Body Learn”, de Nitzer Ebb. Para mí eso fue como si me golpeara un rayo. Era flipante, me encantó. Fui directamente a la cabina a preguntarle al dj, que era Juanma con quien todavía soy amigo, qué era eso. Cuando me vio, me dijo: -“Pero ¿tú qué haces aquí? Eres un niño, no puedes entrar en una discoteca porque no tienes la edad y si viniese la policía podríamos tener un problema serio.” Pero le gustó mi actitud y me dijo: -“Aunque abrimos a las ocho de la mañana, yo llego a las cinco. Si quieres, puedes venir a las cinco de la mañana, cuando llegan los maleteros y comprar discos como estos.” Los maleteros eran los tíos de las tiendas que iban con maletas de discos a los clubs a vender fuera de horario de apertura. A partir de entonces, fui varias veces y ahí compré mis primeros discos. Ese after se llamaba Red Sun, me acuerdo perfectamente.
Allí vi cómo se pinchaba y mezclaba. En septiembre, mi padre me regaló mis primeros platos, unos Akiyama de correa y en octubre del 89 ya empecé a pinchar con los discos que compraba en el Red Sun: el “Golden Dreams”, “Let Your Body Learn”, Invisible Spirit, todo lo que sonaba en el año 89. Así estuve hasta los 15, cuando ya adquirí las habilidades necesarias para empezar a hacer mis primeras sesiones profesionales. Con 15 años ya trabajaba de residente en una discoteca en Lloret de Mar.
—Ahí si te dejaban entrar ¿no?
—Sí. Ojalá tuviéramos otra vez aquella sociedad donde todo estaba mucho más permitido y había una mentalidad muchísimo mucho mejor que la que hay ahora. Recuerdo que encendías la tele y veías un diálogo entre Camilo José Cela, Santiago Carrillo, Julio Anguita y Manuel Fraga, que habían sido enemigos en la Guerra Civil. Y los veías ahí hablando casi de colegueo, de compadreo. Qué buenos tiempos. Ojalá volviéramos al año 1989; yo lo prefiero mil veces al 2026.
—¿Es “Rewind”, del cuarto volumen un tributo a esa época con guiño al tema “Tekno la droga” o al sonido valencia?
—Este tema se hizo a petición de Luca Venezia, aka Curses!, quien me pidió un track de Estado para su serie de compilaciones NEXT WAVE ACID PUNX en Eskimo / N.E.W.S y que tenía que ser “estilo Detroit / Valencia / Frankfurt finales de los 80 o primeros 90”. Yo le dije que ok pero si lo hacía con Iván Arnau, Dark Vector, y le pareció genial, claro. Así que nos intercambiamos ideas, vino a casa y nos pusimos a trastear y nos salió una base de techno 90-92, una época que vivimos ambos y que nos influyó mucho. Yo tendría unos 14-15 años y él creo que tenía 16-17. La terminamos colaborando desde casa porque él vive en Sabadell y yo vivo en Lloret. Ese tema no es solo un tributo al sonido Valencia, el sonido bakalao bueno, que lo había y mucho, sino también al sonido alemán de Frankfurt, al estilo de Torsten Fenslau, que también influyó mucho en el sonido de Valencia, junto a la música techno italiana de aquella época, a la que también hacemos un guiño en el tema con algunos “hooks” de voces.
Para los “hooks” decidimos no utilizar los samples originales, sino que yo mismo canté algunos de los hooks más famosos de la época 90-92: “Tekno la droga”, “la música del futuro”, el primer verso del “T-Raumreise” y cosas así.
—Ya que mientas a Dark Vector, al que le incluso le pusisteis un altar en el Ombra, me gustaría preguntarte sobre él: ¿ha sido una figura importante para ti?
—Creo que, a nivel español, en el electro es la persona más reputada que hay, el tío más creíble y con más carisma porque lleva unos 30 años fiel a una idea. Una cosa que valoro mucho de Iván es que es como el superglue de la escena: es un tío que está todo el día trabajando por detrás, una especie de alcahueta del electro, siempre tirando hilos entre gente. “Tienes que hablar con éste. Un momento, ¿esto se lo has pasado a aquel?” Hace muchísimo por la escena. El electro español es lo que es, sin ninguna duda, en gran parte gracias a Iván.
—El segundo capítulo de Estado de Bienestar, a pesar del nombre me parece un poco más oscuro. Me llama la atención el nombre del tema “Megafan de Haus Arafna” ¿Ha sido este artista una gran influencia en tu carrera? Supongo que más en los tiempos de Synths versus Me.
—Yo creo los temas a partir de una idea conceptual: tengo una idea en mente y pongo mis máquinas a trabajar para desarrollarla. Pero hay veces que sucede lo contrario: enciendo una máquina y me sale una melodía o un sonido que me recuerda inmediatamente a algo que me gusta. En este caso, tengo que decir que no era tanto Haus Arafna, que también me encanta, sino November Novelet. Si tú escuchas esa canción, los acordes y el bajo recuerdan inmediatamente a November Novelet y, por tanto, a Haus Arafna, ya que a veces en solitario hace lo mismo que con su grupo. November Novelet es una de mis tres bandas favoritas.
Cuando hice la canción, pensando en November Novelet y con un sonido parecido, me salió lo de decir que soy fan de ellos. Pero, musicalmente, “fan de November Novelet”, no quedaba bien. Entonces pensé: pues fan de Haus Arafna, que es el músico de November Novelet. En lugar de quedarme dentro de lo que era el concepto November Novelet, manteniéndolo en el gótico, en el dark synth, lo que hice fue romperlo añadiéndole hip hop. Lo guapo para mí de ese tema es que es una base de November Novelet mezclada con una base de hip hop, que podría ser de Cypress Hill. Y la combinación da algo muy loco. Esa es la historia de ese tema.
—Y una pregunta que nos hacemos nosotros que, como sabes, pertenecemos a la escena gótica ¿Tú te consideras más cercano a la cultura de baile o a la escena gótica?
—Buena pregunta, buena pregunta.
Si tuviera que escoger, sería el post-punk y el gótico porque todas mis influencias iniciales de joven siempre siguieron esa línea. Después tuve una época, de dos o tres años, en la que dejé de escuchar tanta música de bandas para centrarme en el baile, sobre todo cuando era DJ profesional y me dedicaba solo a eso. Pero durante el resto de mi vida, siempre he estado súper conectado al mundo de la música de bandas. Tuve periodos, especialmente cuando empezó el minimal y el house, en el 2006-2007 que pensé que la música de baile se había acabado para mí, que ya no me interesaba, y entonces volví a centrarme en mi mundo de música de banda por completo. Por tanto, te diría que si tuviera que escoger una escena, creo que sería más la gótica, post-punk, pero con una grandísima influencia de la música de baile. Y sí que es cierto que en los últimos diez años me ha interesado muchísimo lo que está saliendo de música de baile y ahora compro quizá más música de baile que música de banda. Pero mi colección de discos creo que hay más bandas que baile o está muy equilibrado, pero te diría que soy más de bandas que de baile.
—Dejaste de pinchar un tiempo en esa época de que señalas, ¿solo porque no te gustaba la música o había otras razones?
—Dejé de pinchar por dos motivos: primero, porque pasé unos veinticinco años muy centrado en hacer crecer dos empresas que tenía; y segundo porque, aunque seguía saliendo, lo que había a nivel de música de baile me parecía un coñazo máximo. No me gustaba nada. Te hablo de la época entre el 99 y el 2010. En general y con pequeñas excepciones, —porque siempre hay el típico tema del que dices, “hostia, qué pedazo de canción”—, pero de cada 20 tracks que oía en las sesiones, 19 y medio me parecían una mierda. Iba a comprar discos, porque eso nunca lo he dejado de hacer, me hacía una cubeta de cuarenta y, al final, todos me parecían una mierda. Entones me preguntaba: -“¿para qué voy a seguir viniendo?” Si he llegado a tener quizás 10.000 discos, del 98 al 2011, dudo que tenga más de 100. Pero ahora estamos mejor, ahora estamos muchísimo mejor.
Ahora, el problema que hay a nivel musical, es el tiempo que necesitas para separar el trigo de la paja, Hay tanta música que debes de tener muy clara tu línea de compra, tienes que ir a unos sellos determinados. Hoy en día la prescripción es muchísimo más importante que antes. Descubro cosas, o porque me la comparte un amigo o yendo a comprar a sitios seguros, a sellos que sabes que ya tienen una línea o siguiendo a artistas y las colaboraciones que hacen e investigando a partir de ahí. Vas tirando de esos hilos y vas descubriendo cosas, porque si entras en Bandcamp y pones “electro” y quieres escuchar todo lo que se ha lanzado en un día, es imposible. Y al día siguiente, claro, vuelve a ser imposible. Así que, si te quedas tres días sin escuchar música, ya tienes una bola de material acumulado que, aunque el día durara 250 horas, no podrías recuperar.
—Como bonus track del primer volumen, La Escorpiona y Guateque Punk, tenemos “la Body Music”, ¿Qué ha supuesto la EBM para ti? Es uno de los estilos que podemos encontrar en el catálogo de tu sello Oráculo
—Yo empecé a conectar con la pista de baile oscura, a la que he dedicado el resto de mi vida, escuchando Body Music o EBM. Es una de las sonoridades que más encajan con mi gusto. Como te decía, me interesa muchísimo el tribalismo, y me parece una música muy tribal, muy rítmica… Me encanta, vaya.
Ese tema también fue un ejercicio anticliché, porque en realidad son notas de EBM llevadas al ambient… tribal. Es decir, hice un tema de EBM y cambié la paleta de sonido hacia el ambient. Además le añadí poemas. Aquel día, me salió en las redes sociales un vídeo de Salvador Dalí recitando aquellos poemas loquísimos, con esa fonética extraña. Para ese tema cogí lo de “Body Music” y lo traduje a unos veinte idiomas, al castellano, al catalán, incluso al suajili.
—En el Capítulo III : La Anarquía Sónica hay una versión de Chayell Zen, un proyecto de Peter Bonne. ¿Por qué has elegido este tema para versionar? La verdad es que tu versión me parece de lo mejor del disco.
—Peter Bonne es una de mis tres o cuatro mayores influencias a nivel musical. Me flipa lo que hace a nivel de composición y síntesis y además tiene una gran sensibilidad, nadie le supera con sus cambios disonantes emotivos. Yo no soy músico, toco de oídas, pero él sí que es un músico de academia y me encanta la manera en que construye sus secuencias de sintetizador, cómo utiliza las disonantes en el momento justo para crear un interés especial…
“Night in June”, por ejemplo, es uno de mis tres temas favoritos: cada vez que lo oigo se me ponen los pelos de punta. Tuve la suerte de conocerlo en el Ombra Festival y, a partir de aquel momento empezamos a llevarnos bien y de vez en cuando nos hablamos. Conozco toda su carrera y me flipa lo que hace como Autumn y también con Linear Movement dentro del estilo minimal synth, de música industrial tiene el proyecto Twilight Ritual, fue parte de A-Split Second y estuvo relacionado con el New Beat… Pero mucha gente no conoce su faceta con el ambient, que es Chayell Zen.
Como te decía, lo que más consumo es música experimental y de ambient y una de las cosas que escucho es Chayell Zen. Ese tema, que en YouTube apenas tiene 80 reproducciones, me parece de los temas más bonitos del género, una cosa bestia, que conecta con partes de mi intelecto. Le propuse que, si me dejaba, me encantaría incluir el original en mi próximo disco, porque tenía que estar en vinilo, y que yo haría un remix que evidentemente le mandaría; si le gustaba, lo sacaríamos también. Tuve la suerte de que le gustó. Como me parece una obra maestra, dejé la parte musical prácticamente intacta: simplemente hice algunos recortes en algunas partes que se hacían largas porque no cuadraban con las estructuras rítmicas y añadí un bajo y unas drums. Fue casi como hacer un DJ set, porque no me apetecía meterle más capas de sintes, ni modificaciones, ni arpegios; simplemente lo que hice fue coger un tema de ambient y lo adapté para la pista.
—Pues quedó muy bien, la verdad. Me ha gustado mucho.
—También le metí las voces, así un poco gótica, que pegan con el nombre del tema ya que se llama “The Enochian Keepers Of Time” que, en castellano, traduje como Guardianes del Tiempo.
—También tenemos un tema llamado “Beau Wanzer’s Minicroquettes”. En este proyecto, tanto en el diseño como en los títulos e incluso en alguna utilización de samples muestras un gran sentido del humor. ¿Crees que el humor es la mejor forma de afrontar la mierda que vivimos? ¿Hace falta más humor en el mundo de la música?
—Sí, por supuesto que sí. Yo intento, aunque vengan mal dadas, estar siempre de buen humor y creo que el sentido del humor es fundamental. Creo que lo que sobra hoy en día es dogmatismo, seriedad y estrictez.
El tema surgió en una cena con Beau Wanzer. Estábamos Ivi -una buena amiga que colaboraba conmigo en Ombra-, mi hijo Santi, mi hijo pequeño Alex y el propio Beau Wanzer. Mi hijo pequeño pidió unas croquetas que le encantan, que son minúsculas, unas mini croquetas, y Beau Wanzer flipó: se comió un plato entero. Y yo le dije: -“Si no te importa en mi próximo disco voy a hacer un tema que va a ser las minicroquetas de Beau Wanzer”. Me respondió que le encantaba la idea y que quería participar.
Al final, él estaba muy liado y yo tenía acabar el disco, así que no participó. Eso lo tengo pendiente con él, la colaboración de Estado de Bienestar con Beau Wanzer. Es algo que me hace mucha ilusión. Al igual que Peter Bonne en sus estilos, Beau Wanzer me parece, en lo suyo, un tío muy interesante con el que colaborar, y me gustaría mucho hacerlo.
—Beau Wanzer me parece uno de los artistas (que vimos en Ombra en solitario pero que también estuvo con su proyecto De-Bons-en-Pierre) que ha supuesto un soplo de aire fresco a la escena en las últimas décadas. Con tu sello Oráculo has buscado siempre talento nuevo. ¿Qué debe tener un artista para que le edites un disco?
—Ahora es un momento especial para el sello porque me pasa lo mismo que con Synths Versus Me y Estado de Bienestar: me apetecería evolucionar, hacer un sonido más moderno porque ya vamos por 190 referencias entre todas las líneas que hemos sacado. Me gustaría evolucionar como lo hace la música, pero ¿qué ocurre? Ya he probado a sacar cosas experimentales como Cutting Room, o de ambient como Ece Canli, pero me encuentro con que hay una parte de mi público que sí tiene interés tanto por el Oráculo original como por el nuevo, pero hay otra parte que no, que solo quiere lo que era Oráculo o lo que ha venido siendo Oráculo. Así que tengo que encontrar un equilibrio entre mantenerme en los estilos clásicos —EBM, post-punk, electro clásico, new beat, new wave, etc.— y lo experimental.
Para poder ser un artista de Oráculo, tienes que presentar o bien un trabajo excepcional a nivel debut o a nivel ya de desarrollo de una carrera dentro de los estilos clásicos que engloba Oráculo o bien ser algo que me llame la atención y considere parte de la escena más moderna en términos de evolución musical. Ahora, por ejemplo, vamos a sacar en el próximo batch de diciembre a un dúo de Suecia, Breath CTRL, que hace una especie de proto-electro/EBM: no es EBM exactamente, suena más experimental, pero conecta con ese estilo en cierta manera como lo hacen Bound By Endogamy. En cambio, también voy a sacar con Peter Bonne un disco de Linear Movement con material nuevo. Como los de Minimal Wave vuelven a reeditar el que publicaron y, para no solapar los dos lanzamientos aunque ya teníamos el disco preparado, hemos decidido posponerlo a diciembre. En este disco estará todo el material nuevo de Linear Movement, y además habrá más sorpresas que todavía no puedo contarte porque no están del todo definidas. Habrá más cosas interesantes con Peter Bonne y su material nuevo.
¿Qué debes tener como artista? Pues tienes que ser muy bueno en los estilos clásicos o presentarme una propuesta que yo considere que es de vanguardia musical.
—Ya que hablas de los batches, ¿es difícil para tus seguidores seguir el ritmo cuando publicas cinco o seis discos a la vez?
—Normalmente saco cuatro o cinco. Lo hacemos así desde el principio, porque, como te decía, en aquel momento tenía dos empresas y no tenía mucho tiempo. Si sacara un disco cada mes, tendría que dedicar tiempo cada vez al lanzamiento, a empaquetarlo, a facturarlo, etc. Prefiero sacar cuatro referencias de golpe, de un trimestre o de dos meses, porque así optimizo los costes de envío, mi tiempo de trabajo en facturación o presentación, ya que hago una sola presentación en redes, etc. Así surgió lo de los batches.
He hecho alguno de seis, pero el problema que hay es que entonces la gente no tiene la capacidad para comprarlo y siempre hay descartes. Con cuatro me siento más cómodo, aunque a veces, por presión de agenda, tengo que sacar cinco, porque tengo tanto material que necesito acelerar un poco. Siempre procuro que los discos no se canibalicen entre sí, es decir, que no compitan unos con otros. Los batches, tanto a nivel visual como de audio, son como una historia: si te fijas, no compiten entre sí, tienen sonoridades distintas, estilos distintos. De esta manera intento que la gente no se vea obligada a escoger entre uno y otro. Evidentemente, hay gente a la que no le resulta fácil comprar cinco discos al trimestre, pero por suerte tenemos bastantes clientes en el mundo que si suelen comprar tres o cuatro de cada batch.
—Me comentabas que Oráculo era uno los sellos que más discos habéis editado, junto a Semantica.
—Si, y me sorprendió mucho saberlo. Un día trasteando el GPT con mi hijo Santi, vimos que estamos a nada de convertirnos en el sello con más referencias físicas de vinilo a nivel nacional en el segmento de “música de club o de baile”. Ahora mismo, en teoría, según el GPT solo nos supera Semantica, que está en torno a las 205 referencias, mientras que nosotros estamos ya en 190.
—Aunque empezaron mucho antes que vosotros…
—Semantica empezó bastante antes: nosotros nacimos el 2015, y creo que ellos son del 2000 diría. Repito que hablamos de sellos independientes de música de club, porque me imagino que Ariola o Blanco y Negro tendrán muchísimas más referencias; pero en lo que es vinilo de música de club, parece ser que sí, que estamos muy cerca de ser los que más discos hemos sacado.
—¿Hay alguna referencia de la que te sientas especialmente orgulloso de todas los que has sacado, que no sea de un proyecto tuyo?
—Me siento especialmente orgulloso, por ejemplo, del de Absolute Body Control: no solo por el disco en sí, el tributo triple, sino porque conseguí que hicieran las paces, se volvieran a juntar, y retomaran la música y los conciertos. Además conseguí poner de acuerdo a un grupo de artistas importantes para hacerles el tributo y ese es un disco que ni queriendo lo hubiese hecho mejor: me quedó de puta madre. También hice una versión de su superclásico “Waving Hands”, con mi mujer Vane, que a mí me parece de las mejores canciones que hemos hecho con Synths Versus Me. Me parece que ese día estuvimos muy inspirados: hicimos una grabación de minimal synth real, sincronizamos todos los sintes por MIDI, grabamos todo en multipista y, después, solo metimos las voces encima. Y me parece que quedó muy bien pues respeta la sonoridad de ABC mientras suena a SVM al mismo tiempo.
Recientemente también hemos sacado un tributo a Suicide que también está muy bien, aunque fue Pedro Peñas de Unknown Pleasures quien lo conceptualizó y nosotros nos hemos ocupado solamente del vinilo.
—¿Y qué vas a publicar en los próximos meses? ¿Alguna otra cosa que puedas avanzar de Oráculo?
—Ahora mismo tengo como 24 referencias apalabradas. Te puedo decir alguna cosa, a ver… El que te he comentado de Breath CTRL… Vamos a sacar una movida muy guapa de post-punk-funk, un disco que me parece muy arriesgado, pero que creo que va a gustar: es de la gente de Moth, una banda de post-punk buenísima de Dinamarca. Eran tres; dos de ellos se separaron, y con el otro proyecto en paralelo, Little Boy Lost, ya les publicamos un disco. Me presentaron su nuevo proyecto, Missvnaries ov Charity, las misioneras de la Caridad, que es post-punk con toques de funk: me pareció una sonoridad superinteresante. También estoy con el tema este del disco de Peter Bonne, como Linear Movement.
Tengo también trabajos que están a medias con Schicksal, con Les Animaux Sauvages, con Lola Kuntus, y un trabajo nuevo de Plague Pits, de Suiza. Voy a hacer además, un disco con Mauri, Mauri Ibáñez, buenísimo. Y las otras no te las puedo contar: están en proceso final o ya apalabradas, pero aún no están confirmadas del todo a nivel de contenido y por eso prefiero esperar a anunciarlas.
Ahora acabamos de sacar un batch para entregar en noviembre que está muy guapo. Tienes el proyecto paralelo de Black Light Smoke, With Shadows, el disco de tributo de Suicide, en el que ha participado gente superpotente, con grabaciones chulísimas de Gaby Delgado y de gente de Front 242.
Y también está Idee Du Femelle, que es Tony Parera, que es un señor de Sabadell que tiene una sala de fiestas, una boîte, y que está a punto de jubilarse. Es un grandísimo músico, una de las figuras más representativas del ambient español. Pero lo que la gente no sabe es que en los años 90 grabó una serie de temas de minimal wave y synth pop. Nosotros las hemos reunido y las hemos lanzado en vinilo. Es como una especie de Leonard Cohen electrónico, es un disco muy interesante que recomiendo a la gente que lo escuche.
—Volviendo a Estado de Bienestar, la mezcla de estilo ha seguido creciendo en tu última referencia hasta ahora, el Capítulo IV : La Fiesta Seria y Nuevas Formas de Tecnaco. ¿Hay algo que todavía no hayas intentado y que te gustaría probar en el futuro?
—Tengo una cosa empezada; lo que pasa es que, para terminarla, necesito a un guitarrista. Lo voy dejando, lo voy dejando, pero me encantaría hacer electroflamenco, pero con flamenco hondo. Ya tengo la base hecha, con notas árabes evidentemente, pero me falta la guitarra. El tema, tal como está, ya queda bien y lo podría sacar así, pero quiero meterle una guitarra de flamenco encima. Y claro, una guitarra de flamenco no se puede hacer con sintetizadores: tiene que venir a grabarla un buen guitarrista.
—¿Y eso iría a un Estado de Bienestar capítulo 5?
—Sí, ya estoy grabando cosas nuevas de Estado de Bienestar. De hecho, ya tengo bastantes temas nuevos grabados. Estoy colaborando también con Jaro, conocido como Linja, un músico ruso y grandísimo productor. Con él estoy haciendo movidas de experimental y ya tenemos algunas grabadas. También, recientemente, he grabado cosas con Robert Leiner, con su proyecto The Source Experience, que seguramente también irán al disco de Estado de Bienestar. Mira, ese no te lo había dicho y eso sí que está cerrado: vamos a hacer un doble con todo el material nuevo que tiene The Source Experience. Lo vamos a sacar en el siguiente batch. El problema que tengo es escoger: me ha pasado una carpeta con 30 temarrales, va a ser complicadísimo quedarse solo con algunos. En el próximo disco de Estado de Bienestar seguramente habrá bastantes colaboraciones, así que no sé si será un capítulo más o algo especial, tipo “Estado de Bienestar y sus colegas” o algo parecido. Tengo muchísimas colaboraciones que me gustan mucho.
Y, cosas de la vida, un día vino a casa una chica con un amigo, y resultó que es una cantante profesional de música chamánica. Tuvimos una conexión brutal. Cuando llegaron, yo estaba haciendo música, y ella se puso a cantar encima de lo que yo estaba haciendo, de forma natural, sin que yo le pidiera nada. Intercambiamos teléfonos, le mandé bases y ya me ha devuelto voces grabadas. Ha venido hace poco a casa a pasar el día y trabajar juntos. Imagínate una profesional buenísima del canto chamánico, tipo Dead Can Dance de los discos de los años 90: lo que puede aportar a un proyecto como Estado de Bienestar.
—Y viendo el estudio que tienes en casa, trabajas principalmente en analógico. De hecho, en las notas del último capítulo podemos leer “Brain-sequenced using real machines”. ¿Qué es lo que más te gusta de trabajar con máquinas no solo digital?
—A diferencia de lo que dice la gran mayoría, trabajando con un plugin y con determinados programas de distorsión y de armónicos puedes generar un sonido que es absolutamente indistinguible del de una máquina. Eso de que los plugins no suenan como las máquinas es una tontería como un piano: yo te hago sonar cualquier plugin como una máquina. Tiene su proceso, pero se puede hacer. Lo que más me gusta de trabajar con máquinas es el factor humano, es decir, la interfaz: no es lo mismo un ratón que un sinte con teclas y knobs. Y lo que verdaderamente me gusta es que, al trabajar con una interfaz humana, tienes la limitación del cuerpo, dos manos, y del cerebro humano versus el tiempo de ejecución.
Eso te obliga a dos cosas: a centrarte en lo que realmente es lo importante del track, porque cuando estás con el ordenador, sin querer, vas añadiendo capas que la mayoría de las veces son innecesarias. Pasas de algo que debería ser simple a algo complejo, cuyo resultado final suele quedarse en humo. En cambio, con las máquinas no ocurre eso, porque si estás disparando unas drums y tienes que tocar una línea, tienes que escoger muy bien las notas de esa línea y, sobre todo, qué proceso le vas a aplicar al sintetizador que vas a grabar. Tienes que elegir solo un proceso, uno. Con esa simplicidad de posibilidades, a mí, con mi flujo de trabajo, normalmente me salen cosas mejores que cuando, en alguna rara ocasión, hago algo con el ordenador porque quiero utilizar un sintetizador determinado que no tengo. En el momento en que entras en el ordenador o en el sampling de librerías y no en el sampling real con tus cosas, acabas cayendo en la sobrecarga. Y los sintetizadores analógicos para mí lo que tienen es que es muy difícil caer en la sobrecarga, porque aunque quieras, no puedes hacerlo porque al final solo tienes dos manos. Incluso cuando nos juntamos dos o tres músicos, el resultado final tampoco queda sobrecargado; haría falta algo así como 16 músicos tocando 16 máquinas para que ahí sí se formara una bola. Tal y como solemos grabar, es muy difícil caer en la sobrecarga, y queda algo limpio, entendible, que será mejor o peor, pero que no tiene ese problema que a veces se percibe en cosas hechas con ordenador, que detecto precisamente por esa sobrecarga conceptual y de elementos por sobre procesamiento.
—Para terminar, me gustaría que me hablases un poco más de ese proyecto con Linja llamado Grabaciones Flow-chi, del que ya tenéis preparado el primer track. Es un proyecto en el que se ha grabado todo en jam session y luego habéis añadido voces. ¿Nos cuentas algo más de todo esto?
—El nombre de Flow-chi viene de un pájaro que adoro y Grabaciones Flow-chi, es el proyecto que te comentaba que tengo con Linja. Lo que hacemos, no sé si has podido escuchar la grabación que te pasé, es una grabación 100% en analógico en LR: no hemos grabado los sintes por separado. De hecho, ahora me he comprado una mesa analógica, y vuelvo a la grabación analógica justo por mejorar este proyecto, para poder hacer grabaciones por separado por grupos y grabar buses procesados y mezclados en LR. ¿Para qué? Para grabar absolutamente en directo.
Nos pusimos los dos e hicimos un tema de principio hasta el final. Encima, añadimos las voces y percusiones reales, tanto de yembé, como de sonajeros y movidas así… Pero lo que es la grabación final en el ordenador, lo que hemos masterizado es LR del live, percusiones y las voces. Y a mi modo de ver, esa humanidad es absolutamente clarísima y fácil de encontrar y de comprender escuchando el track: lo oyes y no sabes si es jazz o música electrónica, porque tiene ese factor humano. Si toco una melodía durante cinco minutos, en algún momento, se me va a ir un poco una nota; es imposible que no pase, porque no soy un robot. Eso que en teoría es un fallo, en cualquier producción hecha con MIDI, se corregiría moviendo la nota, porque es lo que te decía: el ordenador te lleva al maquinismo, a la perfección. En este caso, como no existe la posibilidad de tocar el audio directamente —bueno, sí que podrías, pero arrastrarías todo el audio, no solo esa nota—, creo que eso genera una música súper orgánica y, a mi modo de ver, muy interesante, al menos a mí me lo parece.
