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Sinner’s Day Summer 2022 (domingo)

por François Zappa

Fotos: Patrice Hoerner

Cuando llegamos al tercer día de festival, notábamos ya un poco el cansancio de los dos días anteriores pero también la tristeza de ver que la estancia en este paraíso musical llegaba a su fin y que teníamos que aprovechar la jornada antes de que la música parase. El domingo presentaba el cartel, en mi opinión, más potente y ni siquiera el cambio de última hora de Dance Society por Red Zebra bajó el nivel del increíble line-up. Tristemente, el público fue menos numeroso que en los días anteriores y mucha gente se fue a casa antes del final de la jornada, pensado que al día siguiente tenían que trabajar. 

La última jornada la empezamos como nos hubiera gustado terminar las anteriores: en la Batcave. Pero uno ya tiene sus años y ver todos los conciertos del día para escribir esta crónica cansa, y por eso no pude quedarme durante el fin de semana a bailar con los ya populares DJs. En esta ocasión, Waje, legendario DJ español iba a hacer un set no tan experimental como el último suyo que vimos en el Ombra y más centrado en la música oscura de los ochenta que vio nacer la Batcave original. Con muchas ganas nos dirigimos a la carpa en la que se encontraba la Batcave, aunque no fuimos los primeros en llegar ya que Dirk Ivens, quizás atraído por lo que sonaba, quizás porque lo reconoció del festival barcelonés, ya se había acercado a saludar al decano DJ. Cuando llegamos estaba pinchando un clásico, el «Nil-Nil» de Minimal Compact, que fue seguida del «If There’s a Heaven Above» de los Love and Rockets. Como buen DJ de la época, tiró de versiones maxi como era frecuente en los ochenta. Escuchamos también un tema del gran Jah Wobble con sus Invaders of the Heart, el «Ich Will Dich Essen» de Ledernacken, temazos como el «Stainless Steel Providers» de los Revolting Cocks y el «Ecstasy» de los Killing Joke. En esos momentos saludamos a Rene Hulbosch y Alexandrina Alves de la banda belga Struggler, que vinieron a la Batcave a bailarse unos temas. Sonaron también los grandes Pink Turns Blue y uno de los primeros temas de EBM hechos en España, el magnífico «Ultraviolencia» de Kalashnikov. Otro guiño que hizo a la electrónica española fue cuando pinchó el tema de Jah Wobble junto a Jaki Liebezeit y Holger Czukay que sirvió de inspiración para el «Es Imposible, No Puede Ser» de nuestros Megabeat. Waje realmente consiguió transportarnos a los ochenta, nos sentimos como si estuviéramos en la Batcave original o en cualquier discoteca de la mítica Ruta del Bakalao. Durante hora y media nos recordó qué fascinante y original fue la música de baile de esos años. Impresionante.

La actuación de Waje formó parte del Ombra Showcase que el festival barcelonés se marcó esta edición. Os recordamos que podéis escuchar tanto la sesión de Waje como la siguiente realizada por Ed Warner en nuestra sección de Mixes. Como ya os contamos, Ed además de colaborar con Ombra es el jefe del sello M.U.S.A, del que hace poco compramos la referencia de Spoiled Drama. El DJ catalán recogió el testigo de Waje con una sesión de selectos temazos ochenteros en la que demostró su amplio conocimiento de la música de la década. Vimos el comienzo de la sesión, con el «Feel the Beat» de F-15, el «Kunst Und Wahnsinn» de Pankow y el «nGUU (Petite Fugue)» de los belgas à;GRUMH… Pero bueno, como comenté podéis escuchar toda la sesión en la pestaña correspondiente. 

Mientras, en el escenario grande tocaba Websfeer, una banda de versiones a las que vimos en el W-Fest del 2021 y que además se encargaron de cerrar el anterior Sinner’s Day.

Así que el primer concierto que vimos fue el del legendario músico Dirk Ivens que tocaba con su proyecto Dive, que para la ocasión contó con Jan Dewulf (Diskonnekted, Mildreda y Your Life on Hold) a los teclados. Por Ivens no pasan los años y de nuevo nos hechizó con la tremenda intensidad que transmite él y su música. Centró su actuación en su último disco el Where Do we Go from Here? que presenta una bellísima foto suya tomada por Patrice Hoerner, cuyo material embellece además esta reseña. De ese disco rescató el tema «Death Machine», con el que comenzó, y que fue seguido por una composición del anterior disco, Underneath, que también vimos presentar en otro festival de los mismos promotores. Dirk Ivens nos llevó de la mano por un magnífico viaje por la electrónica más arriesgada y apasionante. Sonó la minimalista, dura y potente «Something», una fantástica «Leave Me Be», una durísima versión del «Blood Money». Disfrutamos de los sonidos industrial de «Power of Passion», flipamos con el «Wheeping in the Dark» y miró al pasado para rescatar el clásico de Klinik «Pain and Pleasure». El concierto terminó con «Let Me In» y «Sacred Skin», dos absolutos temazos sin paliativos. De lo mejor del festival.

Los siguientes en aparecer sobre el escenario fueron la banda de punk clásico belga Red Zebra. Por una cosa o por otra, cada vez que hemos ido a un festival de estos patrocinadores, ya sea W-Fest o Sinner’s Day, siempre hemos visto a Red Zebra y esta era ya nuestra quinta vez. Pero bueno, no nos quejamos porque es una formación que siempre disfrutamos. Como novedad contaban con nuevo guitarrista. La línea de bajo de «Agent Orange» nos avisó de que el concierto empezaba. La banda de Peter Slabbynck publicó sus primeras obras a comienzos de los ochenta y ya en esos discos mezclaban su peculiar humor belga con el sentimiento de la época. Así, se puede percibir algo de miedo y paranoia en «The Ultimate Stranger», el tema que siguió, que además cuenta con unas guitarras que no hubiera desentonado en PIL.

Continuaron con su setlist repleto de temas que ya conocía bien el público: «T.V. Activity», «Shadow of a doubt» tocada como siempre con un snippet de «This is not a love song» de, como no, PIL. Durante la clásica «I am falling Apart», Peter enseñó su camiseta en la que se leía «We re all going to die». Siguieron con su gran éxito, «I can’t live in a living room», momento muy celebrado por el público. «Innocent People» nos hizo centrarnos en su maravillosa línea de bajo mientras en «Man comes from ape», Peter sacó un plátano que se comió mientras cantaba. Como fan de The Sound, disfruté muchísimo su versión del «Winning» y terminaron con la fantástica «The Art of Conversation». Muy bien como siempre.

Nos sentamos un rato y cuando miramos al escenario, nos encontramos que lo presidían tres ataúdes. Solo había una banda que podía tocar ahora: Nosferatu. Como toda banda que precie la influencia de los Sisters of Mercy venían con baterías programadas y listos a recompensarnos con casi una hora de puro rock gótico. Comenzaron con «Darkness Brings» que fue seguida de «The Gauntlet». Aunque brillaba la luz del día, supieron envolver en oscuridad sus temas, como «Abominations». Tras «Wiccaman» presentaron un nuevo tema que tenía un sonido gótico muy clásico y que respondía al divertido nombre de «Four weddings and a vampire». El nuevo cantante Tim Vic se desenvolvió muy bien en temas como «Alone», mientras que Damian Deville demostró ser un gran guitarrista. Terminaron con «Witching Hour», una buena forma de acabar este homenaje al rock gótico.

Llegó la hora de uno de los platos fuertes del festival: The Stranglers habían dado uno de los mejores conciertos del festival antes de la pandemia y aunque ya no contaban con el teclista clásico ahí estaban para mostrar que son una banda simplemente infalible. El bajo de Jean-Jacques Burnel tiene un papel primordial en el sonido de la banda y lo mostraron desde el comienzo, con una potente «Toiler on the Sea». Siguieron con temazos atemporales como «(Get a) Grip (on Yourself)» o «Something Better Happen», esta cantada por Mr. Burnel. Baz Warne, el «nuevo» cantante demostró un gran sentido del humor en todo momento, ya fuese saludando al público con un «Goood evening, France» o bromeando sobre los que seguían el concierto desde el escenario VIP. Como tantas bandas que vimos en el Sinner’s Day, The Stranglers cuentan con una serie de canciones incontestables que junto a la impecable ejecución de la banda hacen que su actuación en un festival siempre sea un acierto. Siguieron demostrando su maestría con «Nice ‘n’ Sleazy», el éxito «Always the Sun» y una «Golden Brown» que todo el mundo reconoció desde la primera nota. Los clásicos siguieron en la forma de «Peaches», Jean-Jacques Burnel se puso a la voz de nuevo durante «White Stallion» y demostraron seguir en perfecta forma y desprender una energía increíble con «Hanging Around» y «Tank». «No More Heroes» fue el broche de oro a otro de sus grandes conciertos.

Si antes comentábamos que no había mucho público, podemos asegurar que una buena parte de los asistentes estaban ahí para ver a Stabbing Westward. A mi lado, a la izquierda del escenario, había un grupo que se sabía todos los temas y que estaba viviendo el concierto de su vida. Como hijo de los noventa, conocí a la banda en su época y siempre me gustaron, así que poder verlos aquí tras casi 20 años sin pisar Europa era un gran alicientep para acudir al festiaval. Abrieron fuego con un tema moderno «Damaged Goods» que forma parte de su Chasing Ghosts. La banda sonó como un tiro y tuvieron un volumen atronador que ayudó a que nos metiéramos más en el concierto. Durante «Falls Apart» era evidente que no solo el público disfrutaba, la banda se notaba que lo estaba pasando bien. Siguieron con «So Far Away», el momentazo de «What do I have to do» y una gran versión del «Burn» de The Cure. Christopher Hall, el cantante se dejó la piel en cada interpretación, pero especialmente en «Dead and Gone». Tras todos estos años sigue en una gran forma vocal. Sin duda, un momento que el público no olvidará fue cuando durante «The Things I hate» se bajó, primero por un lado del escenario y luego por el otro y cantó junto a un extasiado público. Terminaron con una potente «Shame». Valió la pena esperar estos años.

No estamos seguro de lo que vimos en Aesthetic Perfection así que preferimos no dar nuestra opinión de su concierto. Simplemente comentaré que dieron un buen espectáculo con los tres miembros de la banda disfrazados. Comenzaron con «Gods and Gold», tocaron algunos de sus últimos singles como «Sex» y «Automaton», la gente bailó con «Antibody» e hicieron alguna parada en sus discos A Violent Emotion y Blood Spills Not Far From the Wound.

Tras la pausa para cambiar el equipo aparecieron Merciful Nuns, la banda que tiene el concepto más complejo del rock gótico. Si te gusta esta música por la profundidad, es difícil que encuentras a una banda que llegue más lejos que los Nuns, ya que sus letras y toda su imaginería siempre tienen varias capas de significado. Aun así sus conciertos, aunque densos son completamente disfrutables.

Ya con la oscuridad necesaria apareció el trío que, como Nosferatu anteriormente, llevaba la batería programada. Comenzaron su set con la atmosférica «Kvultan: The origin», un tema potente y repleto de guitarrazos. Continuaron con la épica de «Blue Lodge». Nos recordaron su amor por The Sisters of Mercy con «Body of Light» y volvieron a la épica con «Karma Inn», un tema con un gran riff de guitarra. Si hablábamos de épica en el tema anterior, «Broken Column», fue eso mismo y más. Llegó un momento más atmosférico con «Black Halo» y nos dieron una clase de rock gótico con «Allseeing Eye». La intensidad alcanzó su crescendo con «Down Dark Hallways» y nos maravilló el bajo de «Eternal Decay». Tras un corto discurso tocaron la solemne «The Pyramid» como gran final.

La guinda final al festival y una de las, para el que suscribe, citas ineludibles del año era poder ver la vuelta de Aroma de Amore tras su parada en el 2016 en lo que además iba a ser el último concierto de la banda. Tristemente a esas horas ya no éramos muchos, ya que la gente tenía que trabajar al día siguiente y el festival se quedó un poco desangelado. Aunque la banda no se desanimó por ello y dio uno de los mejores conciertos de todo el Sinner’s Day. Aparecieron en formato quinteto, con saxo, dos guitarras y bajo. Empezaron con el rock anguloso de «Overleven», y siguieron recorriendo su discografica con temas mas funky como «Een hoofd in de supermarket», la nerviosa «Het gestich» con papel importante del saxo, la potente «Een Taal Is Een Stripverhaal», el lento e intenso «Sporen van lisa» con unas guitarras que nos alucinaron. «Plaatsje onder de zon» nos contagió con cierta sensasión de peligro y difrutamos el puro post punk de «De Aarzel». «Nv verdriet» fue presentada como un vals, mientras que «Een Mens Met Een Mes» mes sonó más a rock sofisticado de los ochenta. Tristemente tuvieron que ir terminando ya que la policia habia llegado y obligaron a que la banda dejase el escenario sin poder terminar su set. ¡Cuánta razón tenían Eskorbuto cuando cantaban eso de «Mucha Policía, poca diversión».

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