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Entrevista a UveGraF (1)

por François Zappa

Foto de cabecera: Claudia Alva.

Juan Teruel, conocido también como UveGraF, es uno de los pioneros de la música electrónica en nuestro país, creador del sello Cassettes Proceso Uvegraf desde el que publicó sus primeros trabajos. Hemos hablado con él en una larga e interesante entrevista que os ofrecemos en dos partes. En esta primera parte nos habla de sus inicios en el mundo de la música, a la vez que nos retrata la España de la segunda mitad de los setenta y primeros ochenta.

—¿Cuándo empezaste a interesarte por la música?

—Yo empecé con la música alrededor de los trece años. Tenía una hermana mayor que escuchaba otras cosas, lo que había en aquel momento, españoles, los cantantes típicos, y más tarde el punk. Yo era un poco más díscolo y me gustaban cosas más raras. Cuando tenía trece años o catorce, llegaron a mi colegio unos chavales que eran hijos de militares, yo vivía en la Avenida del Manzanares y ellos en La Virgen del Puerto que era colonia militar. Nos hicimos amigos y empezaron a llevarme a su casa. Estamos hablando del año 70 y tanto. Los hermanos mayores de mis amigos tenían el pelo largo, y llamaban la atención y me empezaron a prestar discos de Tangerine Dream, Pink Floyd, y cosas así. Me llegó el disco Ciclos, basado en las cuatro estaciones, de Los Canarios. Ahí empezó a abrírseme la mente para escuchar cosas diferentes.

Poco más tarde, se empezaron a hacer programas de radio que se abrían a cosas nuevas que llegaban como el punk que estaba empezando, y empecé a contactar con gente como Luis Mario Quintana en Onda 2, una de las primeras radios que ponían músicas nuevas, diferentes. Recuerdo que fui al segundo aniversario de Onda 2 y me encontré a unos tíos que eran más grandes que yo, yo era un crío, que tenían los pelos por la cintura. Me preguntaba qué música escuchaban. Me llegaron programas como el de la Chelito que era una chica fantástica, el de Juanito de Pablos, Champú, peine y brillantina… también estaba el de Julito Ruiz y empezaron a llegarme grupos como The Rezillos, The Ramones, The Buzzcocks, The Undertones. Me gustaba la irreverencia de aquella gente.

Yo me la ingeniaba para llamar a los programas. La Chelito era una tía muy graciosa, yo todavía era menor de edad, y cuando traía un disco sobre una tendencia nueva, tenía casi un pequeño consultorio conmigo: me llamaba y yo le decía lo que me parecía y ella se reía muchísimo porque era la opinión de un crío, totalmente arbitraria. Me ponía un disco y yo le decía: -«No me gusta nada». Y ella contestaba: -«Pero hombre si es tal cantante»… Otras veces me ponía algo nuevo y yo decía: -«Esto va a ser una maravilla». Entonces, hice amistad con varios locutores de radio. También recuerdo que había un programa de Carlos Tena. Se presentaban en España cosas nuevas, yo me dedicaba a todo.

—Editabas el fanzine Mental con tu hermana. ¿Nos puedes hablar un poco de esta época de tu vida? Ya allí hablabas de DAF, Último sueño, y otras bandas que te gustaban.

—Empecé con el fanzine Mental con mi hermana, la directora era ella, era el alma mater. Me han preguntado sobre aquello, incluso en un libro que ha salido recientemente, y siempre he dicho que era ella la que lo hacía, yo participaba. Si es verdad que, si en un momento yo tenía más participación y que la gente se dirigía a mí, es porque ella se marchó a estudiar a Cambridge. Ella me mandaba artículos, pero ella era la que dirigía el fanzine. Yo seguía la cosa, aunque tampoco me volvía loco, algunas cosas sí. Se hablaba más de punk. Yo empecé a meter cosas que eran más mías, Cabaret Voltaire, Test Dept… ella siempre más punk. Llegamos a hacer siete números. Era una época muy de Rockola. Nos llamaban de programas de radio para las presentaciones. Todos los sábados estábamos en el programa de Carlos Tena, me acuerdo de cuando nos llamó para la presentación de Derribos Arias. También cuando Aviador Dro hizo un set y después nosotros les hicimos un díptico.

—Pronto te empiezas a interesar por cosas más experimentales.

—Cuando llegó el programa Club de ruidos, de José Miguel López, el presentador también de Discópolis, me acuerdo de que me mandaba un chofer de la radio. Me lo mandaba a casa a recogerme. Imagina yo era un chaval, y venía a recogerme un tío con un traje negro, con gorra. Mi madre empezó a preguntarme si estaba metido en algo raro. Empecé a investigar, empezó a cansarme esta historia de la movida. Porque algunos llevábamos desde el comienzo de todo, pero empezaron a llegar los reenganchados, y a hacerse los importantes. Ya sabes, a veces llegan los listos de turno y se quedan con la historia. Me empecé a interesar por la otra movida, la contra movida, Grupos más oscuros, diferentes, electrónicos. Dejé cosas que no me habían interesado realmente nunca, la parte más pop.

—Por esa época empiezas a viajar a Londres a pillar discos, ¿verdad?

—Mi padre trabajaba en la Fuerza Aérea Española y empecé a pedirle billetes gratuitos. La primera vez que llegué a Londres era menor de edad, iba con mi hermana. Recuerdo haber llegado a las tres de la tarde, en invierno, y nos encontramos que era noche cerrada. Y no habíamos cogido ni hotel ni nada. Imagínate a las cuatro o cinco de la tarde, sin tener donde dormir y unas gentes muy sospechosas, que nos miraban. Estábamos un poco asustados y con el dinero que teníamos metido en el bolsillo. Nos miraban con una cara diciendo ¡qué huevos esta gente de andar por aquí! Estábamos mirando un escaparate y se pusieron a nuestro lado unas chicas, que resultaron ser andaluzas. Les preguntamos si tenían hotel y nos fuimos con ellas. No había habitación libre, pero como tenían una habitación muy grande, nos quedamos con ellas. Al día siguiente nos dieron una habitación y estuvimos una semana.

Fueron tiempos de pateo por Londres, mi hermana se iba por un lado, yo por otro, buscando discos. Por la cuestión del dinero muchos tramos nos lo hacíamos andando: salíamos a las ocho de la mañana y volvíamos a las seis, comiendo en un Fish and chips. Me metía en las tiendas de discos, en las de Our Price y ese tipo de cosas y me ponía a mirar discos y me tenía que decir el de la tienda, -«oye que vamos a cerrar», y yo miraba el reloj, y decía -«hostias, las seis de la tarde, se me ha olvidado comer». Pillé cosas a precios increíbles como los primeros discos de Joy Division.

—¿No te resultaba muy caro el Londres de la época?

En un segundo viaje me di cuenta de que se vendían bien las chapas. Había en Portobello una tienda llamada Better Budgets, de uno de los tíos de The Electric Chairs, punks salvajes, muy oscuros y guitarreros. Me empecé a hacer amistades no muy ortodoxas. Me llevaron a conciertos, uno de ellos de los Virgin Prunes que a mí no me gustaron nada, un rollo raro, mucho humo en el escenario, muchos camisones rotos, mucha sangre pintada, mucha gilipollez y poca música. Pero sí vi cosas que me gustaron mucho, como PIL. Fueron años increíbles. Me cogía las listas de conciertos de revistas como Melody Maker, Sounds, NME y me iba a conciertos de bandas con nombres impronunciables. Ya mi hermana estaba en Cambridge y nos veíamos en algún viaje con Diego A Manrique, que iba a pillarse discos, me encontraba a Rafa Abitbol. Esta gente tenía diez o doce años más que yo, del orden de 26-27.

Vi la posibilidad de rentabilizar mis viajes, comprando cosas allí y vendiéndolas en Madrid. Y del Better Budgets empecé a traerme chapas en bolsas de deporte, me traía tres o cuatro mil chapas. Una vez me pillaron mangando, y el dueño de la tienda, con la flema inglesa me pilló metiendo en el bolso abierto una palada de chapas. Me dijo: -«cuando termines pasa por caja y te marchas». Me cobraron nada más que las que llevaba, no me hicieron pagar por las que me había guardado. Una educación tremenda a pesar de que ya en aquellos tiempos, estaba super chungo lo de mangar. Pero eran cosas de juventud.

Fueron tiempos apasionantes, con lo que compraba en Londres, puse un puestecito en el rastro. Cuando regresaba de Londres, el domingo, después del rastro, me iba a casa y empezaba a poner el dinero sobre la mesa, y exclamaba: -«¡He hecho cuarenta mil pesetas!». Entonces, mi padre decía: -«tenemos que vigilar al niño, debe estar metido en la droga». Yo le decía que no, que había pasión por esas cosas. En el puesto que tenía, me llegaron a comprar las gafas de sol que llevaba puestas, pujaban por ellas, por los zapatos que me había traído, unos con un poco de plataforma, como los de gamuza azul, pero en negro, muy llamativos. Con lo que traje para vender, me sirvió para comprarme mi guitarra eléctrica.

—También formaste parte de una banda ¿verdad?

En el rastro conocí a un montón de gente, son los años que conocí a Alaska, a un tipo llamado el Reseta, un tío muy interesante en aquel tiempo, con el pelo de punta. Conocí gente para hacer mi grupo, un chico que se llamaba Luz y otras personas con las que formé Scuba Scuba, pero al cabo de un año me deslingué del grupo porque empezaba a tomar derroteros que a mí no me interesaban. Más rockistas. Yo quería hacer música oscura: vi una actuación de uno de los grupos paralelos de Eduardo Benavente, que se llamaba Control, eran voz, bajo y batería. Me gustaban este tipo de cosas, diferentes. Nunca me gustaron cosas como Ramoncín que decía que era el rey del punk, no tenía conocimiento de bandas como Ñu, Asfalto, que conocí luego. Yo no iba por ahí, no es una falta de respeto, solo desconocimiento, yo empecé con otras cosas.

Mi padre era un enamorado del flamenco y le hubiera gustado que yo fuese un flamencólogo. Yo por entonces compraba los primeros discos de Esplendor Geométrico y Aviador Dro y él decía: -«¿pero esto qué es? Un tío gritando, ruido». -«Pero papá, yo escucho las letras de tus canciones y en el 70% son Ay Ayyyy y hablan de cuando salieron de la mina, es que no lo entiendo, no es mi generación». Cuando, años después he tenido a mis hijas, comprendo que les guste cosas distintas, a uno le gusta el reggaetón, a mí no, pero lo comprendo. Vi a los Test Dept en el instituto de arte contemporáneo, el primer concierto que dieron, Actuaban antes un grupo aborigen muy interesante, pero muy snob. Fue la primera vez que vi a un grupo de pibes con el torso desnudo, pegando palos a amortiguadores, a piezas metálicas y eso me interesó muchísimo, llegaron un montón de gente, SPK… Luego he visto en Eurovisión a un grupo haciendo algo similar, dándole a bidones, ¡en el 2013! Descubrí un montón de cosas, tengo una colección de discos tremendas.

—Sacaste el recopilatorio Conspiración de 1986 donde incluyes a otros artistas como Esplendor Geométrico, ¿que nos puedes contar del disco?

—Cuando decidí sacar este disco Conspiración, ya estaba metido de lleno en mi cosa de la música electrónica. En aquellos tiempos ya estaba en la universidad y vendí mi coche, un Ford Fiesta con el que iba a clase. Lo vendí para grabar el disco. Me compré un Korg Polysix que me costó, en aquellos tiempos, 80 mil pelas, carísimo. También un magnetófono, un Teac 3440 para grabar e intercambiaba delays y efectos de sonidos con amigos. Conocía a Andrés y a Esplendor que los había visto en alguna actuación ya, y quería hacer un recopilatorio de lo que consideraba lo mejor que había en Madrid en aquel tiempo. Lo hice con todo el esfuerzo que te puedes imaginar, busqué un estudio, que era de Félix Arriba, el batería de Pekenikes, de los pioneros del rock en España. Eran un grupo adelantado a su tiempo. Fue una experiencia fantástica. A todo el que podía me lo llevaba al estudio a grabar, pero claro, yo estaba perdido. Me puse a grabar este disco con mis amigos, los metí a todos en el disco. Pero cuando llegó la hora de editarlo, no tenía compañía discográfica. Llegó un momento en el que vi que necesitaba sello, contacté con un montón de gente que me dijo que era muy complicado. Como Andrés ya había editado algunas cosas, le dije que solo me quedaba él. Y él se lo comentó a Gabriel con el que llevaba Discos Esplendor Geométrico y era uno de los miembros iniciales de Esplendor Geométrico. Al final salió bajo licencia de Discos Esplendor.

El tirón de Conspiración fue tremendo, porque había un fanzine, que yo seguía mucho, para mí el fanzine de los fanzines, que se hacía en Vancouver,  Canadá por Alex Douglas, llamado C.L.E.M (The Contact List of the Electronic Music) que ayudó a que el público supiese de su existencia. Gracias a él, podías conocer a grupos de aquí, de España, como El internado, La otra cara de un jardín, 32 Guájars, Fáragüit, cosas anteriores de electrónica como Neronium. Entonces de aquel disco empecé a recibir pedidos de Australia, de Chile, de Estado Unidos, de Islandia. Me tenías en correos todos los días, era maravilloso. No existía internet, y lo que la gente hacía era mandarte el dinero, o bien por giro o metido en un sobre, imagínate eso hoy en día. Hoy no llega.

—Con tu nombre verdadero (Juan Teruel García) publicaste Neuma en 1986 (o 1985), ¿por qué no como UveGraF?

—Yo quería llevar dos líneas completamente diferentes porque me gustaban muchas cosas distintas. La línea de UveGraF quería que fuese más bestia, un poco más ruidista si se puede decir así, más mecánica. Más Esplendor Geométrico, más SPK, más Test Dept y la parte de Juan Teruel quería que fuese más elaborada, más kraut, y más electrónica. 

—¿Cuáles eran/son tus influencias? Creo que tanto Throbbing Gristle como Chris and Cosey te gustan bastante, ¿verdad?

—Me había comprado el Korg y quería emular a grupos que me gustaban por aquel tiempo, a Clock DVA, Cabaret Voltaire, Throbbing Gristle. La actuación del otro día me recordó esas actuaciones clandestinas de Throbbing Gristle. Cuando me fui desvinculando del punk me di cuenta de que había gente más punk, que era más salvajes. Los TG eran más bestias que los Sex Pistols, estos seguían actitudes más rockistas, sus temas eran los tres acordes del rock ‘n’ roll. Era cuestión de actitud. De TG salió Psychic TV y Chris and Cosey que los he seguido toda mi vida. Con Cosey me sigo escribiendo después de treinta y tantos años, todavía me manda cartas en papel cuché donde está su figura y ella escribe en un lateral. Me gusta toda la carrera que han desarrollado, hasta lo hecho ahora como Carter Tutti. Son fantásticos, en el anterior concierto que hice, en el Rockola, toqué un tema que está basado en el «Impulse» de Chris and Cosey, es un tema que ha escuchado poca gente pero que a mí me encanta.

—Mencionas el concierto que has dado hace poco. Creo que solo has dado tres conciertos en Madrid (uno en Rockola en el 2017 y el último recientemente en Rara Avis), ¿cuál fue el primero? ¿En el Chaminade en el 86? Hay grabación, ¿verdad?

El primer concierto fue en el Chaminade, hicimos varios días, creo que tres. Fuimos a tocar un día, se llenó, la sala era bastante grandecita y decidimos hacerlo más días. Fue alrededor del 86, tocamos tres personas y fue fantástico. Tocábamos los tres, no es que tocasen conmigo, tocábamos en igualdad de condiciones. Lo grabé con el Teac, y he pensado en editarlo. Lo he hablado con uno de ellos y me ha dicho que no hay problema. Pero el otro es más difícil de contactar porque es un gran cirujano hoy en día, supongo que tendría su permiso. Pero antes de eso, suponiendo que lo saque, quiero sacar mis trabajos como Juan Teruel y como UveGraF, las casetes que hice. Tuve algún contacto hace un par de años con gente de Barcelona para que me las sacara, pero se perdió ahí la oportunidad, pero creo que lo voy a hacer yo. Las condiciones que me ofrecían tampoco eran muy interesantes. Al final lo voy a editar yo, voy a tener más cuidado con la masterización y con el formato para que sea lo más fidedigno posible a como fue entonces, no quiero que me saquen una portada que no tenga nada que ver.

—Ese mismo año, 1986 editas un recopilatorio, CPU Muestra, con temas tuyos. ¿Fue esta la última referencia?

—Lo sacamos todo al tiempo, las cuatro casetes, dos de mis proyectos y luego un recopilatorio por si alguien no tenía dinero, había mucha gente joven comprando estas cosas que no tenía dinero para comprarse los cuatro casetes y podía comprarse uno donde tenía una muestra de los cuatros.

—¿Por qué dejaste de editar música después de esto?

—Quería hacer muchas cosas, pero en aquel tiempo ya se me iban echando los años encima. Yo estaba estudiando en la universidad y había que buscarle una salida a mi profesión. En un momento, hablando con mi familia, tuve claro que no tenía más dinero para seguir haciendo discos y necesitaba buscarme una vida, ya con veintitantos años. Mi madre me preguntó qué quería hacer en la vida y yo le dije que quería hacer la música que a mí me gustase, independientemente de si se vendiese. No quería ser un cantante como Luis Miguel o Raphael. Lo mío era la electrónica. Entonces me dijo que estaba claro, que para poder desarrollar la carrera que a mí me gustaba, tenía que buscarme las habichuelas en otra parte.

Anteriormente, cuando estaba en el fanzine, me ofrecieron la dirección de una revista, el boletín informativo Discoplay. Me ofrecieron llevar ese tema, conseguí el puesto, y en él estuve un año y pico. En el año 84 mi primer sueldo era lo que ahora sería 1 000 euros. Me hicieron un contrato estupendo. El director de aquella empresa le dijo al director de publicidad -«quiero a ese». Y yo me dejé querer, en aquel tiempo, por el dinero, aunque desarrollaba mi trabajo de la forma más honestamente posible. Tenía que hacer comentarios de los discos. Recuerdo que acompañé al director de la revista a hacerle una entrevista a Miguel Ríos. Incluso aunque no se vendía la música que a mí me gustaba, llegué a meter un artículo sobre SPK, Test Dept, y esas bandas. El director me preguntó que para qué servía eso, que no vendían nada de esa gente. Pero le dije que había gente que se empezaba a interesar por eso, con eso íbamos a ser más modernos, íbamos a abrir caminos, siendo los primeros en hablar de ese movimiento. La empresa acabó viniéndose abajo. Éramos 70 trabajadores y el tío de un día a otro duplico la plantilla. Pensaba que con el doble de gente iba a vender el doble. 

—¿Cómo era la escena industrial en Madrid en los ochenta?

—Cada uno por su camino, lo que pasa, es que era más auténtico. Ahora hay internet, pero la gente da muchos palos de ciego. Lo bueno ahora es que vas a los conciertos y hay mucha gente. En esos tiempos había cosas curiosas, recuerdo que Esplendor tocaba en sitios, a veces era uno, a veces eran dos, otras tres… Recuerdo una actuación que hizo Arturo solo en el Espacio P de Pedro Garhel, con una performance antes de Eva Liberten. Eran tiempos apasionantes. Ahora para mí es un rollo extraño. Yo he vuelto después de trece años en Moscú y me encuentro raro, no me termina esto de gustar mucho. Evidentemente para mí son referencias mis amigos de toda la vida como Andrés de Rotor. En los últimos años he conocido gente fabulosa con una actitud muy valiente como Jorge de Rara Avis.

Pero es una historia muy rara. Hemos vuelto después de tantos años en Moscú y nos preguntan en las entrevistan si he vuelto a hacer música. Yo no he vuelto de nada, no he dejado de hacer cosas, es una trayectoria siempre igual. Aquí en España ha habido un silencio, sí. Yo me fui por trabajo allí, necesitaba dinero, hacía mis cosas paralelas. Para hacer un vinilo necesitas 1 500 euros, eso es dinero para un chaval que no tiene trabajo.

—Después vas repartiendo temas en varios recopilatorios: «Área Popular» (Rythmetic), «Exangüe» (Luna y panorama de los insectos), «Posición Eje A Tabo O.I. 100» (Necronomicon 4) y «10000 Visiones Del Dr Castroviejo» (Total Beat Factor). Parece que había cierto interés por tú música, también fuera de España, ¿verdad?

Mucho más interés que aquí. Tristemente. Lo más de lo más de la electrónica, es que te venda aquí en España 500 o 1 000 discos. Para mí no deja de ser una pobreza intelectual. ¿Te parece normal que alguien que lleve una carrera de tantos años, desarrollando su música, tenga que hacer una tirada de 500 discos? Y se vendan eso o 700, cuando en un país normal lo normal es que se vendiera diez veces más, que tampoco es tanto. ¿Ves normal que en España no haya un programa de música decente? Me parece que hay solo uno en la 2. El otro día vi una entrevista de una chica babeando mientras le hacía unas preguntas a un grupo australiano. ¿Por qué no os preocupáis en buscar lo que hay aquí? Antes, había programas como el Popgrama, la Edad de Oro…

—Estuviste invitado varias veces en la Edad de Oro ¿verdad?

Estuve varias veces, sí. Vi a Cabaret Voltaire, a Psychic TV, que no me parecieron gran cosa, creo que a SPK también. La parte que no me gustaba era la parte más cultural, de gente que si pintaba, que si no sé qué. Al programa se le iba la cabeza en ese momento. Entiendo que quería abarcar más cosas.

—Tanto el nombre de la banda como los primeros temas hacen referencia a operaciones del ojo. ¿Alguna razón para elegir esta temática?

Yo es que tuve una operación experimental, me ofrecí para me pusieran una lente intraocular. Lo horrible es cuando te tienen que quitar del ojo, después de un tiempo, los puntos con una pinza. Siempre he tenido problemas con la vista, siempre he ido al límite de la graduación de las lentillas, en las aulas de la universidad me tenía que poner en la primera fila. Aquello me iba marcando. Yo siempre he estado estudiando sobre cosas de la vista, leía todas las revistas que caían sobre oftalmología. Además de miopía, tengo diplopía, que consiste en que cuando los ojos se focalizan en un objeto, después de diez segundos mirando, un ojo se va y ves doble. Estaba sufriendo eso y les puse esos nombres a mis temas. «Posición Eje A Tabo O.I. 100»,  «10000 Visiones Del Dr Castroviejo», que tenía un banco de corneas y había operado, con éxito a 10 000, le había devuelto a vista a tantas personas, me parecía un tipo fantástico. Todo el tema me fascinaba y me horrorizaba. Por eso mis temas hablan de ello.

—Como decías antes, por esa época te vas de España, ¿verdad?

—Me surgió la oportunidad de trabajar en Alemania y allí me fui. Hacía mis pequeñas cositas, pinchando electrónica. Luego la empresa me trasladó a Bielorrusia. Es un país muy pequeñito, mucha miseria, gente muy trabajadora. Un régimen, y más hace unos años, super comunista. Luego me fui a Ucrania que pasaba más o menos lo mismo, pero que me gustó más. Más al sur, más alegría de vivir. Me casé en un pueblo al oeste de Kiev, Ternópil con una chica que era pianista que conocí allí. Luego, la empresa me llevó a Moscú, donde viví 13 años muy feliz, me casé de nuevo y tuve dos hijas. Mi idea era de venir a España de vez en cuando.

—En uno de tus viajes a Madrid es cuando tuviste tu accidente de moto, ¿verdad?

Uno de mis temas habla de ese accidente de moto. Volví a la vida después de dos o tres días, después de una larguísima operación de siete horas. Reventé una rueda trasera a 270 Kms por hora. Estuve un año, prácticamente encerrado en casa. Se me quedó la vista fatal, tenía problemas con los oídos, me reconstruyeron la nariz completa, el paladar, las costillas rotas. Un año que pasé horrible.

Tengo un tema, «Mi propia zona muerta», muy bestia que habla de la vida que vivía antes y la de después del accidente. Para mí es como si, en vez de haber estado un año fuera de la vida real, es como si hubiera estado diez o quinces años. Como si despertara después de quince años y todo el mundo tiene teléfonos móviles, internet. Todo es una suposición, imagino todo aquello y no entiendo a la gente. No saben de nada y hablan de todo. En vez de investigar sobre música, se preguntan -«¿quién entiende?» -«Este, bueno pues le sigo». No buscan las fuentes, siguen al que lo promociona. Cuando ves un concierto de alguien interesante, y está lleno, te preguntas cuántas de estas gentes saben lo que están viendo. Alguien los ha traído o han venido porque un amigo les ha dicho…. Un concierto interesante de hace poco, los Severed Heads, vi a mucha gente de entonces, y a muchos otros que van sin tener ni puta idea. Y al día siguiente los ves en un concierto de Operación Triunfo.

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