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Entrevista a Nöle (I)

por François Zappa

Nöle es un nombre que le será familiar a todos los amantes de la electrónica oscura de Madrid y del norte de España. DJ, promotor de las noches Bizarro, productor y dueño del interesantísimo sello Barro, Imanol Martínez Pagola es el ejemplo de artista que consigue todo lo que se propone. Pinchará junto a algunos de los mejores productores del momento en el festival catalán Ombra, que tendrá lugar en Barcelona entre los 26 y 28 de noviembre. 

—Tus comienzos fueron dentro del punk, ¿verdad? Estuviste en una banda llamada Tifus. ¿Qué nos puedes contar de esos tiempos?

—Sí, toqué en varias bandas y con la que más ruido hicimos fue Tifus. Fueron mix primeros inicios antes de meterme en la electrónica. De eso hace 20 años o más. 

—¿Fue el punk entonces tu primer amor musical?

—Sí, y lo sigue siendo. Era lo que tenía más cercano, ya que mi hermano escuchaba mucho rock y también mis amistades. Al principio, era más rockero pero luego descubrí el punk. Me junté con varios amigos y formé mi primer grupo llamado Mentira Puta. Yo era el segundo vocalista y tenía miedo escénico. Solo tenía 15 años o 16 y cantaba de espaldas al público. 

Luego creé Tifus con dos colegas. No tenía ni idea de tocar el bajo pero me compré uno y dije: -“Vamos a montar un grupo que se llame Tifus“. Me ponía casetes de Eskorbuto y cosas así fáciles en casa y sacaba todo a oído. Y sigo haciéndolo.

—Hiciste un remix para el 30 aniversario de la banda de punk madrileña TDeK. ¿Cómo surgió la historia? ¿Fue una forma de cerrar el círculo?

—En el 2016 fue el 30 aniversario de TDeK., una banda que amo. Ni a ellos ni a Espasmódicos en el norte se les conocía mucho porque allá la gente escuchaba sobre todo lo que era punk vasco, como Eskorbuto o Rip. Muchos grupos madrileños habían quedado eclipsados por la movida madrileña, pero yo sí que los conocía. Un día, Magüu, el batería, al que seguía por Facebook, me escribió y me dijo que estaban interesados en que les hiciera un remix. No había producido nunca, aunque estaba empezando con el Ableton a hacer mis cosas, pero no tenía ni puta. Per para mí, era como si Metallica me lo hubiera pedido. Era algo muy importante ya que era una banda que había escuchado toda mi vida. Me dijo que cogiese el tema que quisiera y que lo destrozase. Eso sí, no me podían pasar nada porque en la época no grababan por pistas. No me podían pasar ni las voces ni nada y tuve que crear todo desde cero.

Me acuerdo de volver de un pueblo de pinchar en Navarra y me dije -“Tengo que hacerlo hoy”. Encendí el ordenador, abrí una botella de vino y lo hice. Grabé las voces y todo sin tener ni idea. Enchufé el micro que me habían dejado en el ordenador, aunque no tenía ni tarjeta de sonido. Lo grabé todo yo y lo distorsioné todo lo que pude. No pude coger nada de los elementos de ellos y por eso no meto la letra solo canto lo de “sierras eléctricas” y nada más. Lo hice así, para no tener que meter todas las voces porque ya habría que editarlas, cosa que no sabía hacer y no tenía gente cercana que me pudiera ayudar. Aunque tampoco soy de pedir muchas ayudas.

Lo que salió se lo pasé a Magüu y me dijo que era espectacular. Yo estaba contentísimo.

—¿Cuándo empiezas a interesarte por la electrónica?

—La detestaba, porque todo lo que me llegaba era música comercial, ya que solo conocía lo que sonaba en algunas discotecas en Navarra. Y pensaba que era todo bronca y un ambiente chungo.

El culpable de mi cambio de pensar fue el guitarra de Tifus, mi amigo de toda la vida que, aunque no le importaba la electrónica se iba de rave todos los findes. Y me decía: -“Vente que te lo vas a pasar bien”. Y yo que no, que no iba a escuchar bacalao. Al final, un finde tuve que ir porque era su cumpleaños. Cuando llegué, estaban poniendo muy buena música, electro y techno, sobre todo francés. Por la cercanía, muchos colegas iban a comprar a tiendas de Francia. Ponían buen material y, en ese sentido, he tenido muy buenos mentores musicales. Al principio estaba a regañadientes, pero luego me di cuenta de que no estaba lejos de lo que me gustaba a mí, el punk. Porque pinchaban al Anthony Rother de la época, un rollo tipo electroclash pero un poco más duro. Era punk pero pasado por la electrónica. Como me fijaba mucho, mis colegas me decían: -“Vas a acabar pinchando” y yo les respondía que antes me cortaba las venas.

A raíz de eso, como soy un culo inquieto, me pillé unos Technics y empecé a comprar un montón de discos ya que solo tenía punk, rock y hardcore. Pinchaba con el amplificador del bajo en una bajera enchufada y con una mesa de mierda. Ponía los discos y los intentaba empalmar sin cascos ya que todavía no tenía y pasó un tiempo hasta que me los pude comprar. 

—¿Cuándo empezaste tu carrera de DJ?

—En poco tiempo, empecé a pinchar en las raves. Yo llevaba ahí desde el viernes, y cuando habían pinchado todos los veteranos, ya el domingo a la noche, pinchaba yo. Para que la gente no me echase la bronca me ponía la L del coche, de novato. Luego me empezaron a llamar, al principio en bares. Por ejemplo, cuando llegaban Sanfermines, pinchaba cinco noches en bares y sitios pequeños. Y más tarde empecé a pinchar en discotecas. Fue todo muy poco a poco y también sin buscarlo.

—¿Qué nos cuentas de tus tiempos en Txuribeltz y Pagoa? Siendo de Madrid, toda esa escena no la conozco demasiado.

—Txuribeltz fue antes de Pagoa y era un pub con unos cuantos DJs. Fueron mis verdaderos inicios ya que las raves eran algo muy alternativo y en estas dos salas, ya estaba de cara a un público al que no conocía. En el Pagoa, empecé también como promotor, me dejaron hacer una fiesta que organizaba con Iker Allo, un amigo mío del norte. Del Pagoa, acabé también de residente. Txuribeltz está en Pamplona, pero en cambio Pagoa está en Oiartzun, Guipúzcoa y fue una sala muy mítica. En YouTube, hay un montón de vídeos. Hay sesiones mitiquísimas… Ha estado incluso Richie Hawtin pinchando discos acid. Mulero tenía una residencia allá, e incluso hay una sesión mítica del Dr. Smoke de cinco horas en la que pone desde los Boards of Canada a Boris Divider

Fue una sala mítica, aunque yo estuve trabajando cuando ya estaban un poco en decadencia. Por eso me llamaron. 

—¿Qué artistas trajiste?

—Un poco de todo. Desde Industrialyzer, Exium a Mike Humphries y The Horrorist, que era la primera vez que estaba en el norte y creo que fue la más potente. Todavía vivía en Nueva York. Hicimos un mini tour que lo trajo a Alemania, Burdeos y luego a Pagoa. Salió muy guay. 

—¿Qué pinchabas en esos comienzos?

—Más techno y electro-techno. Ahora pincho más EBM, pero siempre meto electro-techno, cosas que me molan de principios del 2000 o cosas que son de ahora similares a ese sonido. Siempre he sido también un poco ecléctico, me gusta mezclar un poco de todo: electro, techno, más industrial. Me gustan las sesiones que no son planas, que cuentan una historia.

—¿Cuándo decides venirte a Madrid? ¿Cómo empiezas a pinchar en Stardust?

—Eso pasó justo, en los últimos días de Pagoa. Yo trabajaba en unos negocios familiares, pero esa historia acaba y necesitaba salir un poco de Pamplona que es un sitio muy pequeño. Un amigo, Perdi me decía siempre que me viniera a Madrid y al ver que los negocios se terminan me vine.

Los inicios fueron un poco duros porque no tenía prácticamente dinero, ni paro ni nada. Estaba bastante tirado, y él me dejaba quedarme en la habitación. Empecé en el Random: al principio iba a ser residente mensual, luego ya me pusieron residente todos los sábados. Justo cuando mejor iba, los socios decidieron traspasarlo. Cuando estaba ya con las maletas para volverme a Pamplona, me llamaron para pinchar en Stardust porque falló una persona. Funcionó bien, a mi jefa le gustó bastante, me preguntó si quería volver al mes siguiente y hasta hoy. Ya casi 7 años va a hacer de residencia.

—Como DJ, ¿qué no puede faltar en una sesión tuya?

—No sé, variedad o oscuridad. Al final como residente he tenido que adaptarme mucho al invitado y a la hora. Para un warm up pongo música que me gusta, pero que además creo que tiene que ser adecuada al momento.

—¿Cuáles son tus mejores recuerdos de esa época en Stardust, Zimmer y Dvst?

—Tengo muy buenos recuerdos porque desde el minuto uno confiaron mucho en mí. Al principio, solo cerraba porque en esos momentos no se ponía el techno que se pone ahora, y había otra gente que se encargaba del warm up. Al público, le chocó ver que cerraba una persona que nadie conocía y se pensaban que era guiri. Además, veían la diéresis en mi nombre y pensaban que era de fuera. Me preguntaban: “Where are you from?”  Y yo les contestaba en castellano: -“¡De Pamplona!”.

He actuado con un montón de gente de Paula Temple a Regis. Este último, que me lo esperaba muy frío, ha sido de los pocos artistas de nivel tan alto que se ha despedido después de pinchar, diciéndome además que esperaba que nos viéramos pronto. 

Hemos traído artistas muy buenos. He tenido la suerte de compartir cabina con muchos porque al final estaba yo como residente y era el que más pinchaba. Yo era el más veterano de todos los residentes de la última época.

Tengo muy buen recuerdo de Paula Temple, que me pareció super humilde. Una noche, ella estaba montando el ordenador y la empecé a ayudar. Me miró super agradecida. Otra persona te hubiera dicho: -¡Trabaja esclavo! 

—Me comentaste que para el Aniversario de Stardust trajisteis a British Murder Boys.

—Sí, para la fiesta del 15 aniversario que se hizo en el Jardín Botánico. Fue muy potente. Era el primer bolo de la gira y hubo mil problemas porque Surgeon había tocado la noche anterior en Asturias donde había habido varias inundaciones. Era imposible coger un avión o un tren. Así que se metió en un taxi, se comió seis horas de viaje y llegó justo cinco minutos antes. Karenn, el proyecto que tienen Blawan y Pariah, que tocaba antes, tuvieron que alargar su directo quince o veinte minutos. 

—Si pudieras elegir a un DJ para compartir la cabina contigo, ¿a quién elegirías?

—A Helena Hauff. Para mí es la número uno, pero de lejos. Hasta que salga alguien que la desbanque el trono a Helena Hauff

—¿Cuándo te interesas por el post-punk y la darkwave?

—Me ha interesado siempre la cosa, pero no le había dedicado el tiempo y el interés necesario porque estaba con otro tipo de sonidos. En el confinamiento es cuando le hice más hincapié y empecé a rebuscar y a darle caña.  

—Pinchaste en el Tresor, ¿qué nos cuentas de esa experiencia?

—Fue en 2016, en agosto. Tengo muy buen recuerdo porque me tocó abrir. De primeras pensaba que, en agosto y abriendo no iba a venir nadie. Pero la verdad es que empecé a pinchar a las 2:30 h y solo 40 minutos después, estaba la sala llena. La gente además llega muy pronto a los clubes. Tenía pendiente la segunda actuación en abril o mayo del año pasado, pero no se pudo hacer por la pandemia.

—Participaste en el United We Stream. ¿Cómo fue la experiencia de pinchar delante de una sala vacía?

—Fue junio del año pasado, estábamos recién desconfinados. Era volver al club donde me había pegado tantas noches de aforos completos, delante de cientos de personas y, claro, fue raro. La experiencia estuvo bien porque era como ver la luz al final del túnel, tras llevar tres meses encerrados en casa. Fue duro ver la sala vacía, pero también supuso un poco de motivación, ver que poco se iba arreglando la cosa.

—Una de tus primeras producciones fue con David Meiser en 2016. ¿Habías grabado algo antes? ¿Cómo surgió?

—La primera no, pero fue el primer vinilo en el que aparecí. Antes había grabado para el sello de C-System que fue el que me abrió los ojos con el tema de la producción.

Mis dos primeros temas eran más bien de electro de break rotos y se se lo mandé a Chema de C-System porque tengo casi todos sus discos. Le mandé los temas como una prueba y dijo que estaban guay y que quería sacarlos en el sello. Saqué un EP con dos remixes suyos. 

Resumiendo: lo primero, primero fue lo de TDeK. Como productor de electrónica, el EP de Nöle para C-System. Mi primer vinilo fue con David Meiser

—¿Cómo surgió la colaboración con David Meiser?

—Cuando trabajaba de promotor en Pagoa le llevé una vez y nos conocimos. Y cuando entré en Stardust de residente, lo traje como invitado también. Desde el primer momento hemos hecho muy buenas migas y me sugirió que hiciéramos algo juntos.

—De tus primeros discos nos gustaría hablar un poco. El primero fue Nictofilia, ¿verdad? ¿Te fue difícil dar el paso a la producción en solitario?

—Esa era la época que estaba haciendo más Techno y también salió en vinilo. En Nictofilia, encuentras un tema y tres remixes. Es complicado sacar un vinilo y al final se tira mucho de remixes para poder abarcar un poco más de público.

—Ese mismo año 2017 aparece Hysteresis en el sello de Xpansoul, ya con tres temas tuyos. ¿Qué nos cuentas de este trabajo?

—El nombre lo puso Xpansoul, es la letra que se ve en la portada. Casi todos mis temas tienen nombre en euskera porque mis raíces son de allí. “Kriskitin Suge” significa Nido de Víboras en euskera, “Aizkolari” es el deporte rural del norte, vas con un hacha y cortas maderas. En cambio “Akerbeltz” proviene de la mitología vasca. Esta es una fuente de inspiración para nombrar mis temas.

—Diste clases de historia de la electrónica a chavales en un evento, ¿te gustó hacerlo?

—Sin duda, fue uno de los eventos más duros. Organizan un montón de evento para las fiestas de Arganzuela. Este era para niños y padres. Me pidieron poner música, hacer un pase de lo que yo consideraba lo más interesante de la música electrónica. Era un sábado a las 11:00 h de la mañana.

Fue e los más sufridos porque era algo a lo que no estaba acostumbrado, a pinchar para niños. Puse de todo, dentro de mis cartas, claro. Kraftwerk ya que no soy muy fan. Puse cosas como Anthony Rother, material de los ochenta, noventa y 2000. Igual, a un niño le pones Kraftwerk o cosas así, y no entiende nada. Le pones un tema de Anthony Rother de la época de Datapunk, más melódico y animado, y puede que lo vaya a entender. La cosa es que no se vayan asustados. 

—En tu lista de discos favoritos del año pasado, señalas dos que nos gustan mucho, el de Maman Küsters y el Murder 01. Además, te hemos escuchado varias veces pinchando temas del primero. ¿Qué te gusta de estos discos?

—El de Maman Küsters lo compré en cd cuando salió inicialmente en Unknown Pleasures con doce temas. Luego sacaron en vinilo con seis temas, con el remix de The Hacker que es el que pincho. Son los dos discos que más me habían marcado en ese momento, son chulos para pinchar. El de Murder me gustó, tengo la otra referencia también. 

—He visto que te gusta la banda sonora de Doom Eternal. ¿Te gustaría hacer la banda sonora de un video juego?

—Tengo un hermano siete años mayor y llevo jugando al Wolfenstein desde que tengo 8 años, y al Doom desde que era un moco. Tengo el uno, el dos y el tres, el del 2016, el Eternal… Ahora tengo que pillar las expansiones de este último. La banda sonora se la he puesto a un montón de gente que ha flipado. Creo que es, de los últimos diez años, una de las mejores BSO que se han hecho. Es una puta pasada, sobre todo si juegas con los cascos y te metes en el juego. Yo no puedo jugar a partir de las 22:00 h de la noche porque me pongo cardíaco.

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