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Entrevista a Abraxas

"Creo que la música electrónica ha perdido su carácter combativo."

por François Zappa

Fotos: Ruth Dupiereux

«Bailar como acto de rebeldía» es el nombre del esperado primer largo del productor valenciano Abraxas que será publicado en vinilo a comienzos de diciembre por el sello Soil Records, aunque ya lo podéis escuchar y comprar en el Bandcamp del artista. Pero antes, hemos querido hablar con Damià Llorens sobre las dualidades que se esconden tras su apodo, su trabajo y, cómo no, la vida misma. Será uno de nuestros platos fuertes de la última jornada del Ombra Festival que se celebrará en Barcelona del 25 al 27 de noviembre.

Tuviste un pasado punk y metalero según leí en una entrevista. ¿Crees que esto te influyó en tu carrera posterior?

Pasado, presente y (espero que) futuro. Son estilos que han influenciado toda mi vida no solo a nivel artístico y musical, sino en todo lo que significan sus subculturas y sus filosofías de vida (sobre todo el punk).

Si echo la vista muy atrás, en los 80, cuando todavía era un inocente infante, puedo recordar que el rock y sus derivados siempre han estado presentes en mi hogar en Muro d’Alcoi (donde me crie hasta los 9 años). El variado hilo musical que sonaba contenía Jimmi Hendrix, Brian Eno, Franco Battiato, Angelo Badalamenti o Jean-Michel Jarre por parte de mi padre; Radio Futura, Gabinete Caligari, Luz Casal, Van Morrison o Joan Manuel Serrat por parte de mi madre, junto a quien recuerdo visionar “La bola de cristal”. Ella era muy fan de La Movida madrileña, a pesar de que no la pudo vivir en primera persona porque con tan solo 21 años estaba en casa criando a dos pequeños demonios. Otra época, otro paradigma.

Otro recuerdo que mantengo muy vivo es de la primera vez que me estalló la cabeza con la música. Y fue precisamente con el rock and roll, gracias a las películas «La Bamba» (Luis Valdez, 1987) y, sobre todo «Great Balls of Fire!» (Jim McBride, 1989). En el 91 llegó «The Doors» de Oliver Stone y otras que mi padre tenía en su pequeña colección VHS. La primera me emocionó y consternó a partes iguales; la segunda me alucinó a niveles extremos; la tercera la visualicé con mayor “madurez” y teniendo bastante consciencia sobre lo que estaba viendo.

Mi petición a los reyes magos fue un Walkman con la BSO de Great Balls of Fire! que la primera noche escuché en bucle hasta fundirla. Era algo tan nuevo, potente y atractivo para un niño de pueblo como yo quien, de repente, descubre que existen personas con vidas tan extraordinarias y diferentes a las del resto de los mortales, llenas de excesos y excentricidades, de transgresiones totales (musicales, profesionales, de modus vivendi, ¡morales!), que causó un impacto en mí de manera sobrenatural y ya me dio el primer gran chispazo en la cabeza. Así que mucho ojo con lo que les ponéis a vuestrxs hijxs en la pequeña pantalla 😉

Más tarde, en la niñez y prepubertad, tuve una época “bacala” (que explico en otra pregunta posterior) hasta que a los 13 años cayó en mis manos un CD de Nirvana y la cabeza me estalla por segunda vez en la vida. Supongo que por encontrarme en plena pubertad, esta vez el estallido fue aún más potente y se tradujo en una comportamiento obsesivo-compulsivo, atendiendo durante todo un año únicamente a la banda de Seattle. Dejé de un lado la electrónica/bacalao, que llegué a estigmatizar y odiar en los años siguientes debido a la demonización de la ruta que hubo desde finales de los 90 y también por la eterna y estúpida guerra punk vs techno (o rock vs disco) y me adentré de lleno en los géneros del punk-metal y derivados: desde los clásicos británicos punks del 77 hasta el metal-rock estatal con S.A. o los Def Con Dos a la cabeza, pasando por propuestas más thrash como Pantera o Fear Factory.

Mi banda favorita durante muchos años fue Rage Against The Machine, así que, de aquellos polvos, estos lodos…

En la actualidad, el metal lo tengo bastante apartado. Soy muy aprensivo con las obras que escucho debido a que intento hacer escuchas activas. Por este motivo, encuentro pocos momentos en casa para dedicarle a una música que es demasiado agresiva (me la suelo poner para tareas tan mundanas pero enérgicas como hacer la limpieza o practicar deporte). De hecho, la mayoría de discos que pincho en mi hogar son muy tranquilos, sean del género que sean porque, de lo contrario, no consigo pegar ojo por las noches. También considero que el metal es una experiencia para disfrutar en vivo por todo lo que rodea la música en directo (que no es necesario describir aquí) y que, en este caso, tiene un plus por el gran sentimiento de comunidad que rodea a los metalheads y, sobre todo, por la descarga de adrenalina y violencia controlada que se vive en un moshpit. Es un back to basics en toda regla. Primitivismo puro y necesario para volver a sentirte con vida, sin ataduras de ninguna clase. Lamentablemente, en los últimos años estoy teniendo muy pocas oportunidades de vivir estas experiencias porque mis amigos metaleros están muy pero que muy retirados. Ya sabes, el ciclo vital que sigue la mayoría: creces, te casas, tienes descendencia, te retiras de las subculturas y de las tribus urbanas, pero pones tus CDs de Ministry o de Slayer en el coche de camino a la oficina; en el lecho de muerte deseas haber ido a más conciertos, mueres bien aburrido y estresado, te jodes.

Por otra parte, el punk y, por extensión, el proto-punk y todas las maravillosas formas estéticas que nos brindó el post-punk y todos sus revivals (desde la new wave hasta el hardcore punk, pasando por el synth-pop y la música industrial) son, sin lugar a dudas, músicas que todavía consiguen cautivarme y, por ende, las que más escucho en mi día a día (excepto por la noche). Respecto a la influencia de todo esto en mi música, por supuestísimo que me influye. Se puede observar, por ejemplo, en la manera de “cantar” a la metalero-hardcoreta, en los sonidos distorsionados hasta la saciedad (uso pedales de distorsión para guitarras eléctricas metaleras como el denostado Metal-Zone de Boss), en la constante crítica político-social e incluso en algunos de los artworks de mis discos (el próximo LP de Abraxas tiene influencias del cover art de Crass). Siempre he considerado que hago punk y metal electrónico y, de hecho, cuando alguien que no es entendido en músicas electrónicas me pregunta qué tipo de música hago, directamente les digo que hago “punk electrónico”. Para más INRI, recuerdo que tras la primera actuación en el primer Ombra Festival, alguien del público nos dijo que acababa de asistir a su primer concierto de EBMetal. Todo encaja 😉

―Eres del Alcoi, ¿cómo fue crecer allí? Como dices antes tuviste tu etapa bacala, ¿llegaste a vivir la ruta?

Alcoi es una extraña isla postindustrial con un pasado revolucionario, de lucha obrera y anarcosindicalista tan sangriento y fascinante que, de alguna manera, ha marcado a todas las generaciones de ciudadanxs pasadas, presentes y futuras. Supongo que, por una parte, debido a la rica y culta burguesía del XIX y, por otra, a la que se dice que fue una autocultivada clase obrera, es una ciudad que siempre ha sido un hervidero de artistas en todas las disciplinas (a pesar de su decadencia en las últimas décadas). En lo que a la música se refiere, grandes artistas han salido de esta hoya, tanto a nivel mainstream como Camilo Sesto, hasta a nivel político y combativo como Ovidi Montllor. Son muchos los proyectos en los últimos años de gran calidad y cierta repercusión, como los que formaban parte del sello “Música de Telers” (nombre sacado precisamente de un verso de la canción de Ovidi, “El meu poble és Alcoi”), a la cual pertenecían bandas y solistas como Arthur Caravan, Hugo Mas, El Diluvi o los propios We Are Not Brothers (WANB) o las Júlia (nombre sacado del título de la novela de la literata también alcoiana Isabel-Clara Simó, que narra la vida de una joven en la era industrial y las distintas relaciones sociales y de poder de la época, que desembocaron en la Revolució del Petroli, revolución anarcosindicalista única en el mundo que aconteció en 1873 y que concluyó con Alcoi como un Estado/cantón independiente durante 4 días).

En cuanto a la música electrónica, en mi juventud (late-90’s y 2000’s), en Alcoi siempre hubo movimientos underground, dinamizados por colectivos como ONFF -quienes organizaban raves en los túneles de la “via verda” que atraviesa todas las montañas de los parques naturales de la Font Roja i la Serra de Mariola-, Fuktor -quienes gestionaban una antigua “borrera” en la que se celebraban desde conciertos de punk a fiestas de drum’n’bass- o el mítico Insònit, que llegó a celebrar un festival en la estación de autobuses metiendo a 2.000 personas, con Kenny Larkin como headliner. También hubo pequeñas salas que programaban eventualmente electrónica (aunque habitualmente sonara pop-rock en sus speakers) como Arco, Hobby o The Factory (claro homenaje al club mancuniano) y otras puramente electrónicas como Gaudí (club de house con el difunto César de Melero como uno de los residentes, si no recuerdo mal) y el pionero Total, germen indiscutible de todo esto. Por último, espacios como el CSOkupado El Molinar, meca del punk en la que también se hizo alguna rave o La Nave de Max, una asociación cultural en la que organizamos algún que otro sarao como la muestra de cultura electrónica Alc01, también formaron parte de este rico ecosistema del underground musical. Y, como no, todos estos espacios se hallaban en antiguas fábricas que le daban un encanto extra. Alcoi es una fábrica entera, es un lugar alucinante en ese sentido. Es, posiblemente, una de las ciudades con mayor patrimonio restaurado (también con mayor patrimonio perdido), porque es toda entera una ciudad-museo del S.XIX y visualizas fábricas y chimeneas por doquier (de ahí la canción de WANB con Hugo Mas “121 xemeneies”).

En 2004, con todavía 20 años y junto a mi hermano Ricardo (tan solo un año mayor que yo), abandonamos la universidad para coger el traspaso de un pequeño club de pop-rock en Muro, el Einstein Club. Desde ese momento, pasó a llamarse Einstein Freestyle Club porque igual proyectábamos “24 hours party people” que traíamos una soundsystem de reggae-dub, montábamos una party de electro o de jungle o programábamos a Manolo Kabezabolo. Una arriesgada, envalentonada y no sé hasta qué punto inconsciente decisión que, como no podía ser de otra forma, provocó un cisma familiar por la de sobra conocida “denostación de la noche y la música” en nuestra sociedad, que no se considera una profesión digna. Solo se nos ve como juglares de mala vida. Nadie daba un duro por nosotros. Pero fueron años muy bonitos de los cuales guardo un gran recuerdo y, además, contra viento y marea y por pura convicción y pasión a lo que hago, aquella historia terminó muy bien y, gracias a ello, hoy estoy redactando estas líneas y tengo una vida de lo más satisfecha y realizada, cuando podría estar trabajando de 9 a 18h en una gris oficina, de 6 a 18h en una asfixiante fábrica o vete a saber dónde (con todos mis respetos a estxs obrerxs y sin pretender juzgar la vida de lxs demás, pero yo no quiero una vida de alienación pura).

Respecto a la ruta, aquí hay toda una historia…como he contado anteriormente, en mi prepubertad tuve una época bacala por influencia de amistades y porque en aquellos años el bacalao era el pop en tierras valencianas. Era muy fuerte como se vivía y hasta qué nivel estaban estas músicas instauradas en la sociedad (y todavía lo están en cierto modo 30 años después). A través de hermanos mayores nos llegaban cintas de cassette de las discotecas de la ruta que nos flipaban. También accedíamos a música y batallitas míticas a través de Delfín, el “peluquero bacala” del pueblo, que era RR.PP. de varias discotecas y que nos adentraba en los maravillosos mundos de la ruta cuando íbamos a cortarnos los pelos (con peinados góticos, bacalas y ruteros, por supuesto). Como no es de extrañar, esto estaba muy mal visto en el pueblo y siempre se le ha acusado de ser un pervertidor de menores (no solo por lo relacionado con la ruta y sus “oscuros peligros” sino por un claro caso de homofobia), cuando en realidad era de las pocas personas open-minded del lugar que nos descubría mundos más allá de lo imaginado por aquellos pre-pubers. Los pueblos y las malas lenguas, ya sabéis.

Además de todo esto, escuchábamos en Radio9 el programa Bikini Club, con las novedades bacalas y que, los sábados por la noche, retransmitían la sesión en directo desde algunas de las discotecas más punteras. Quedábamos el grupo de amigos “para ver películas” en casa de alguno de la pandilla y, cuando los padres nos acostaban, nos quedábamos despiertos y, debajo de las sábanas, encendíamos la radio a volumen bajo y escuchábamos la sesión mientras la grabábamos en cinta. Tendríamos 10 años, no más. Fui siempre muy precoz con todo y con 11 años ya íbamos al Dreams, una discoteca de menores (de 14 a 16 años).

Ensayábamos los bailes bacalas antes de ir (con apertura de piernas incluidas) y jugábamos a ser mayores con nuestras primeras experiencias con chicas y alcohol. Todo muy valenciano. Por todos estos motivos, siempre mantengo que, en realidad, mi música es folklore: por un lado, música industrial y maquinal, “música de telers”, por el pasado y presente mega-industrial de mi ciudad en la que el incesante sonido marcial de la industria resuena en cada rincón. Por otro, techno-bacalao a go-go mamado desde bien pequeño como algo totalmente instaurado en la sociedad y el imaginario valenciano debido a La Ruta.

―Empezaste en el 2006 con We Are Not Brothers. Ya ahí intentas darle un carácter cultural a la electrónica. ¿Cómo empiezas a interesarte por esta música y que te motiva a crear junto a Fran Sancho este proyecto?

Empecé a interesarme de nuevo como lo hicieron la gran mayoría de mi generación: a través de lo que ahora son grandes mitos: bandas y artistas que supieron fusionar a la perfección los mundos del rock y la electrónica como son The Prodigy o The Chemical Brothers. Y a partir de ellos, empiezas a explorar y descubrir: Orbital, los Daft Punk del Homework, Massive Attack y bandas más efímeras de esa época como Propellerheads o Basement Jaxx. También empiezas a descubrir el techno y el electro con artistas clave como Jeff Mills, los tres de Belleville, Underground Resistance, etc. Y poco a poco te vas adentrando, conociendo, buscando músicas cada vez más underground y rebuscadas, escorándote a los márgenes y rechazando lo mainstream…

Relacionado con esto, en mi memoria tengo otros dos momentos clave en mi vida: el primero es ir al FIB con 18 años a ver a los mencionados hermanos químicos y, puesto de química hasta las cejas, la cabeza me vuelve a estallar en cien mil pedazos como lo consiguió la banda de Cobain o más todavía al ser multiexperiencial y multisensorial: nunca antes hubiera imaginado una experiencia audiovisual tan potente y, sobre todo, me quedo con la forma en la que me rompió la testa con la cantidad de dudas que me surgieron tras ver un espectáculo de este calibre: ¿están pinchando? ¡No veo los discos! ¿Por qué y para qué tanta máquina? ¿Qué hace cada una de ellas? ¿De dónde salen las voces si no hay cantantes? ¿Cómo este sonido me puede estar atravesando el cuerpo de esta manera? ¿Cómo unos visuales me pueden estar traspasando el alma de esta forma? ¿Cómo consiguen que la gente se vuelva tan loca? ¡No había sentido nada así de fuerte en mi vida!

El segundo recuerdo importante respecto a lo que me preguntáis acontece un par de años más tarde, también en el antes amado y ahora odiado FIB. Tuve una especie de revelación por la cual decidí empezar a hacer música por mi cuenta. Fue tras ver en directo a unos neófitos y primitivos The Kills, muy poco conocidos entre el público (apenas habría un centenar de personas en la carpa). Era todo tan aparentemente sencillo a nivel técnico, pero tan puro y mágico a nivel sensorial que me dije a mi mismo: “joder, esto no es cuestión de conocimientos ni de técnica sino de actitud y de pasión. Yo también puedo hacerlo y lo voy a hacer”. Si la memoria no me engaña, fue el verano de 2005 y justo a las pocas semanas, Fran, que era residente los sábados en mi pequeño club, me dijo que se acababa de comprar una pequeña caja de ritmos Korg Electribe Er-1 (que todavía usamos hoy en día) porque se estaba cansando de pinchar música de otros y prefería empezar a tocar la suya propia. Fue el empujoncito que necesitaba y, tras quedar asombrado al ver cómo funcionaba aquella drum machine, me pillé la hermana EA-1, sintetizador, de la antigua hornada (eBay, 90€ en USA, creo recordar). Y a partir de ahí empezamos a hacer ruido sin ningún conocimiento acerca de nada, ni ninguna dirección ni mucho menos pretensión. A los meses, nuestros amigos de Insònit, que sabían que estábamos dándole a las máquinas, nos invitaron a tocar en el anti-festival Moniàtic y no pudimos rechazar la invitación, a pesar de que el material que teníamos era extremadamente básico y primitivo. Ni siquiera teníamos un nombre y nos lo tuvimos que poner “in extremis” la noche de antes de llevar la cartelería a imprimir. Tenía un tono humorístico porque tenemos cierto aire a nivel físico. WANB nació casi por casualidad, nunca pensamos que esa pequeña aventura llegaría más lejos que esa actuación. Sin embargo, las sensaciones de aquel primer live fueron tan tremendas que, fíjate tú, aquí seguimos 15 años después.

¿Cómo anda el tema con We Are Not Brothers? ¿Vais a sacar material nuevo?

Bastante parado, la verdad. La pandemia nos hizo mucho daño justo cuando estábamos en el punto más álgido de nuestra trayectoria. Además, Fran ha vuelto a Londres y en la distancia es siempre más complicado. Hemos tocado este año un par de veces, en Barraca y en la capital británica y ahora tenemos un bolo en Bristol, pero podríamos decir que estamos prácticamente en standby y que tocamos por diversión y para mantener la llama viva. También he de admitir que somos una banda de altibajos extremos, así que no nos damos por muertos, ni mucho menos.

Respecto a sacar nuevo material, nada a la vista excepto un remix para Putilatex en el que participan también Aviador Dro y otrxs artistas amigxs de la banda de techno-pop.

―Ya con WANB tocabais en okupas y he oído que estás muy vinculado a este movimiento. Es sorprendente el terror que los medios meten con él. Siempre que voy a casa de mi madre, que vive en Alzira, me habla de alguna de estas historias asustaviejas. ¿Cómo ves tú el tema?

Pues lo veo fatal. La manipulación y tergiversación sobre este tema en los mass media ha llevado a una psicosis colectiva alucinante. Está siendo tan heavy la desinformación y la propaganda sobre el tema que ha calado incluso en segmentos de la población izquierdistas y progresistas. Y lo de la SAREB es de puto chiste de terror. Esto solo podía pasar en un país como este, hecho a medida por fascistas para especuladores y ladrones de guante blanco. Y ya que comentas el caso de tu familia, te comento yo el de la mía: como jamás hubiera pensado, este un tema que sale recurrentemente con preocupación en las sobremesas y en el grupo de WhatsApp de mi familia materna, que es obrera y socialista de estirpe (de los de verdad, no de los socialistos de ahora). Para flipar. Y de mi abuela de 93 años y “nostálgica” del régimen franquista, ya ni te cuento (aunque esto era de esperar). Pero bueno, ante la desinformación, información bien construida, argumentada y demostrada con datos. Con insistencia y tesón.

Como Demian/Pandemian solo hacías lives de noise e improvisación. ¿Cómo surge esto? ¿Otra forma de dar salida a tus necesidades de expresión? Te conocimos actuando con este AKA en una de las sesiones de Bizarro. 

La verdad es que PanDemian nace porque me llamaban para contratar bolos para WANB o Abraxas y, como no era posible porque Abraxas no se había estrenado (ni tenía el directo preparado) y WANB estamos en standby, pues ofrecía una tercera opción en la que juego mucho con el noise y la improvisación. De hecho, el repertorio (por decirlo de alguna forma) está construido a base de temas y demos que nunca he publicado + deconstrucciones de tracks de otros proyectos. En PanDemian, todo lo que expreso es 100% real, auténtico e inmediato. No hay nada pregrabado ni programado. No hay software. Y, aunque sí es verdad que sigo una guía de lo que más o menos quiero hacer sonar, luego la improvisación juega un papel muy importante en el desarrollo del directo y voy tomando caminos cada vez distintos en función de mi estado de ánimo, de la energía que se respira en el ambiente o, sencillamente, por los resultados sonoros de la experimentación que estoy haciendo con mis máquinas. Por eso nunca serán iguales dos directos. Por ello no se puede reproducir en grabaciones. De hecho, grabé un disco a finales de 2021 estando en cuarentena por covid y no me he decidido a publicarlo porque no tiene la esencia que se transmite en directo. Ni de lejos. Ni la tendría si grabara un live. Nunca vas a poder reproducir en casa lo que estás viviendo en directo, y menos con la noise music.

Respecto al bolo de Specka, es posiblemente el peor como Demian (ahora PanDemian) y me marché de allí muy insatisfecho. Con todos mis agradecimientos y respetos a la mítica sala, a sus adorables regentes y a Nöle (anfitrión de la fiesta), pero no es una sala para este tipo de directos, para los que necesitas un volumen bestial, unos subgraves de infarto y un público que asista a ver directos y no sesiones de dj’s, a abrir la mente y conocer sonoridades nuevas y no a tomar cervezas después del trabajo. Es el último live que hago en este tipo de clubs y ya he dicho que no a otras ofertas similares. Pero bueno, en realidad esto fue responsabilidad mía porque, en un principio iba a pinchar y, como venía de gira y tenía toda la maquinaria en el coche, pedí marcarme un live. El artista debe saber dónde puede y debe tocar y dónde no y llevo ya unos años muy concienciado en este sentido, incluso rechazando bolos porque no se reúnen los requisitos necesarios para desarrollar mi propuesta artística. No todo vale. Uno no se debe tirar piedras contra su propio tejado. No volverá a pasar.

Tu apodo Demian viene, supongo, que de tu nombre y de la novela de Herman Hesse. ¿Qué encuentras de interesante en ella? Lo de Abraxas también proviene de ahí, ¿verdad?

ESTA PREGUNTA ES CLAVE. Por partes:

Mi nombre original es Damián. Hace unos años lo catalanicé legalmente a Damià (aunque desde que tengo uso de razón me presento y firmo así por cuestiones de lenguaje, identidad y dignidad), pero en realidad me iba a llamar Pau (o Neus si nacía mujer). Al nacer, mi padre (que del 1 al 100 en excentricidad es un 200) sin consultar ni avisar a nadie (y mucho menos a mi madre), fue al registro y me puso Damián. Hasta ahí, bien. El año pasado, tras el nacimiento del primer Llorens de la nueva generación, mi sobrino Lluc, les hicimos a nuestros padres la pregunta de por qué habían elegido nuestros nombres y, para mi asombro, mi padre nos contó que el mío había sido designado por la novela de Hesse. ¡Imagina la cara que se me quedó! ¡Todo cobraba todavía más sentido aún! Si Abraxas era ya de por sí un proyecto vital, ahora lo era todavía más. ¡Alucinante!

Respecto a Hesse la elección del nombre para el proyecto Abraxas proviene precisamente de mi fascinación por la novela Demian, escrito que marcó profundamente mi adolescencia, por la coincidencia en el nombre de la novela, pero sobre todo por el tratamiento filosófico que hace sobre la dualidad del ser humano, cualidad innata y exageradamente marcada en mi personalidad, que siempre me atormentó y que, gracias al libro, llegué a entender y aprendí a convivir con ello. Todxs somos duales en mayor o menor grado, siendo más o menos conscientes, aceptándolo o no. Por lo que podríamos afirmar que Abraxas es un reflejo de mi persona y personalidad y conlleva implícito un profundo proceso de autoconocimiento y aceptación personal.

He leído que dejaste tu trabajo para dedicarte plenamente a Abraxas. Es raro ver tal dedicación hoy en día. ¿Ves a Abraxas como a un proyecto al que le tienes que dedicar cuerpo y alma?

Así es. A los 35, otra arriesgada, envalentonada e inconsciente decisión. O no. Soy publicista y tenía una carrera profesional bien labrada y con un empleo estable con mucha proyección, trabajando para una gran multinacional tecnológica norteamericana la cual no quiero mencionar pero que ahora mismo está leyendo y enviando esta información al gobierno estadounidense (saludos a Silicon Valley y a Washington 😉 ). Viví el ultracapitalismo desde las fauces del lobo y, una vez saqué el partido que necesitaba de esa experiencia, decidí tomar el camino contrario: desarrollar proyectos artísticos anticapitalistas. Por esto y por lo que todo lo que he contado previamente (mi pasión por la música, la movida de Demian, etc.), por supuestísimo que le estoy dedicando cuerpo y alma. Y mucho más: tiempo, esfuerzo, astucia, inteligencia, sangre, sudor, lágrimas y, por qué no decirlo, mis ahorros. Es mi proyecto vital y no voy a desfallecer en su desarrollo, tome la dirección que tome.

―Hablemos un poco de las influencias que confiesas en tu manifiesto. Principalmente te quiero preguntar sobre dos que no suelen aparecer mucho en nuestra revista digital: Frank Zappa y Ovidi Montllor. ¿Cómo te llegan a influir? Sobre todo me interesa tu opinión sobre Ovidi.

Los proyectos, artistas y personajes que menciono en mi manifiesto (que podéis leer en https://abraxas.dance/abraxas-manifesto/) no son exclusivamente influencias por temas musicales sino también conceptuales. No soy un gran fan de la música de Zappa -aunque me gustan algunas de sus producciones y su etapa como The Mothers of Invention-, pero sí he leído mucho sobre su persona/je y me encanta el nivel de transgresión y de sátira política que trasladaba a toda su obra e imaginario. Mereció haber tenido más repercusión en la historia.

Sobre Ovidi, qué decir… en Alcoi eres de Ovidi (Montllor) o de Camilo (Sesto) y eso dice mucho de tu personalidad y, sobre todo, de tu ideología. Para los que somos de Ovidi es como nuestro Dios ácrata, transgresor e incombustible, sin pelos en la lengua. Un obrero de la palabra (como él mismo se definía) que murió arruinado, agotado, enfermo, abandonado por aquellos que le usaron cuando interesaba ser un arma contra la dictadura franquista. A la falsa democracia no le interesaba la canción protesta y todos los cantautores pasaron a crear músicas más pop y comerciales, que daban mucho más rendimiento económico y, sobre todo, no creaban problemas al nuevo régimen “socialista”. Por contra, Ovidi se mantuvo en sus 13 hasta el final porque todavía había mucho que criticar y por lo que luchar. Pagó muy caras las consecuencias y por ello es ahora eternamente reivindicado. Cómo no iba a ser una influencia para mí…

Hacer bailar y luego reflexionar. ¿Crees que el clubber medio (entre los que me incluyo) suele tener la cabeza en su sitio para pensar sobre algo?

Se atribuye al clubber un nivel de implicación político-social menor que el de otras escenas, pero yo tengo mis recelos acerca de esto. Lo que sí creo es que el clubber va al club/festival/rave a escapar de la rutina y la realidad que muchas veces nos asfixian. Va a sacar sus demonios y para ello no quiere estrujarse la sesera sino todo lo contrario: dejarse llevar, desvariar, desfasar, desconectar. No obstante, te encuentras a muchxs de ellxs que sí tienen ese interés y otrxs tantxs que no lo tenían, pero a lxs cualxs se lo despiertas. Y en este último caso, lo agradecen de por vida. Y eso es una victoria para el proyecto y para la humanidad en general porque una mente más implicada políticamente es un alma que se preocupa por su entorno y por su sociedad y que, por tanto, intentará mejorarla de alguna manera. Como digo en el punto 9 del manifiesto, “…para provocar la reflexión sobre los mismos, siendo plenamente consciente de que ninguna música, artista, grupo, colectivo o movimiento musical en la Historia nunca ha sido capaz de cambiar el sistema, pero siendo totalmente consciente de que es posible influenciar mentes particulares”.

Las contradicciones son algo inherente al hombre y Abraxas no reniega de ellas. ¿Cuáles han sido las contradicciones que te han resultado más difíciles de aceptar?

Mi vida ha sido una contradicción y una dualidad constante y eso me ha fustigado desde bien pequeño. La más importante proviene de mi seno familiar. Por una parte, tengo una familia paterna conservadora y patriarcal, ultracapitalista, de clara ascensión social que basa las relaciones en el poder del dinero y en la que es más importante el aparentar que el ser, lo que digan de ti que lo que pienses de ti mismo. Liderada por mi abuelo, un hombre hecho a sí mismo que intentó controlar al resto a través del sucio poder del dinero y a quien le salió el tiro por la culata reventando a la familia hasta el punto de hacerla trizas, totalmente desestructurada, disgregada y con múltiples problemas de por vida. Por otra parte, tengo una adorable familia matriarcal sana, numerosa y unida, obrera, humilde y de izquierdas, perdedora en la guerra civil, en la que el apoyo mutuo y el amor incondicional son la base. Nunca permitirían que un miembro de la misma desfalleciese.

Esta lucha de valores, con chantajes de todo tipo y episodios de película de terror que todavía perduran, ha marcado y confundido mi personalidad y por ello llevo sufriendo toda mi vida. Porque somos conforme nos criamos. Porque el entorno familiar y el lugar en el que creces son los factores que más determinan nuestra personalidad. Y Abraxas es una herramienta de lucha contra estos padecimientos morales internos.

¿Cómo definirías el lenguaje utilizado para expresarse por Abraxas? ¿Simplemente como Techno? ¿Techno Body Music? ¿Son los estilos con los que te sientes más cómodo?

Pues no me encierro a ningún estilo en concreto porque Abraxas suena a muchas cosas, la verdad y, al final son todo etiquetas, ya sabes. A grandes rasgos, podríamos incluir la música de Abraxas dentro de la electrónica en el género del techno, aunque también se pueden escuchar ecos de distintos estilos y subestilos envueltos en un discurso moderno y un sonido actual: música industrial y postindustrial, EBM y su vertiente más moderna Techno Body Music, y por último, sonidos más ruidosos y experimentales, todo ello envuelto en cierta influencia cyberpunk y una densa aura darkwave. Pero repito: todo etiquetas.

Hablas de la música electrónica como arma política. ¿Crees que el resto de la música ha perdido ese valor? Antes se asociaba el contenido político a los cantautores pero parece que han perdido vigencia o interés.

Antes de responder a esta pregunta, recomiendo encarecidamente las minuciosas lecturas de Techno Rebelde. Un siglo de músicas electrónicas de Ariel Kyrou (en descarga gratuita en la web de la editorial Traficantes de sueños -¡cómpralo si te gusta su lectura y apoya al escritor y a la editorial!-) y Músicas contra el poder de Valentín Ladrero.

Una vez dicho esto, creo que la música electrónica ha perdido su carácter combativo y te das cuenta de ello tras leer el primer libro. El propio Jeff Mills mantiene esta posición afirmando hace un par de años en una entrevista que el techno solía estar politizado y que ha perdido ese carácter combativo. Es normal en cuanto que, a lo largo de la historia, ha pasado de ser una música de laboratorio en un primer momento, a música experimental en una segunda etapa, pasando a músicas marginales, suburbiales, underground o como las queramos llamar a, por último, pasar a formar parte del imaginario de músicas pop al mezclarse con otros géneros, sobre todo a partir de los 70 con Kraftwerk o el mismo Jarre. Desde los 80 y, sobre todo, a partir del S.XXI, la industria musical entra en juego (la más perversa de todas porque trafica con el arte, explota el anhelo de los artistas y engaña a un público ávido de nuevas sonoridades), absorbiendo lo que son estas expresiones underground, fagocitándolas y vomitándolas en forma de producto comercial sin ningún tipo de interés ni valor artístico ni, por supuesto, combativo (lo “descombativiza”, en todo caso). Hoy en día la música electrónica ya está en el imaginario colectivo y es ampliamente escuchada (y cada vez más) por la gran masa, y esto tiene cosas buenas pero, sobre todo, malas. No sabes la cantidad de veces que me dicen que si hago música como la de David Guetta… ¡qué lacra!

Por otro lado, veo que los géneros que históricamente han sido combativos ahora son un simple cliché, como la mayoría del punk o la canción de autor. Las denuncias en sus lyrics se deben simplemente porque hay que hacerlo para encajar en ese estilo y escena, pero en realidad, muchos de ellos continúan teniendo actitudes en sus vidas personales que van en contra de lo que cantan, siendo egoístas, ególatras, narcisistas, machistas y misóginos, por poner tan solo algunos ejemplos de casos que conozco (y no son pocos). En ese sentido, veo mucho más transgresor y más combativo a un artista como Arca que, sin postularse abiertamente como un artista político, hace una exploración transgresora y una exposición alucinante de muchos temas muy sensibles y rompedores que, además, lleva a su vida personal.

Parece que has encontrado tu casa en Oráculo Records. ¿Crees que es el sello que ahora mismo mejor se adapta a tu filosofía?

Oráculo es mi casa, así lo siento, y mis vínculos con el sello, con Nico y con el entorno de Ombra son muy fuertes. Son familia. No obstante, para el LP he decidido publicar en Soil porque creo que se ajusta mejor a la filosofía del proyecto. Es muy importante para mí la economía del bien común y el km.0 a la hora de trabajar y de producir. Además, hoy en día ya no existe el artista que publique en un único sello, excepto los grandes que publican en sellos más mainstream en los que sí hay de por medio contratos de exclusividad y esas mierdas. Pero en la órbita más underground es ya norma el “todos con todos” y ves incluso a artistas potentes con una larga trayectoria publicar en pequeños sellos emergentes. En mi caso, con mi escasísima discografía como Abraxas, ya he publicado en Oráculo, Soil, Xtraperlo y Rotor y, en los próximos meses saldrán referencias en otros sellos como Banshees Records o Miseria, el label de Carlos Grabstein.

Tus últimos temas han aparecido en dos sellos que seguimos, primero «Your Miserable Fake Flag Is Not Your True Homeland» en el sello valenciano Soil . ¿Cómo vives el tema del patriotismo en la comunidad valenciana?

―Pues fíjate que esta canción, que contiene un discurso de Rosa Luxemburg sobre la que considero que es nuestra verdadera patria (la clase obrera internacional), se titulaba en un primer momento «Patriot=Idiot», pero le busqué un nombre más refinado ya que el proyecto pretende ser intelectual a la par que visceral. Como anarquista que me considero a nivel ideológico, no creo en las patrias, en las naciones ni en las fronteras, sino en la igualdad de todo ser sobre la faz de la tierra y en la fraternidad entre clases. Porque lamentablemente, el mundo todavía se divide en clases sociales con cada vez más distancia entre ellas, a pesar de que no existe conciencia de ello. Por otra parte, soy un amante y un fuerte defensor de las distintas culturas del planeta y de su protección, preservación y fomento. Porque esa es la mayor riqueza de la especie humana. Ninguna cultura (igual que ninguna persona) es mejor, superior o más válida que otra. Por eso hay que preservar todas y cada una de ellas sin que unas aplasten a otras.

También admito que, a pesar de sonar contraproducente, soy independentista de «Països Catalans». Y esto es así no porque me sienta patriota ni porque quiera una “nació catalana”, sino por amor a mi propia cultura, a su preservación en una situación de minorización constante y de anhelo de destrucción por parte de otra, por no querer pertenecer a un Estado fascista e imperialista como es el español. España significa odio, hostigamiento, imperialismo, centralismo marginador, opresión, guerra y sangre ¡OJO! No confundir con el pueblo del Estado español, o al menos parte de él, el más izquierdista y progresista, el que no genocidaron durante la guerra-, y por eso se da el fenómeno en el Estado Español de la existencia de nacionalismos independentistas de izquierdas, como este mismo o el abertzale, no motivados por la propia idea de nación, que es un concepto conservador, burgués y de dudosa proveniencia y construcción, sino por el hecho de romper las cadenas de un Estado que te lleva oprimiendo y reprimiendo, en nuestro caso, desde 1707 y que va a hacer lo imposible para aplastar y hacer desaparecer nuestra cultura, nuestra lengua y nuestras tradiciones. Esto es una paradoja, pero ya te digo que así nos sentimos muchxs en gran parte de las zonas no castellanas del Estado.

Haciendo un símil comparando con relaciones personales/matrimoniales, es como si te hubieran obligado a la fuerza a casarte con alguien mayor que tú, que abusa de ti, manda sobre el 100% de tu vida hasta el punto de que has perdido tu identidad y ya no te sientes tú mismo, te oprime, violenta e intenta destruirte (hasta que un día terminará con tu vida). La única salida a eso es alejarte, romper todo tipo de vínculo, independizarse de esa persona, sea como sea. En primera instancia para recuperar tu propia identidad y, en última y más importante, por tu propia supervivencia. Alacant ciutat se vació entera tras la Guerra Civil puesto que fue la última capital de la República y los barcos zarpaban cargados de familias enteras huyendo del país. La ciudad fue repoblada por gentes de castilla afín al régimen y, por supuesto, por las clases dominantes fascistas: burócratas, burguesía, clero, militares. Hoy es una de las ciudades más fachas del Estado, hablar nuestra propia lengua está más que mal visto y hay una acuciante catalanofobia. Pues esto sucedería con el resto del territorio si dejáramos al Estado Español fascista hacer de las suyas. Recomiendo la lectura de «El llibre roig dels Països Catalans» para conocer esta opresión de primera mano, de manera empírica, con los datos en la mano. Así que muy orgulloso de ser valencià i de parlar català, como lo estaría también si fuera andaluz, asturiano, somalí o del Kurdistán. Todas las culturas y todas las personas son preciosas y deben coexistir sin ser oprimidas ni aplastadas. RESPETO, ESA ES LA CLAVE.

Y otro de tus temas apareció en Xtraperlo, «Religious music for atheists». ¿Crees que viviríamos mejor en un mundo sin religión o piensas que hay que creer en algo?

La religión… un tema que me enciende y que he tratado en todos mis proyectos anteriores (llevo una iglesia en forma de barraca, en flamas, tatuada en el brazo). Cualquier cosa en la que el ser humano se agarre como a un clavo ardiendo sin argumento lógico-científico alguno, es el cáncer de nuestras sociedades. Sin ella, ¡el mundo sería tan diferente! Es la perfecta arma de control social. Si la unes con otra potente arma como es el dinero, el capitalismo, obtienes ese monstruo llamado fascismo.

Hay que creer en nosotros mismos y en nada más, y no me refiero como individuos sino como sociedad, como un ente unido. Hay que practicar el “apoyo mutuo” de Kropotkin y no la competitividad que el capitalismo y el neoliberalismo promueven, basado en la extrapolación y manipulación de las teorías evolutivas darwinistas (si Darwin levantara la cabeza…).

Firmaste como Abraxas tu remezcla de Poupées Électriques. En esta ocasión no hay tanto concepto y sí tu propia versión del tema. ¿Cómo enfocas tus remezclas? ¿Vas a hacer más en el futuro?

Sí, para el LP he hecho un autoremix del “Europe is Dead” (de WANB y Ana Curra) y también van a salir en breve otras remezclas para el capo del dark-synthwave Nightcrawler y para la mítica banda belga The Arch.

Respecto a Poupées, aunque hay un dicho que reza que la buena remezcla es la que no se parece en nada al track original, yo discrepo mucho en esto. En ese caso, no lo considero una remezcla, sino un tema nuevo. Me gusta conservar la esencia del track original pero llevarla al terreno del artista remezclador. Siempre me hago la pregunta de “cómo sonaría este tema si lo hubiera creado X artista” y, de hecho, ya jugaba a esto en mi adolescencia adaptando en mi mente canciones populares o pop mainstream al sonido de bandas de punk o a artistas de techno (un jingle publicitario creado por NOFX; un villancico adaptado al sonido de NIN, por ejemplo). Pues es un poco lo mismo: ¿qué necesita este tema para que suene a Abraxas? En el caso de Poupées, eliminé las capas que no me interesan y manipulé a mi antojo aquellas que sí; subí BPMs; le añadí bombos a negras más contundentes; le di un discurso más technoide a nivel estructural; le quité un par de minutos; le añadí más percusión de metales para que sea más bailable (hihats, rides, etc.); le añadí también un sinte ácido del clon TD-3 e hipermusculé la mezcla y producción para que tuviera más pegada y distorsión ya que Abraxas se mueve más en el terreno del techno que del experimental… ¡et voilà! Ahí lo tenemos.

Uno de tus proyectos más curiosos es el de Cançoner Industrial. ¿Qué nos cuentas de él?

Es un proyecto del que estoy completamente enamorado por muchos motivos. Un encargo originario del Institut Valencià d’Art Modern (IVAM) a raíz de las investigaciones para el proyecto “Industria/Matrius, trames i sons», que se sitúa a medio camino entre la creación de un archivo y la elaboración de un proyecto artístico. Su objetivo es plantear una lectura –inevitablemente parcial– del patrimonio industrial valenciano basada en lo sonoro, lo inmaterial y en los movimientos sociales. En el transcurso de las investigaciones se recuperaron una serie de canciones populares fabriles provenientes de factorías del largo y ancho del País Valencià. Todo este material tomó cuerpo en el espectáculo en forma de música electrónica con toques industriales junto a la cantante y compositora Violeta Ausina, con quien me está flipando trabajar, tanto a nivel personal como artístico y profesional.

Me encanta el proyecto por la recuperación de este patrimonio y su divulgación; me encanta por la reivindicación de las luchas de la clase obrera que actualmente se han perdido (al igual que la conciencia de clase); me encanta también porque la sonoridad y las letras de las canciones son preciosas -aunque sus eufemismos encierran crudas realidades como el semi-esclavismo en las fábricas o la prostitución de las chicas jóvenes en los campos de naranjos-; me encanta por el proceso de creación de la música, que está siendo para mi todo un aprendizaje: trabajar con alguien que sí tiene formación musical y que compone de una manera mucho más rápida, compleja, teórica y racional, combinando ese mundo con el mío que es más técnico, tecnológico, intuitivo y visceral; me encanta trabajar con una artista que tiene una sensibilidad más pop y ello se nota en el resultado final de las canciones; me encanta salir del ambiente nocturno y de tocar a altas horas de la madrugada a un volumen estratosférico en demoníacos y oscuros antros para tocar por la tarde en auditorios frente a un público heterogéneo de todas las edades que alucinan con tu propuesta.

Las canciones han quedado preciosas y, en los 4 conciertos que hemos ofrecido, la gente ha salido pasmada y alucinada, dándonos las gracias de todo corazón por la experiencia a la cual acaban de asistir. Todo esto nos ha motivado a tomar el proyecto muy en serio y hemos decidido grabar un disco y promover el espectáculo. Pero esto será ya en 2023. Es justo y necesario.

¿Qué nos depara el futuro de Abraxas?

Todo o nada.

I mean, lanzamiento del primer doble LP, tras el que puede pasar de todo: desde que tenga una buena acogida, crezca rápidamente y Abraxas se posicione como un importante artista internacional, hasta todo lo contrario. Soy muy consciente de que es un proyecto muy complejo y complicado y que va a ser difícil su expansión y por ello no tengo ninguna expectativa creada, voy sobre la marcha aunque trabajando duro codo con codo con Ombra Agency. Para mí ya es un gran logro el simple hecho de poder estar dedicándome a la creación de este proyecto y, como hemos comentado antes, el poder generar dudas sobre los temas que trato y romper alguna que otra cabeza a parte de mi público. Mucha gente rechaza la política en la música electrónica, incluso muchos artistas, que me han negado la colaboración en el proyecto por este mismo motivo. No entienden que lo personal es político, que todo es política, y hacer entender esto es uno de los cometidos del proyecto.

Respecto al álbum, Dancing as an act of rebellion (bailar como acto de rebeldía) es el primer LP de Abraxas en colaboración con el sello valenciano Soil Records. Una recopilación de las primeras grabaciones del proyecto lanzadas entre 2020 y 2021 más algunos temas inéditos y, además, un segundo disco de otros artistas de la escena electrónica darkwave remezclando el primero: Geistform, We Are Not Brothers, Ober Dada, Melting Dogmas, SMforma , HBK1, José Rodríguez, SOJ y PanDemian.

Este disco trata temas tan importantes y controvertidos como el anticapitalismo; ecologismo, cambio climático, colapso y el ser humano como virus; sexismo, misoginia, feminicidio y heteropatriarcado; concepto de patria y nación; clase obrera, guerra de clases y revolución; desinformación, desinformación, post-verdad y fake news; la lacra de la religión o la decadencia de la civilización occidental.

El artwork es obra de la artista gráfica afincada en Londres Greta Haga. Inspirado en la idílica estampa de una pareja de manifestantes bailando un tango durante las violentas protestas callejeras de 2019 en Santiago de Chile, entre humos provocados por los gases lacrimógenos y con pasamontañas calzados en sus jóvenes y revolucionarias cabezas.

El mastering es del holandés Rude 66 aka Ruud Lekx, mítico pionero del electro oscuro y quien ayudó a definir el llamado Sonido de La Haya junto a Unit Moebius e I-f, quien le ha sabido sacar (todavía) más rabia al sonido de Abraxas.

¿Qué podemos esperar de tu live en el Ombra festival? Va a ser tu debut con este proyecto, ¿verdad?

Exacto. Va a ser una cita muy importante porque llevo desarrollando este proyecto desde 2018. Cuatro años para poner la puesta de largo es mucho tiempo, pero es que no he tenido prisa en absoluto y, en todo este tiempo, he ido cociendo el proyecto a fuego muy lento. Formándome, experimentando, probando de todo a base de prueba y error, aprendiendo muchísimo por el camino, cagándola (mucho, como debe ser), pero absorbiendo esos errores como pequeñas victorias que me hacen crecer. Nadie nace sabiendo y el camino se hace andando.

Abraxas está concebido para ser un artista de directo puesto que es la mi verdadera pasión. Viajar, girar y girar sin parar, crear escena, conocer, compartir y vivir multitud de experiencias sociales y humanas, que es lo que más me interesa “en todo esto de la música”. A nivel técnico, será un live dinámico con un sonido atronador sacado de las propias máquinas y sintetizadores analógicos que han creado los tracks, un show en el que todo está perfectamente sincronizado al son de los beats y de los ritmos maquinales y que ya viene rodado tras los 15 años de experiencia en directo con mis anteriores proyectos de música electrónica, también muy enfocados al directo. La parte visual, confeccionada con ScreenWarriors Collective (colectivo madrileño con quienes se ha diseñado el directo audiovisual), contará con proyecciones multipantalla en las que se descuartizarán en directo cada uno de los videoclips y se proyectarán eslóganes llamando a la acción combativa del tipo “esto no es solo un concierto / es una acción combativa / porque lo personal es político / porque todo es política”. Además, contará con experimentos con reactividad, LEDs, luces estroboscópicas, humo y demás parafernalia que puedas encontrar en un show electrónico “de primera división”.

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