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Entrevista a Lume (1)

por François Zappa

Cuando vimos a Lume en directo, hace unos meses abriendo para Die Weisse Rose, aparte de sorprendernos por lo original de su propuesta y por su apabullante forma de plasmarla en directo, tuvimos la impresión de que era un músico que tenía mucho que contar. Por eso, inmediatamente nos pusimos en contacto para hacer esta entrevista (dividida en dos partes) en la que recorre su carrera y nos habla de su Faino ti mesmo, que difícilmente no entrará en nuestro top de mejores discos del año.

—Vamos a repasar tu carrera: empezaste con Propaganda Tres, ¿qué nos puedes contar de estos comienzos? Dices en una entrevista que esta era la base de la que ha surgido el disco.

Esos fueron mis comienzos en solitario. Yo he estado haciendo música, digamos, desde los catorce años. Empecé en Galicia en grupos de barrios: lo típico se juntan unos amigos en el garaje de uno, oye que nos sale un concierto… fueron cincuenta mil grupos y cincuenta mil historia. Hasta que vine a Madrid, en el 2001 más o menos.

Al llegar a Madrid, en un principio dejé la música, por el asunto de tener que establecerme y buscar trabajo. Yo no conocía absolutamente a nadie. Entonces una vez que ya estaba aquí, con mi curro, mi piso, me dije: -” ¡qué bien que lo he conseguido, pero estoy solo! ¿Qué hago a la hora de conocer gente afín?” No a una persona que hayas conocido en la oficina, que puede ser encantadora, te puedes llevar genial con ella, pero al final, no hay una afinidad. Así que fui a lo que sé hacer, estar en grupos. Empecé a tocar con gente, estuve en un grupo de EBM llamado Return Without Gosub que hicieron un disco. No tuvo mucha relevancia, pero hicieron unos bolos y tocamos con Hocico. Allí entré de bajista, realmente era un dúo, un chico que cantaba y tocaba la guitarra y otro que hacía todas las programaciones y querían llevar la formación al directo de una forma con más instrumentación, que no fuera todo el ordenador y un par de sintetizadores. Nos juntamos allí varios y estuvo bien, pero el grupo acabó disolviéndose. Después de eso estuve en otros grupos.

Aparte, estuve con otras formaciones haciendo pruebas y tal. Conocí a un grupo de gente, que eran un par de chicos y un par de chicas que hicimos una cosa que estamos medio retomando que se llamaba Mi contra Fa. Era juntar un montón de gente, completamente dispar y empezar a hacer música. Era una guitarra, un chelo, un acordeón, una flauta y yo a la electrónica. Estuvo bien, hicimos alguna grabación, hicimos cosas muy chulas, hicimos algún directo. Una de las cosas de Madrid es que ninguno es de aquí, así que uno consiguió un curro fuera, otro se empezó a desanimar y la cosa se quedó en agua de borrajas. A continuación, seguí buscando gente y me encontré a un batería, Joxe, que era de Andoain en el País Vasco. Empezamos a tocar, encontramos a un guitarrista y cantante gritón Timmy que estaba en un grupo de ruido-noise que se llamaba Au, dentro de la escena noise de Madrid eran un pilar. Estamos hablando del 2004, con este grupo, Mar de Cristal, que, básicamente, éramos un trío de rock, súper ruidoso hicimos bastantes bolos, hicimos grabaciones, estuvimos bastantes años dándole, tocábamos bastante en el País Vasco ya que Joxe era de allí e incluso fuimos a Andoain a grabar. Estuvo guay, quedaron unos recuerdos estupendos. Y por azares del destino, Joxe se fue a vivir de nuevo al País Vasco y todo se vino abajo. Así que me dije, me lo monto yo solo y ahí empezó Propaganda

La historia en un principio era de hacer una cinta, simplemente. De ruido psicodélico inspirándome en todo lo que estaba de moda en internet en aquellos momentos que empezaba la conspiparanoia esta. Que si había grupos secretos que controlan el mundo, etc. Que yo realmente ni me lo creo ni me lo dejo de creer. Es creíble, te lo explican de una manera que dices: – “yo haría lo mismo”. Pero no sé hasta qué punto las cosas son ciertas. Yo simplemente usé eso. E hice una serie de copias en cinta, 25, algo artesanal, en casa. Y en una semana y media estaban vendidas. Me dije: -“¡esto funciona!”. 

—¿Te refieres al casete del 2013?

Con Propaganda saqué dos cintas. Te estoy hablando de la primera, el problemas es que no solía ponerle título. El nombre de Propaganda Tres viene porque, esto es una historia real, en los años 70, en Italia hubo un revuelo mediático importante ya que se descubrió que había un grupo de empresarios y banqueros que respondían al nombre de Propaganda Due, que sobornaban al gobierno,  y que estaban metidos en un gran número de casos de corrupción y entre todos los papeles que les requisaron había unos que mencionaban que en España había un grupo similar llamado Propaganda Tres. Esta foto que está retocada con los azules, es una foto real. El que está ahí ahorcado es el antiguo presidente del Banco Ambrosiano, cuyo accionista principal era el Banco del Vaticano. El Banco Ambrosiano quebró y se descubrió que muchísimo dinero había sido desviado usando el Banco del Vaticano. Días después, Roberto Calvi apareció ahorcado en el puente de Blackfriars en Londres y cuando la policía fue a recuperar el cadáver y lo llevaron al forense, determinaron que lo habían matado antes de colgarlo. Y de ahí viene esa portada. Y un poco esa cinta va de eso. Me funcionó muy bien, hice algún directo. Y dije yo, -“¡vamos a hacer una segunda cinta!” 

—Aquí es cuando te pusiste en contacto con Contubernio Records, ¿verdad?

Esta cinta ya la hice con Contubernio. Una de las personas, que compraron el casete original fue Santi de Contubernio. Le gustó y dijo<. -“tú conmigo”. A partir de ahí, hice la segunda casete que está inspirado, un poco por encima, en el Thelema de Aleister Crowley, sobre todo, en lo relacionado con la voluntad humana. Todo esta serie de pensamiento mágico, al final a lo que se reduce es a la evolución y disciplina de la voluntad humana a la hora de transformar la realidad. Funcionó bien, di una serie de directos, que a la gente le gustó: súper ruidoso todo, al final el directo era una performance, yo tirado por los suelos, encima de los amplis. De esos directos viene el disco este que solo salió en digital, Live Aktion EP. Es un recopilatorio de uno de los directos que hice y alguna pieza más que hice en los otros. Ahí empecé a evolucionar. Yo, aparte de la electrónica, toco instrumentos, porque desde los catorce años he estado en bandas, y lo que me apetecía a mí, era de seguir haciendo lo mismo, con las mismas aspiraciones, pero ahora usando instrumentación real, sin dejar de lado la electrónica. Entonces hice el disco este, que sí salió en cd. Hex es un disco que está inspirado en la Wicca y toda la tradición de brujas del siglo XIX, ahí empezó el feminismo. Si uno empieza a investigar un poco, están relacionadas una cosa y la otra. Y ahí empezó el fin de Propaganda Tres por una razón, estaba grabando un montón de arreglos y de cosas que no podía llevar al directo. Era una frustración, yo hacia el disco, pero luego en directo no podía hacerlo. El directo era muy distinto. Hice algún concierto del que me siento especialmente orgulloso, hice cosas distintas, una especie de psico geografía del sitio donde estaba haciendo el concierto y soltaba un speech sobre todos los asesinatos que habían ocurrido en todas las calles alrededor a lo largo de toda la historia y lo asociaba al sitio del concierto. Meses más tarde he encontrado gente que me ha reconocido y me ha dicho que habían sentido miedo. Aunque suele sonar raro eso de hacer sentir miedo a alguien, me he sentido orgulloso porque no es algo fácil de conseguir.

Aquí empecé a hacer un disco, que también salió en cd, dedicado a las plantas, al mundo vegetal. Lo veo en perspectiva y aquí fue cuando me fui metiendo en el asunto de los orígenes, de las raíces. Aquí hago un poema que es de Méndez Ferrín, que es “O crepúsculo e as formigas”. En realidad, empiezo a mezclar el asunto gallego con el ruido. Es un disco de ruido y ambient, bastante corto. 

Y el último el Propaganda Solar lo hice con la intención de que, si Hex es un disco que estaba basado en la Luna, en la Wicca en lo femenino, este iba a estar basado en el sol en lo masculino, La idea era hacer uno basado en lo vegetal y luego haría uno en lo animal. Pero ya nunca llegó.

Hice este disco, que además fue un rollo hacerlo. Fue en el 2015 y ese año hubo una ola de calor terrible, que fue bueno porque era un disco dedicado al sol. Pero hacía tanto calor en casa, estaba sin aire acondicionado y me petó el ordenador dos veces, tuve que regrabarlo todo después. Fue una locura. Al final salió adelante y fue un poco el final de Propaganda Tres, motivado porque lo que estaba sonando en el disco no lo podía llevar al directo. Ahí murió Propaganda Tres y está ahí medio a resucitar. Me ha contactado un chico de Coruña, Miguel Souto, que es un chico que tiene un pequeño sello en Coruña y me ha dicho que le molaba lo que hacía y que si hacíamos un split. Ya está listo, ya está grabado y listo para que salga a la luz. Como me recuerda a lo que hacía antes, le he puesto el nombre de Propaganda Tres, aunque no sé qué nombre le pondré al final.

—¿Qué música escuchabas en los tiempos de Propaganda Tres?

Yo escucho de todo. He llegado a un momento en el que no distingo de géneros musicales. Cuando me preguntan ¿qué música te gusta? Yo digo: -“Toda la buena y gran parte de la mala”. Me encanta el reggae, el dub, el metal, el noise, el after-punk, la clásica… En todos los géneros siempre encuentro algún nombre, algún artista que, por alguna razón u otra, me lleve. Me encanta la electrónica, la música de baile. Si hay algo que une, digamos, todo lo que hago es que hay un batiburrillo muy grande de cosas. 

—Empiezas otro proyecto PTCHWRK con otros colaboradores de Contubernio, con un single del 2015 y un disco del 2016, más IDM. ¿Cómo te moviste en esta dirección más bailable?

La gente de Contubernio, entre 2010 y el 2015, organizaron muchísimos conciertos, uno cada quince días. Fue una época muy chula en donde nos empezamos a reunir un montón de gente interesada en la música experimental, la electrónica, sobre todo, y empezamos a conocernos. De ahí surgió también el 37, la otra asociación y uno de esos chicos, Pedro Figaldo, que editaba y aún lo hace como Standar Eléctrica, y yo, empezamos a quedar, de forma informal para hacer alguna jam, con cajas de ritmo. La cosa nos empezó a molar, pensamos que eso podía funcionar. Empezamos a dar algún bolo en Siroco y en otros sitios, con esa formación. A partir de ahí se unió otro de los chicos del grupo, Guillem Bayo, y lo que hacíamos, esencialmente era improvisación electrónica. No llevábamos nada grabado, absolutamente nada, nada de loops ni historias, íbamos con sintetizadores modulares, cajas de ritmos en blanco, vacías y lo generábamos todo en directo. A la gente le solía gustar no solo por el asunto de escuchar esa música o bailar sino también porque estaban viendo cómo lo hacíamos. En vez de unas visuales, colocábamos los instrumentos de tal manera de que pudieran ver cómo estábamos escribiendo el ritmo en el momento. Y ese es uno de los grandes errores a mi juicio de la música electrónica: está todo demasiado prefabricado, todo demasiado hecho. No grabes loops, hazlos, no tiene más historia.

Después se unió Arash Moori, un chico inglés que vive aquí. Es un artista multidisciplinar cuya obra, en general, se basa en la electricidad. Toda la música que hace es con electricidad pura. Él coge unos Lens, los microfonea, los apaga y los enciende y con eso hace el bombo. O coge un cable, lo enchufa a la corriente eléctrica, lo mete en agua y luego lo mete en un tubo y graba los soindos. Se unió una temporada, hicimos algunos bolos, pero al final acabó la cosa porque era todo muy caótico. Yo en un momento le quería dar un impulso más grande, improvisar estaba muy bien, pero vamos a centrarnos un poquito, vamos a hacer unas historias y estos decían que ni de coña. ¿Aprender una canción? Jamás, lo que querían era experimentar libremente sin más importancia que esa, tampoco le querían dar publicidad. Grabábamos ensayos, conciertos, toda la edición me la comí yo, los vídeos que hay también, y poco a poco se fue diluyendo la cosa. Estuvo bien, tocamos en Valencia, hubo una pequeña gira por el norte, aquí en Madrid actuamos bastante, en las fiestas Femur, por ejemplo. Pero hasta ahí.

Los discos de PTCHWRK, son básicamente grabaciones en bruto de conciertos y ensayos que luego yo fui editando. Este trozo de aquí, otro de allá, que era la idea original de coger este retal de ahí, ese de allá y al final lo junto todo. 

—Sigues con el techno experimental en Abandon, en solitario con un single publicado en el 2017.

—Abandon fue un intento de hacer techno, industrial ruido, etc. Me gustaban mucho y me siguen gustando un grupo que se llama Orphx, de lo más mítico, un chico y una chica de Canadá. Son una pasada, especialmente el disco del 2011, Radiotherapy y era un poco ir en esa línea. Intentaba hacer un techno que fuese mío. La idea de Abandon era hacer ese techno y esas historias con “cosas abandonadas”. Un día me encontré una cinta en la calle, llegué a casa y la puse y era una cinta rarísima. Era como si un tío se levantara por la mañana y le diera a grabar: se escucha como agua corriendo, como si se estuviese lavando los dientes, el ruido de la ducha, como si estuviera haciendo el desayuno, luego sale a la calle. Un rollo raro que hizo alguien y lo dejó por ahí. Yo empecé a samplear eso, utilizando cajas de ritmos e instrumentación digamos obsoleta,  o que nadie quiere, empecé a hacer un techno que fuese mío y personal. Resultado: no lo conseguí. Hice cosas, hice un montón de directos, hice cosas que están guay, pero a mi juicio no lo conseguí. Hubo un momento en el que todo lo que seguía haciendo, a mí me sonaba genérico. El techno, y es lo que digo siempre, hacerlo un poco original o propio es muy difícil porque es una música realmente sencilla que se basa en la dinámica y que tiene unas reglas de juego muy establecidas. Entonces jugar con esas cuatro reglas que tienes sin salirte de ellas, porque entonces ya no es techno, ya es otra historia. Jugar con esas piezas y hacer otra cosa es algo realmente difícil, que no conseguí y que fue una frustración. 

—Con tu nombre has publicado el Método de Loci en el 2017,una especie de banda sonora para una historia de terror.

—Es una banda sonora imaginaria de un cortometraje que nunca existió. Y que nunca iba a existir. En Ferrol, yo soy de allí, cuando era pequeño había una casa abandonada, aún existe, que nos tenía a todos locos. Era una casa de estilo colonialista, no era una casa victoriana, pero de ese estilo. Era como la gran casa de los fantasmas. Nos metíamos dentro, subíamos y era como entrar en otro universo. Y partiendo de ahí, creé una historia de un niño que entra en la casa, la va recorriendo y entra en un mundo fantasmal y psicodélico hasta el final en el que se da cuenta de que él no es un niño, sino un anciano que está dentro de su propia mente. El método de Loci es un método mnemotécnico que se empezó a utilizar en la antigua Grecia y que le llaman el palacio de cristal también. Tú en tu imaginación te imaginas una casa, a ser posible tu propia casa con tus estantes y tus cajas y vas dejando ahí esos recuerdos. Los vas memorizando de forma que si quieres recordar cualquier cosa vas a ese cajón, esa estantería y la ves. Basándome en esa historia, intenté hacer algo electrónico, a modo de banda sonora en la que cada una de esas partes fuese una habitación de esa casa. Pero con una premisa, la primera vez que hice eso en mi vida: -“voy a intentar hacerlo accesible”. No voy a meter ruido, no voy a meter historias, aunque ya sabes, la cabra tira al monte. Voy a intentar hacerlo accesible de tal manera que le guste a la mayor cantidad de gente posible. Y eso es lo que me salió. No hubo edición física ni nada y es un experimento que he dejado ahí. 

—El terror parece estar siempre presente en tu carrera.

Es que yo soy muy friki. A mí siempre me interesó muchísimo el mundo de los comics, la literatura de terror, la literatura gótica del siglo XIX. Soy súper fan de las ediciones Valdemar. Me gusta mucho el cine, lo que más me gusta es el terror, la ciencia ficción, la fantasía. Si alguien me dice: -“¿te interesa esta película yo?” Yo siempre digo: -“¿hay alienígenas? ¿Hay viajes en el tiempo? ¿Hay posesiones infernales? Pues entonces no, ni la veo. Siempre me ha gustado un montón, desde niño y por eso es normal que me haya influenciado.  

—Cuando he escuchado tu música, he pensado instantáneamente en la película “El bosque del lobo”, ¿la has visto?

—No la vi, la encontré en internet, la tengo descargada, pero la tengo pendiente. 

—Tu penúltimo apodo es Amodo, con el que haces música electrónica cercana al ambient con un disco publicado en el 2018).  

Amodo es una reacción a lo anterior. Empezaba a estar harto. Había cosas que no me acababan de convencer, estaba hastiado ya. Venía de hacía mucho tiempo y del asunto del terror también. Todos los grupos de noise, de electrónica más cruda se basan en la oscuridad, no hay más que ver las portadas, todas negras: las calaveras, lo siniestro, todo eso. Está guay, a mí me gusta y lo he hecho. Pero quería ir un poco a la contra de todo eso e intentar hacer algo bello con la electrónica, que no fuese para bailar, que no fuese para entrar en un mundo de oscuridad ni nada eso, sino hacer algo bello, algo bonito. Amodo en gallego significa despacio, lentamente y todas esas piezas son sin percusión. No encontrarás un bombo, no encontrarás un charles, no hay absolutamente nada y todo hecho con un desarrollo lento. Es un proyecto con el que aún sigo, de hecho, estoy acabando la segunda parte o continuación de eso. Hice un directo ahora en diciembre en Galicia que salió bastante bien. Eso sí, es un proyecto que tengo en plan Amodo: que vaya despacio, cuando vaya saliendo va saliendo,  si me llaman me llamaron, si no me llaman, va bien también. Sin ninguna prisa. Es una cara B. 

—Aquí ya utilizas nombres de temas en gallego

—A partir de un disco de Propaganda Tres empecé a hacer cosas en gallego. Ahí empezó la historia de ir tirando de las raíces, ir buscándome a mí mismo, buscando la identidad, intentar diferenciarme del resto y ser yo. Y ser honesto. No inventarme de pronto una historia. Soy Eloy, soy gallego, vivo aquí y eso es lo que hay. Empecé con los nombres en gallego y con el concepto de que la música fluya tranquila. Estamos en un mundo en el que se busca que haya una respuesta rápida, todo va deprisa, hay cien mil canales de televisión, internet, una página te lleva a la otra, aún no hemos acabado de leer un artículo y ya te está llevando a otro, es una locura. Y esto es una reacción a todo eso. Hacerlo todo más despacio, todo más tranquilo y eso ocurre en Lume también, aunque hay algún tema que es un poco más rápido, pero la gran mayoría evolucionan despacio. Eso fue algo distinto también ya que le estás exigiendo al oyente, en un mundo de gratificación instantánea, que se sienta y escuche y no todo el mundo está dispuesto a hacer eso. Ahí empezó el concepto ese también. 

—Y cómo te sientes dentro de la escena electrónica en Madrid. Parece como si la electrónica más oscura estuviera marginada de las grandes citas de festivales.

—Yo de entrada, creo que no hay escena. Para que haya una escena, hace falta un grupo de gente, que se conozcan entre ellos, una o dos discográficas que los muevan y un público que mantenga eso. No solamente que lo escuchen, sino que lo mantengan económicamente. No que les den de comer y de vivir, pero sí que tengan unos mínimos de manera que esos músicos no pierdan dinero, que ya es mucho esfuerzo. Y creo que eso no existe en España. Hay francotiradores, este que hace una cosa que le va bien, el otro… Ahora, escena coherente como hay en otro países, yo no la veo. Y en el mundo oscuro aún menos. El mundo oscuro, yo creo que va a resurgir de las cenizas, por una simple razón, y es que todas las modas, todas las historias, se contraponen una a otras. En los noventa, empezó el grunge con las guitarras, y enseguida llegó la electrónica que era todo lo contrario. Y ahora da la sensación de que estamos en un mundo de blancos, de color, de asuntos dorados. Una música que cumple su función, pero no busca la trascendencia que a lo mejor si busca la música oscura y similares. Y por contraposición, eso en un futuro cercano va a resurgir. Eso sí, a día de hoy y desde hace un montón de años está bajo mínimos. Todo lo que es la cultura siniestra está muerta. Muy poca gente, cada vez menos. Los que hacen algo se llevan a matar entre ellos porque después de tanto tiempo intentando salir hay rencillas, hay historias. Y es el pez que se muerde la cola. Además, el siniestro está en una cultura muy fetichista o mitificadora. Están los cuatro grandes cánones, digamos y no aceptan cosas nuevas. O es muy difícil que acepten algo nuevo. Y es gente que no siempre ha sido así. Pero que, a día de hoy, yo lo que veo en mi experiencia, es que prefiere gastarse veinte euros en laca antes que en un disco. Así, ¿cómo vas a hacer escena? No puedes haber más que haya unos francotiradores, que les funciona lo que hacen y que están deseando salir fuera porque aquí ven que no hay público. Vas a conciertos y sí hay gente, pero la mayoría del público son otros músicos. Que está bien, pero eso no sostiene nada. Hay poco público y es muy cerrado, muy de mitificar y de no aceptar lo nuevo que no esté en esos cánones.

—Pasemos a hablar de tu nuevo disco, Faino ti mesmo, donde reinterpretas temas tradicionales.

Sí, excepto dos. Excepto “Lémbraste” que es un tema que hice yo, un instrumental a la guitarra. Y “A danza do abellón”, es una muñeira, un poco más lenta. Ni la letra ni nada es tradicional.

—¿Cómo llegaron a ti estos temas tradicionales?

—La gran mayoría los he cantado toda la vida. Los he cantado con los amigos de borrachera, los canta mi madre, son temas de pueblo que hemos cantado siempre. El primero, “A mensaxe das pedras”, esa letra la conozco desde que aprendí a hablar. Se canta mucho en Galicia, cuando hay algún amigo que está fastidiado o le va mal en la vida, lo más típico es decirle, -“tranquilo amigo que aún nos quedan muchas pedras que abalar”. Son historias que están en la sociedad, que a lo mejor a alguien que no es gallego le da la sensación de que es algo raro. Pero es algo super típico. “A mensaxe das pedras” es un intento de escuchar a esas piedras que llevan ahí miles de años. Es lo que digo: si las escuchásemos a ellas y menos a Radio 3, igual la cosa estaría un poco mejor. “Os teus ollos” es una composición de 1924. En las notas del disco hay un inserto con toda la información. Un clásico que han hecho Milladoiro, Luar na Lubre… Todos los grupos gallegos la cantan, la cantan asociaciones, la canta mi madre con una coral… Es una canción de siempre, de toda la vida. La única diferencia es que es un poema largo de Curros Enríquez, y generalmente se cantan las dos primeras estrofas que son las más cursis y me he dicho, -“esto no lo voy a cantar”. Las otras dos que son para mí donde están la fuerza y las gracia son las que uso en el tema. “Negra Sombra” seguramente será uno de los temas que más se han grabado. Lo canta todo dios, lo cantan todas las orquestas, vas a una boda y lo tocan seguro, vas a ver a unos gaiteros, vas a un colegio de niños a una función y te cantan “Negra Sombra”, vas a una taberna y está la gente cantando y te cantan el “Negra Sombra”. Todo el mundo se la sabe. Todo el mundo la conoce. Yo hago mi version, que es mía y que no tiene nada que ver con el resto. Estoy bastante orgulloso de esta grabación.

A continuación, está “Quen Poidera namorala”, que es una versión de Luis Emilio Batallán, que fue el primer disco gallego grabado en Madrid. Esta canción se la sabe todo el mundo. Es un clásico desde que la grabó este hombre, fue un gran hit. Hay cincuenta mil versiones, la hace Milladoiro, todo lo que se te ocurra. Y fue una de las primeras canciones, sino la primera, que aprendí a tocar con la guitarra. Así que esa tenía que hacerla. Es la única en la que tuve que pedir derechos de autor, ya que el poeta, Alvaro Cunqueiro murió hace menos de setenta años. Tuve que mandar unos mails, hablar con Warner que tienen los derechos, pero todo salió bien. “Pandeirada de tella” es una canción tradicional, super clásica que está guay además. Esto ocurre mucho en la música gallega, en la primera escucha da la sensación de que no, pero en realidad habla de follar: habla de que te voy a pillar y de que te voy a dar lo tuyo. La hago según una versión que hacía el Príncipe Galín, rey de Galicia y señor del Ferrol. Era el apodo que se ponía un borracho que había en Ferrol, que estuvo mucho tiempo en Santiago también, que era un vividor y un bohemio y conocido en todas las tascas del pueblo, que curiosamente estuvo muy ligado a toda la lucha sindical que hubo en Ferrol con los astillero. Sabes que Ferrol es sitio de astilleros que está de capa caída. Este hombre acabó en Madrid cantando también y murió aquí. Cuentan los vecinos que cuando iba a casa a las tantas de la mañana y pasaba enfrente de la puerta de los artilleros que está enfrente del arsenal militar, blasfemaba, se cagaba en el rey y cantaba muy bien, hay grabaciones que son impresionantes, y cantaba, muy bien, tanto “Pandeirada” como “Negra Sombra” y luego se iba a casa.

“Lonxe da terriña” es un tema de Aureliano Pereira que es un periodista de Santiago que se vino a emigrar a Madrid y que echaba de menos a Galicia que era su tierra. Que la tierra, al final, son los amigos, son la familia e hizo este tema que es un clásico también. Hay grabaciones antiguas de este tema, yo la más antigua que tengo es de un tenor de 1936, de un poco antes de la guerra. No es un tema tan famoso como los otros, pero es muy conocida también. Habla también de eso de la morriña. Un gallego que se vino a Madrid, esto me suena. Esta hay que hacerla. Y luego la “A danza do abellón”, que es de un ritual que hubo en Galicia, en la Costa de la Muerte, sobre todo, pero en Ferrol también, en toda la Costa Ártabra y un poco hacia el sur. Un ritual que hasta los años sesenta se siguió practicando en algunas aldeas, en algunos sitios, y viene, se piensa de la época pre romana, pero realmente no se sabe. La historia antigua son especulaciones todo. Aparentemente es así. El abellón es el abejorro, es en la cultura atlántica, en la cultura celta, el animal que guía el alma de los muertos hacia la otra vida. Entonces en los velatorio de los pueblos se hacía en la misma casa, se juntaban todos los vecinos, familiares, y hacían un corro y empezaban a girar haciendo el sonido del abejorro. La tradición era que el que antes dejase de hacer ese sonido iba a ser el siguiente en morir. Y ese es el disco. Cogí estas canciones porque son muy conocidas, quería ir a lo básico.

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