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Entrevista a Azotemental

por François Zappa

Conocí a Israel Gómez Larios, el amante de la música en directo, antes que a Azotemental, el proyecto de EBM/industrial/electro. Compartimos codazos, pisotones y aplausos durante muchos conciertos hasta que le llegó a él el turno de subirse al escenario. Eso ocurrió hace poco más de un año, en la mítica sala Specka y cerrando para los alemanes Der Gang_350, en un evento organizado por All Waves, su promotora favorita. Desde entonces, no ha parado de dar conciertos: presentó su primer disco en la céntrica sala Wurlitzer, ha abierto para bandas como Patriarchy o Naakka y compartido escenario con ECM, Yvgoslavia, Sarcoma y Aislamiento. Como músico inquieto que es, para su último concierto, incorporó a una percusionista que ahora ya es parte de Azotemental. Si todavía no conoces su música, puedes escuchar su primer disco, editado por el sello Suburban Relapse, aquí

—¿Cómo te picó el gusanillo de la música? ¿Qué banda hizo que te quisieras dedicar a hacer música?

Siempre he escuchado mucha música, es algo que me ha acompañado durante toda mi vida. Es un mundo que me parece muy interesante. En cuanto pude, me puse a componer con los primeros programas de ordenador que salieron. Recuerdo que, al principio, con el Impulse Tracker, ya hacía cositas. Empecé a toquetear y a sacar sonidos, melodías y bases. Para hacer la música que yo escucho, no necesitas ser músico, no necesitas tocar la guitarra ni nada. Y así seguí, tocando en mi casa hasta que, un día, un chico me dijo: -“oye, me gusta tu rollo”. Él tenía un estudio y algunos cacharros. Yo le pasaba todo lo que hacía con el ordenador y él luego le metía una acústica, una batería normal, piano… Me gustaba mucho el proceso, aunque no tanto lo que hacíamos. Y a él no le gustaba nada lo mío ya que su rollo era muy orgánico. Él venía del mundo del jazz… era una mezcla imposible.

—¿Y qué aprendiste de esa experiencia?

Que podía hacerlo yo. Me di cuenta de que yo le daba las cosas cada vez más hechas, hasta que llegó un punto en el que le daba los temas prácticamente terminados. Y estos eran los mejores que teníamos, y eran completamente electrónicos. Esa persona me enseñó que podía hacer las cosas por mí mismo y que no necesitaba a nadie y, de hecho, el producto me gustaba más cuando yo lo hacía solo. Y entonces me dije: voy a hacer lo que me gusta, me voy a dejar de electropop, o tecnopop. Voy a hacer lo que quiero. Y ahí es cuando aparece Azotemental.

—¿Por qué elegiste Azotemental como nombre?

Estaba viviendo un momento chungo de mi vida y necesitaba expresarlo. Necesitaba hacer algo así. Y el nombre sale como parte de un proceso. Azotemental es como un cambio, un proceso disruptor. El logo también tiene que ver, es una antorcha y una daga. Para que te llegue la luz, para que te llegue la iluminación, tienes que pasar un proceso que es siempre doloroso.

Y bueno, el nombre tiene que ver con la música, que es dura. No podría llamarme Azotemental y… 

—Hacer rancheras, por ejemplo…

Claro, eso es como ir de heavy o de punky y morderte las uñas. Tienes que ser consecuente.

—Ya que hablas del punk, tanto tu música como tu imagen y tu filosofía son muy punks, ¿eres o has sido un seguidor de este estilo?

Todos hemos tenido una etapa punk, especialmente cuando eres más joven. Es una música muy divertida y transgresora, pero también hay otros estilos que tienen ese rollo. Aunque luego he tirado más al post-punk. O after-punk, como lo llamábamos antes.

—Entonces, ¿dirías que ese toque punk que encontramos en tu música te viene de otros estilos como el industrial o el dark electro que también tienen ese punto?

Claro, ese punto rompedor y disruptor, vuelvo a usar la misma palabra, ese punto de choque me viene más del industrial que del punk. El punk tiene una vertiente más politiquea en muchos aspectos, y en cambio, en el industrial no hay nada de eso, es solamente rompedor con lo que en ese momento es el mainstream. Esa es la actitud que me interesa. Me parece que, en ese aspecto, es más personal y se centra en la relación que tienes con el mundo desde un punto de vista que no está asociado a otros movimientos culturales tan sociales. El punk es más controvertido en ese aspecto. Yo el punk que he mamado es el anarquista.

—Te describes como un proyecto de electro-EBM-industrial? ¿Crees que estos tres estilos te definen bien?

Sí, por definirme de algún modo. Aunque ahora quiero hacer algo que no sea solamente EBM, industrial o experimental. Quiero hacer buenos temas. Estoy un poco más abierto, tengo muchas referencias musicales y no quiero centrarme solo en un estilo.

—Dentro del amplio abanico de la música industrial, has citado a Skinny Puppy y a los primeros Nine Inch Nails como influencias.

Cuando salieron los dos primeros de Nine Inch Nails me sorprendieron con su electrónica. Aunque la gente cuando habla de industrial cita a Ministry, que no me gustan mucho. Me quedo con su primera época cuando hacían new wave. Mi música es distinta, me baso en otros ritmos, tipo Front 242 Nitzer Ebb… También me gusta el New Beat, pero cantado: no me gustan los temas instrumentales, me aburren. Hay temas que son muy buenos y merecen la pena, pero me cansan. Necesito que canten. Por eso cuando descubrí a Front 242, aluciné. Hasta entonces, no sabía que existía eso. De hecho, me pasó lo mismo con Depeche Mode. Me sorprendió porque no sabía que la música electrónica se podía cantar también. Empecé a descubrir grupos de los años 80 que hacían synth-pop y alucinaba. Fue una etapa muy bonita. Tenía referencias porque en la radio escuchaba Duran Duran, Human League, New Order… cosas así. Pero todo eso era más pop. 

—Ahora que todo el mundo está hablando de ellos por su despedida, ¿qué han supuesto Front 242 para ti?

—Es una referencia para todo el mundo. A mí me hace mucha gracia, porque antes los escuchábamos cuatro. Y ahora fíjate. A mí me pegaban por escuchar The Cure. Y ahora los escucha todo el mundo. Pues pasa lo mismo. Son referentes musicales.

—Como comentas ha escuchado a The Cure, a bandas de rock gótico de los noventa… ¿cómo explicarías tu evolución musical?.

Yo he escuchado de todo, he pasado por todos los estilos, desde gitaneo, rumba… O sea, en mi barrio de gitanos escuchábamos a Camarón, Los Chichos, Chunguitos… y yo cantaba ese tipo de canciones. Luego, me llegó la etapa en la que te vas con los porretas, los rockeros y heavies… y escuchaba también a Bob Dylan, los clásicos de rock, Led Zeppelin, Triana, Black Sabbath… Esto cuando era bastante jovencito. Llevo un bagaje cultural de miles de grupos. Luego me llegaron las bandas como The Cure o Joy Division, con las que empieza todo el mundo. En Revolver había sesión de guitarreo y sesión de techno e ibas de un lado para otro. A mí me gustaba más una cosa que la otra pero, al final, me interesa la buena música.

—¿Sigues escuchando post-punk?

Sí, lo que pasa es que se repite mucho. Yo, por ejemplo, vi a los Molchat Doma cuando comenzaron, cuando tocaron en la Wurlitzer. Se petó, y eso que todavía no habían tenido éxito. Y me gustaban. Pero claro, a partir de ahí, ¿cuántos grupos hay ahora como Molchat Doma? Entonces, me quedo con uno, dos… Me parece interesante, pero me gustan las cosas un poquito más frescas, busco artistas que hagan cosas interesantes. Aparte de que, oye, un buen concierto no me lo voy a perder. Pero, me gusta más la electrónica, me interesa un poco más cómo encuentran esos sonidos, cómo suenan las bandas, qué equipo llevan. Pero sí, sigo escuchando de todo. Lo que pasa es que ahora hay mucho donde elegir.

—Te conozco de coincidir en conciertos y creo que eres el músico al que más veo en bolos. ¿Crees que es importante estar al día de lo que se cuece en la música para mantener tu estilo fresco?

Me gusta crear escena, siempre que puedo ir a un concierto y no es caro, voy. No me muevo por salas, porque no me llaman la atención. Además trabajo los fines de semana. Me parece que los conciertos son una de las mejores cosas en las que puedes gastarte el dinero. Además, puedes conocer a gente que puede venir a tus bolos y compartir información y otras cosas. Me parece muy interesante, es algo más cercano ahora que todo el mundo está con las redes sociales.

—¿Algún bolo que te haya sorprendido últimamente?

Las bandas que me han sorprendido, creo que les han sorprendido a todos. Tipo Dame Area, VVV (Trippin’you), Somos la Herencia, Fotocopia, Sarcoma… Pero vamos, ahora mismo, creo que hay un montón de grupos que están triunfando, o que están dando mucho de que hablar.

De lo más reciente, el concierto de Dame Area me llamó mucho la atención. Es una cosa muy potente. Los he ido a ver todas las veces que han tocado en Madrid. Ahora llevan un rollo más elaborado, pensado más para la fiesta y se ha perdido ese toque más íntimo que tenían antes. Van a saco y los temas no paran, van enlazados, en plan sesión. Aunque toquen las mismas canciones, que a lo mejor hay tres o cuatro nuevas, pero ves que el show ha evolucionado. En cierta manera, yo también estoy haciendo lo mismo. A la gente le gusta bailar. Cuando vas a un bolo de un artista emergente, lo que quieres es que te dé todo el rato caña. En cambio, cuando tú vas a ver a una estrella, te da igual lo que te ponga, como si se tira media hora del concierto cantándote las lentas, te las vas a comer. Pero eso tú no lo puedes hacer. Yo intento hacer una especie de juego, para que vaya todo un poco fluido, pero sí que he visto que hay que quitar ciertos temas, porque no te puedes permitir, tú tienes que dar lo mejor. Y eso, un tío que está consagrado, ya lo ha hecho muchas veces. No tiene que demostrar nada, tú sí. Intento ofrecer un show y un espectáculo y que la gente esté contenta. Con eso me conformo.

—De tus últimos conciertos, el de la casa okupa estuvo muy bien. 

La verdad es que sonó muy bien. No usaron el equipo de sonido de la casa, sino uno que trajo el técnico y sonó mejor que algunas salas de Madrid. Yo me oía perfectamente ¡y sin monitores! Era alucinante. De hecho, queremos montar algo allí y contar con ese equipo. El evento estuvo muy bien, se veía a la gente muy contenta. Eran muchos grupos y era barato. La gente iba con diez euros y todavía le sobraban tres y pillaban un buen pedal. En el segundo bolo la gente ya se había tomado tres o cuatro cervezas como mínimo. Y todavía quedaban cinco grupos. Cuando llegaba el último, iba la gente como cuando tenían 15 años. Fue muy guay. 

—Volvamos a tu música. Dices que a partir de “Rebelion” (que apareció en el recopilatorio Another Cold World 4) y “Maldito Humano” empiezas a encontrar tu sonido. ¿Cómo definirías ese sonido?

Sobre todo por las bases. Pensé que necesitaba un punto de cohesión en la música, porque al utilizar mucho plug-in, al final, siempre estaba buscando el último. Encontraba uno y… ¡Ah, cómo mola! Y te adaptabas, hacías una canción. ¿Qué pasa? Que al final es difícil hacer un estilo concreto, tener un sonido propio. Yo siempre le digo a la gente que intente buscar un sonido propio aunque tenga referencias. ¿Te gusta Boy Harsher? Pues intenta jugar con ese rollo, pero hazlo propio. No me pongas la misma cadencia. Tienes que buscar tu sonido. Entonces me decidí a comprar cosas que me facilitasen hacer eso. Ahí es cuando compré la Roland. Con la Roland me di cuenta de que el sonido de las baterías y la voz era muy peculiar. Me dije ¿por qué no tiro por ahí? Me da igual el estilo, pero de referencia tengo la Roland. Tengo un sonido específico y una voz y una forma de cantar. Esa forma de cantar sí que viene del punk. Viene del punk y de estos grupos de ahora que me gustan mucho. Me mola la forma de cantar de Adri, de VVV (Trippin’you), su forma de expresarse, no la voz. Me gusta mucho la cadencia con la que canta Escuela de aviación. No es lo mismo que le metas una voz que otra. Y ahí, con “Rebelion”, es cuando me di cuenta de que podía tirar por ahí. 

—Por tu palabras, se podría decir que en la eterna discusión de analógico contra digital, estás en el primer bando, ¿no?

Tampoco es eso. Lo que pasa es que me parece que si quieres construir algo, tienes que empezar poniendo unas bases. Y claro, necesitas tener muy claro lo que quieres y definir mucho tus plug-ins e invertir para que suenen bien. Pero a mí, me distraía mucho el estar siempre “oye, mira, tengo el nuevo pack de Arturia, 100 sintes”. Estaba todo el día tocando sintes, lo que era muy molón pero no encontraba un buen sonido. Yo ahora con el Moog, intento sacar un sonido que llene todo. Me gusta más ese proceso. Lo otro era como adictivo. Era casi casi como coleccionar cromos, como los Pokemon. 

Para mí, en mi proceso negativo porque no sacaba un sonido específico. Igual que la voz. Creo que si lo asemejas a una banda de rock, bajo, batería, guitarra… Fíjate, eso lo tienen todas las bandas, pero suenan diferentes, ¿no? Entonces, eso es tú lo que debes tener claro. Qué bajo quieres, qué guitarra quieres… Si eso lo tienes claro en plug-ins, perfecto. Pero a la hora de crear el proceso creativo, me gusta más el analógico. Y luego el sonido, no tienes que estar buscando cómo reforzar. Son cacharros que, prácticamente, te dan una gran calidad de sonido. Yo, por lo menos, noto mucho la diferencia. 

—¿Cómo surgió lo de aparecer en Another Cold World 4? Echándole un vistazo a esos recopilatorios, la verdad es que Tony tiene buen ojo para escoger los artistas.

El tema le gustó mucho a Tony de Cold Beats Records. Me sorprendió que alguien fuera del circuito se interesara por él. Para mí fue un placer y un orgullo. Él trabaja para su público y mi rollo no encajaba del todo con lo que buscaba. Tenía que modificar mucho mi música y él entendía que no lo iba a hacer. Más que nada porque es lo que hago y lo que me sale. No es que quiera hacer algo como esto, es lo que me sale. Y entonces se quedó ahí la cosa. A él le gustaba el proyecto, pero no para el sello.  

—Otro de tus temas, “Culpable”, que apareció en un recopilatorio del sello belga Red Maze Records, presenta un sonido algo distinto al que tienes ahora. ¿Estabas experimentando con distintos aparatos en esa época?

Sí, eso fue un poco después. Yo tenía muchos temas hechos, pero el sello quería algo nuevo. En ese momento, estaba de vacaciones, pero me había llevado algunos cacharros y estaba experimentando. Compuse algo y pensé que no había quedado mal. Es lo más random y experimental que he hecho. Y bueno, la verdad es que no estaba muy claro si lo iban a sacar. No me comuniqué muy bien. De hecho, me enteré de que lo habían subido y lo habían publicado muchos meses después. Y cuando lo compré, dije: -“madre mía, ¿cómo le mandé esto?” Me parece interesante, juego con muchas cosas, pero bueno, como todo, evolucionas. Estoy siempre aprendiendo.

—Vanesa de All Waves te incitó a tocar en directo por primera vez. Fue cerrando para Der Gang_350. ¿Fue difícil dar el paso del estudio al escenario? ¿Cómo te sentiste esa primera vez?

De hecho, ni me lo planteaba, ni siquiera ensayaba. Todo empezó con Vane. Yo iba a muchos conciertos suyos y en una de esas me preguntó si hacía música porque Tony de Cold Beats Records le había comentado algo. Le dije que sí y le pasé mi SoundCloud como a cualquier otra persona. Pero ella no lo vio así, lo vio como un posible artista para sus bolos. Entonces, un día, me la encontré y me dijo que tocaba el uno de marzo. Me lo comentó antes de verano o en verano y me tuve que preparar. Entonces hablé con Pablo Serrano, un amigo mío; estudiamos juntos para técnico de sonido. Él sigue trabajando en ese mundo y me ayuda con todos los problemas que tengo, ya sea metiendo compresores, limitadores para que suene todo guay o sugiriéndome que introduzca detalles como un puente para mejorar la cosa…   Hablamos mucho de música. Él me ofreció un local y me dijo que le venía bien una persona como yo, ya que lo tenía lleno de cacharros y en mi caso, solo necesito llevar unas maletitas. Marco de Dunkelwald, también me ayudó y me sigue guiando… para mí es un ejemplo a seguir.

Y me metí ahí y me puse raca, raca… Iba a ensayar tres veces por semana, así durante cuatro o cinco meses. Hacía dos bolos por ensayo hasta que llegó el día. Claro, fui al concierto que me lo sabía. Yo no soy músico, no puedo tocar y cantar a la vez, me cuesta mucho. Entonces lo soluciono tocando solo unas partes. La verdad es que la experiencia me gustó mucho. Ya simplemente ir al local me flipó. Recuerdo que cuando me compré el micro, el Shure 57, lo quería, principalmente, para metérmelo en la boca. Llegué al local, y me puse el micro, me puse a cantar y dije: -“hostia, qué flipe”. Fue un subidón impresionante. Y de hecho, prácticamente siempre estoy ensayando. Me gusta ir a ensayar, es como el que va al gimnasio.

—Recuerdo que entre el público estaban algunos miembros de Alcalá Norte, un poco antes de hacerse famosos.

Sí, claro, Barbosa y Álvaro, no sé si vino alguien más, ya no lo recuerdo. De ellos sí que me acuerdo, son amiguetes. Me hizo mucha ilusión cuando los vi, estuvieron saludando a mi hija y a mi madre. Son muy buena gente y con los dos sigo hablando bastante.

—Volviendo a los conciertos, has tocado en eventos de All Waves, de Sturm Promotions, en una fiesta de Cloaca, en un Body Electric, en el Cyberpunk Express Fest y en conciertos organizados por Dunkewald. Parece que toda la escena se ha volcado en ti. ¿Cómo te has sentido ante tal muestra de interés y cariño?

Yo creo que todo esto es un poco por ellos. O sea, si vienen cuatro personas a verme, pues la verdad es que tocaría en otro plan, ¿sabes? Pero veo que a la gente le gusta la música, la baila, se sabe las canciones… Ese feedback te da alas.  He ido haciendo las cosas según me la pedían. Un buen día me preguntaron si tenía merchandise. No es que sea un vendedor de camisetas, pero hice unas cuantas. Igual con el disco. Yo no quería sacar un CD. De hecho, quería sacar una cinta, un tótem, una cosa que cerrase una etapa. Me decidí por el CD porque salía un poquito más barato. Porque, prácticamente, me da igual que la gente lo tenga en una cinta o en un CD. Pero la foto quedaba mejor en CD. Y creo que así también valoraba el trabajo del fotógrafo, Samuel García Vargas, que es el encargado del lado visual de Azotemental y que me parece brutal. Pero yo creo que el siguiente paso será ya un vinilo.

—Volvamos a Curare. ¿Cómo elegiste los ocho temas?

Los eligió Miguel de Suburban Relapse, dijo que así tenía una coherencia. De hecho, dejó tres temas que quería sacarlos más adelante, es material de otra etapa que no pegaba en el disco. Puede que aparezcan en un recopilatorio que quiere sacar del sello. Dos de ellos los toco en directo, “Desalma” y “Vidas Heladas”. 

—¿Cómo surgió la colaboración con Suburban Relapse para la publicación de tu primer EP? Ya conocías a Miguel de hace tiempo, ¿no?

Si te digo la verdad, no me acuerdo cómo lo conocí. Creo que fue él quien se me acercó y luego eché un vistazo a lo que hacía. Y, la verdad, es que dije: -“joder, si este tío me da la calidad que tienen sus grabaciones, flipo”. Tiene mucho gusto. Escuchas los discos de Vacío Interior y de Estilo Internacional y ¡cómo suenan! Mi primer disco, Curare se lo di bastante mezclado y las voces no me gustan como quedaron. Las grabé yo, pero ahora quiero grabar las voces bien. Del próximo se va a encargar más, el sello va a tener más peso en la producción. Quiero que suene de lujo.

Además, me interesa como persona. Lo veo una persona muy capaz, es multitarea y sabe hacer de todo. Yo ya había entendido que no podía abarcar todo el proceso solo. No sé de quién lo dijo, pero se ha vuelto mi filosofía: -“si quieres progresar, tienes que soltar. Tienes que confiar en la gente, porque si no, te estancas.” Y es verdad.  Y entonces ahí dije: -“voy a confiar en este hombre”. Le dije todo lo que yo no podía hacer: tener presencia online, crear el Bandcamp… un montón de cosas. Y me dijo que no me preocupase, que de eso se encargaba él. Y lo ha hecho. Si no, difícilmente hubiese llegado donde estoy.

Ahora estoy delegando la batería. Yo meto un ritmo: con el Moog saco una batera tipo bajo, que está muy presente y marca el ritmo, lleva la idea. Y luego las cajas, bombo, charles, trigger y disparos, eso lo hace Rebeca. Porque a mí la percusión me estaba resultado algo repetitiva. Entonces como tengo una profesional conmigo, voy a darle cancha y que juegue.

—Me comentó Miguel que le habías recomendado algunas bandas para el sello, como Espíritu Escalera. ¿Te ves cómo cazatalentos del sello?

Bueno, cazatalentos, no… Es un sello pequeñito, y notaba que faltaban grupitos electrónicos y por eso le recomendé a Espíritu Escalera. Además, yo creo que entre ellos hay mucho feeling y son gente muy agradable con unos gustos muy parejos.

Espíritu Escalera tienen un rollito new wave que me gusta y que en España no hay muchos grupos que lo estén haciendo, que no sea en plan petardeo. A mí el petardeo no me gusta, prefiero que la gente se lo tome en serio y creo que ellos lo hacen. Me gusta mucho además su estética.

—Volviendo al tema de la batería, debutaste con esa formación abriendo para Yvgoslavia, ¿cómo fue la experiencia?

Muy buena. Los dos salimos muy contentos. Era una cosa que siempre he tenido en mente para darme un poquito más de energía. Fíjate que mis conciertos los veo con mucha energía, pero estaba convencido de que podía darle un pelín más. Y Rebeca, no sé cómo apareció, pero nos acabamos conociendo. Y, justo en ese momento, había dejado de tocar en un grupo. Ella viene de otro mundo, del rock, entonces, claro, mete otro tipo de efectos, de ritmos. Hemos estado corrigiendo, pero la verdad es que ha sido una maravilla, porque es una persona autodidacta, tiene muchos años de experiencia y, joder, ¡es muy profesional. Se trae las cosas preparadas. Quiere aprender y eso se nota. Me facilita mucho las cosas. Hay muchos temas que si los volviese a hacer llevarían sus bases. Creo que a las canciones les ha dado un toquecito muy guapo. Entonces, le he pedido que se meta en el proyecto, no solamente para los live. Y ahí estamos.

—En cuantos a las letras, algunas de tus canciones realmente parecen que están dirigidas a alguien. Temas como “Nadar sin Mar” o “Ganglios” parece que sean tu forma de desahogarte, de cerrar página con alguna de tus relaciones. ¿Qué piensas de esto?

Estoy de acuerdo. La letra es la parte de las canciones que más me cuesta. Por eso, he vuelto a leer poesías, pero no por lo que dicen en sí, sino por la rítmica. También escucho grupos y cojo rítmicas interesantes, para acoplarlas a mi forma de cantar. La letra es mi punto de vista hacia ciertas cosas. Cuando digo que son personales, es porque son cosas que me pasan, y otras que veo, que me cuentan, que al final también las siento y que son universales.

No creo que seamos tan místicos, dentro de que somos únicos, todos sentimos prácticamente lo mismo. La cuestión es el punto de vista cuando lo cantas. Todos sufrimos por el amor, ¿a quién no le ha pasado? Pero lo importante es cómo lo cuentas. Eso también entra dentro del sello identificativo de tu banda. Por eso creo que es muy importante el cantante y su forma de cantar, su forma de expresarse, y su forma de contarte, por ejemplo, que el mueble es blanco.

A veces, alguien te comenta algo sobre la soledad, algo en lo que no habías pensado y lo transformas en una idea personal. Muestras tu punto de vista hacia la vida, ahí están los filtros de cada persona. Tengo un tema en el que quería hablar de una cosa y la gente me dice, aquí estás hablando de no sé qué y yo le digo: -“de lo que tú quieras”. No iba por ahí, pero bueno. De hecho, creo que mis letras son claras y concisas, y aún así, la gente hace su interpretación… Y me parece perfecto.

—Tienes una hija, ¿has pensado en hablar de los problemas de ser padre en algunas de tus canciones o crees que no es un tema para tratar en tu música?

Lo podría abordar, pero desde otro punto de vista. A veces me pregunto, ¿por qué no le he hecho una canción a mi perro? Se murió y me dio mucha pena. Pero creo que parte de ese sentimiento está en otras canciones, puesto de otra manera. Está, pero un poco difuminado, porque es un problema que tampoco todo el mundo entiende. Entonces intento mezclarlo para que sea una cosa común: esto, que es lo que siente un padre, a lo mejor tú lo sientes con un animal o hacia otras cosas, pero la esencia, la dependencia, el grado de responsabilidad es parecido.

Me gustaría hacerle canciones a mi padre que murió, ¿sabes? No sé, a lo mejor todavía no estoy preparado, no me ha salido esa vena, pero en cierto modo, cuando escribo, estas cosas están ahí, porque me dan ese tono visceral, sin filtro y lleno de sentimiento y de dureza.

—Has comentado que la respuesta del público a tus directos ha marcado un poco la dirección que quieres llevar en el futuro. ¿Nos puedes explicar un poco más esto?

No es qué quiere la gente, sino su respuesta. Si yo, por ejemplo, toco una canción y veo que la gente está un poquito más modosita y tengo la opción de poner otra, pues la pongo. Lo que quiero es que la gente se lo pase bien. Una persona vino a verme y me dijo: -“¿cuánto tiempo tienes?” Le dije que una hora. Y me contestó que tocase alguna menos. Me estaba diciendo, sutilmente, que quitase un poquito la morralla. Te das cuenta cuando ves al público, porque a lo mejor te crees que la lenta no mola y sí les gusta. Entonces tú vas viendo un poco cómo interactúa la gente. Y efectivamente, hay temas que a lo mejor a ti te molan, pero que ves que no fluyen. Y que a lo mejor en su casa es el que más escuchan. Pero en directo o lo cambias o le metes algo. Y así vas probando. Como cuando meto la batera, veo que la gente se lo pasa guay, que funciona. Cuando meto la luz estroboscópica, no hay accidentes y la gente no empieza a echar espuma por la boca…

—Tu último tema, que hemos escuchado en versión maqueta, en el programa de nuestros amigos de la Letra Capital se llama “Vidas Heladas”. ¿Qué nos puedes contar de él?

Es un cierre de etapa. Estaba un poco cansado de no poder componer, porque esa se mi razón principal para hacer todo esto. Al principio hacía música para estar distraído, para estar en mi mundo, para desconectar: me meto aquí y no quiero saber nada de nadie. Pero tocando una vez al mes me era imposible. O sea, es posible, pero yo tenía mucha presión porque he empezado a tocar ahora. Además, tenía que llevar los cacharros al local de ensayo, luego traerlos a casa para componer… era un poco rollo. Y no tenía tiempo para desarrollar un nuevo producto. Entonces “Vidas heladas” son trocitos que tenía, he juntado y me ha quedado muy bien. Es un poco más popera, pero ha quedado muy chula. Además le da un flow al show que creo que necesitaba y a la gente le ha gustado,

A mí me gusta mucho componer y entonces hago muchas cosas, de distintos estilo. Resulta que yo toco un poquito agresivo, pero luego veo que la gente con la que me rodeo, va a otros conciertos y escucha otras cosas. Entonces, veo que no importa tanto el estilo, sino hacer buena música. Cuando tocas cosas diferentes, la gente se cansa menos. Por lo tanto, voy a utilizar lo que sé. Ya que tengo ese conocimiento intento, dentro de mi esencia, que un tema suene más EBM, otro un poquito más industrial, este un poquito más noise, aquel un poquito más new beat.

Voy a quitar muchos sonidos, ya que antes creo que me pasaba. Con instrumentos virtuales y los plug-ins podías meter todos los sintes que te daba la gana. Y ahora lo que intento es buscar un sonido. Con cuatro o cinco líneas quiero tener prácticamente el tema hecho. No quiero meter dieciocho sintetizadores. Ahora lo intento sacar todo con los cacharros. Le da otro sonido.

—Entre las bandas que has seguido desde el comienzo y las has visto crecer están VVV (Trippin’you), Depresión Sonora y Alcalá Norte, algunas de ellas amigas tuyas. ¿Te imaginabas desde el principio que llegarían tan lejos? ¿Qué veías en ellas?

Justo eso lo hablé con Dani de Luz Futuro, que todos, más o menos, han llegado bastante lejos. Dani ha publicado en Beso de Muerte Record, el sello de Twin Tribes. Depresión Sonora la pegó muy gorda. Y los que faltaban era Alcalá Norte

Se notaba que eran diferentes. ¿Han tenido suerte? Sí, eso también es verdad. Pero se notaba que eran diferentes, eso es lo importante. ¿Por qué tiene tanto éxito Depresión Sonora? Porque nadie hace lo que hacen ellos. De hecho, ya están copiando a estos grupos. Aunque yo esperaba que hubiese un movimiento más de mi rollo. Creo que es una música que es muy adaptable a nuestra escena. Pero no sé por qué no ha llegado. Yo me he quedaba flipado cuando he ido a un concierto de Somos La Herencia y no he visto a nadie de negro y eso que son lo más oscuro que he visto en mi vida.

Aquí el problema es el siguiente: la gente pertenece a una escena. La gente está metida en un rollo y no va a la música. Yo voy a la música y me puede gustar un grupo que esté que te cagas aunque no sea de mi escena. Si llega a mí, yo lo escucho y si me gusta voy a verlos. Hay un grupo de Valencia que se llama Fantastic Explosion, que hacen New Wave, aunque me decían que hacían otra cosa. Me recuerdan mucho a Sal del Coche. Creo que, si te gustan los grupos del estilo de los ochenta, esto, en el fondo, es lo mismo. Pero la gente no los escucha porque no van de negro. Eso es lo que no entiendo. Hay mucho sectarismo. Y es una locura y una pena.

Yo creo que la gente tendría que hacer un esfuerzo y probar a moverse más por otros lados. Es imposible ir a todo, pero es bueno buscar por otras partes. En pro de la música, en pro de no quedarte estancado.

—Siendo una persona que tiene mucho contacto con bandas locales y nacionales, me gustaría preguntarte cómo ves la escena en Madrid y en España.

Si te digo la verdad, en Madrid veo muchas escenas. No veo una escena conjunta. Yo pensaba que se podía unir un poquito, pero no por la parte de los que promueven esas escenas, sino por la gente. A mí me da igual quién traiga a Pepito. Es que no miro ni quién los trae. Si me gusta el grupo, voy. Yo voy a dónde me da la gana. Por ahora, no me han cerrado la puerta en ningún sitio. 

Hay muchas escenas, todo el mundo quiere su parte de la tostada. Hay gente que genera un montón de público. Tengo que aprender de esa gente y me han hecho plantearme por qué yo no llego a ese público. ¿Tú crees que tener redes sociales o tener YouTube es suficiente? No, no les llegas. Les llegas a los tuyos. Pero hay que llegar a los otros. Entonces de esos tengo que aprender. Ahí tengo que ponerme las pilas.

Y luego lo que pasa es que no hay cultura. ¿Los DJs qué música te ponen?  De los que he visto, me gustan mucho las sesiones de Sad Lands Sessións de Raúl Galán. Te mete una canción mía, otra de Sarcoma, mete a VVV (Trippin’you). Mete cosas nuevas, cosas antiguas y cosas que se hacen aquí. 

—¿Qué podemos esperar en el futuro de Azotemental?

—Pues lo que te comenté un poquito antes. Estamos ahora creando material nuevo. He terminado una etapa y estoy con cosas nuevas. Estoy esperando a tener por lo menos 20 temas y de esos hacer una criba, quedarnos con 8 o 10 temones. Va a haber un poco de todo, pero con un sonido muy característico. Lo voy a hacer con mucha tranquilidad porque ya no es cuestión de hacer temas como antes, que los componía a diario. Quiero darles un poquito de mimo, hacer algo más cuidado. Voy a tratar de sacar un buen producto y si queda como quiero que quede, lo más seguro es que lo edite en vinilo. Cuento con Rebe en el estudio también. He quitado esas partes en las que podía haber conflicto para que tenga total libertad. Antes tenía que meterse encima y ahora creo que va a ser mucho más fácil. En cuanto al directo, voy a ir metiendo estos nuevos temas para hacer una actuación lo más potente posible.

 

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